Un derecho internacional a vivir






Los defensores del aborto quieren más que mantener intacto Roe vs. Wade. Ellos quieren establecer un derecho internacional a abortar, impuesto a nivel internacional, y primordialmente la decisión de las naciones individuales a proteger sus propios niños antes de nacer.

Pero, como siempre, estas personas no sólo están equivocadas, sino completamente al revés. El derecho internacional que tiene que ser proclamado y protegido es el derecho a la vida.

Y de hecho hay unos pasos que han sido dados en esta dirección. Necesitamos conocer, clarificar y fortalecer, y construir sobre esos pasos.

Después de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, las personas en todo el mundo se dieron cuenta que mientras las naciones individuales tienen el deber de proteger a sus ciudadanos, tal protección nacional no era siempre suficiente. ¿Qué pasa si los líderes de la nación se ponen en contra de algunas de sus personas? ¿Sobre quién cae la responsabilidad de intervenir? ¿A quién responden esos líderes y esas naciones?

La razón por la que hay necesidad de un cuerpo internacional para reconocer y proteger los derechos humanos básicos – los cuales las naciones individuales no pueden ni dar ni quitar – llevó al desarrollo de las Naciones Unidas.

La Carta de la ONU (1945) afirma que su propósito es

“reafirmar la fe en los derechos humanos fundamentales, en la dignidad y el valor de la persona humana”

En tres años, esta institución publicó la Declaración Universal de Derechos Humanos, afirmando que

“el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana es el fundamento de la libertad, la justicia y la paz en el mundo.”

Por otra parte, el artículo 3 de la Declaración señala,“Toda persona tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.”

y el Artículo 6 establece que, “Toda persona, ante la ley, y en cualquier lugar, tiene derecho al reconocimiento.”

Estas palabras son verdaderas, pero para que tengan la fuerza requerida, estaba claro que se necesitaba algo más que una proclamación. La substancia de la Declaración Universal se puso tanto en forma legal dura como en un tratado internacional, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP, 1966), sobre el cual más de 160 naciones han firmado. Este Tratado establece en el artículo 26, “Todas las personas son iguales ante la ley y tienen derecho sin discriminación a la misma protección ante la ley.”

Además, en 1959, se publicó una Declaración sobre los Derechos del Niño en la que se declaró

 “…el niño, por razón de su inmadurez física y mental, necesita especial protección y cuidado, incluyendo una protección legal apropiada, tanto antes como después del nacimiento,”

Esto también fue incorporado a un tratado, La Convención de los Derechos del Niño (1989), la cual declara en su Artículo 6,

“Los Partidos de los Estados reconocen que cada niño tiene el derecho inherente a vivir.”

Para nosotros en el movimiento pro-vida, los próximos pasos son obvios. El lenguaje de estas declaraciones y tratados necesita ser llevado a su conclusión consistente y lógica. La violencia del aborto, la cual niega el derecho del niño a vivir y lo mata, es de hecho prohibido por el lenguaje de estos documentos.

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