Una ventana a la vida






La “Madre Teresa asumió como tarea amar a Jesús y transmitir ese amor a todas las personas en torno a ella. Este era su único objetivo”.

Uno de los textos del Evangelio que Madre Teresa más usaba es el versículo 40 del Evangelio de San Mateo: “Cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron”. Como profesora y buena pedagoga nos presentó el evangelio de manera muy sencilla de entender. Ella tomó las últimas cinco palabras de este versículo y se refería a ellas en sus enseñanzas como la “ley de los cinco dedos”: A – MI – ME – LO – HICIERON, mientras iba contando y mostraba los dedos de su mano con una gran sonrisa dibujada en su cara.

Dios llamó a la Madre Teresa a amar a los más pobres entre los pobres. En una oportunidad hablo del “extremo” de los más pobres entre los pobres. Ella dijo que ese “extremo” son los bebés no nacidos, los seres humanos más indefensos. Ella pidió públicamente que le entregaran los bebés, cuyas madres querían abortarlos, a las Misioneras de la Caridad y que no se resolviera lo que podía ser un error de una mujer que había quedado embarazada, con un crimen, que no solamente afectaría al bebé sino a la madre y a todo su entorno.

Anualmente en el mundo son sacrificados más de 50 millones de bebés por el aborto provocado, sin contabilizar aquí los asesinados por los métodos anticonceptivos abortivos.Nadie puede ser indiferente a esta dramática injusticia, que clama al cielo cada minuto que pasa en nuestro pequeño planeta tierra. Todos estamos llamados a hacer algo por defender la vida de nuestros hermanos más pequeñitos.

No se trata, pues, de una mera causa social, o de una propuesta ideológico política, o de un moda atractiva de voluntariado, no, no es nada de esto, se trata de responder o no a la llamada de Dios a amar a estos hermanitos nuestros. Este es un “llamado de Dios” que debe ser respondido desde la realidad de cada persona en específico.

A algunos Dios los llamará a dedicarse a tiempo completo a este apostolado, como, por ejemplo: las “Hermanas por la Vida”, que son una congregación religiosa; también se puede dar el caso de laicos que se consagran como voluntarios a tiempo completo trabajando en Centros de Ayuda a la mujer, o como predicadores itinerantes del Evangelio de la Vida. También puede darse el caso de sacerdotes que son donados a este apostolado por su respectivo obispo o superior religioso, como es el caso del servidor que escribe este artículo. Dios puede también llamar a algunos a trabajar a medio tiempo.

La mayoría de los bautizados serán llamados a consagrar tiempos parciales desde sus vocaciones específicas –casados, religiosos, sacerdotes…- orando frente a las fábricas de aborto, como conferencistas, productores de programas de radio, como artistas, como escritores, etc. Otros asumirán la creación de grupos pro-vida en sus parroquias –en USA están sugeridos para todas la parroquias por la Conferencia Episcopal- y velar para que funcionen, porque ya sabemos que el “papel lo soporta todo” y pueden haber grupos que solamente están en el papel y boletines parroquiales pero que no funcionan.

Recuerdo que después de una de mis primeras predicaciones aquí en los Estados Unidos, denunciando el crimen del aborto y anunciando el Evangelio de la Vida, se me acercó después de la misa una joven que estaba terminando sus estudios de psicología clínica, y me expresó que había sentido el llamado a dedicar su carrera al servicio de la prevención del aborto y a la sanación post aborto. Yo le recomendé que lo siguiera discerniendo con la ayuda de un director espiritual. De esto se trata, repito, de responder a la llamada de Dios.

No tengo la menor duda que Dios, como en otras circunstancias de la historia, suscitará los carismas y vocaciones específicas necesarias para atender este apostolado pro-vida que sirve al “extremo” de los más pobres entre los pobres.

Todos los cristianos estamos llamados a responder a la llamada de Dios frente a este holocausto. A nadie le está permitido permanecer indiferente. “A mí me lo hicieron”.

P. Victor Salomón

Director De Apostolado Hispano

Sacerdotes Por la Vida

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