Valores católicos en el terreno público






Nuestra comunidad de fe aporta tres valores fundamentales a estos retos.

Un marco moral consistente

La Palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia nos dan una especial visión del mundo. Las Escrituras nos llaman a “escoger la vida”, a servir a “los más pequeños”, a tener “hambre y sed” de justicia y a ser “artesanos de la paz”. Jesús nos llamó a ser “levadura” de la sociedad, la “sal de la tierra… [y] la luz del mundo”.(5)

La enseñanza católica ofrece un consistente conjunto de principios morales para evaluar cuestiones, plataformas y campañas. Debido a nuestra fe en Jesucristo, empezamos con la dignidad de la persona humana. Nuestra enseñanza nos incita a proteger la vida humana desde la concepción hasta el momento de la muerte natural, a defender al pobre y al desamparado, y a trabajar a favor de una sociedad más justa y un mundo con más paz. Como católicos, no tenemos la libertad para deshacernos de niños que están por nacer simplemente porque se los considera no queridos o un estorbo; para dar la espalda al emigrante por su falta de documentos legales; para alejarnos de las mujeres y niños pobres por su carencia de poder politico o económico. Así como tampoco podemos descuidar nuestras responsabilidades internacionales por el mero hecho de que la Guerra Fría ha terminado. Para nosotros, las obligaciones de ciudadanía emanan de los principios del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. Ni las encuestas de opinión ni los grupos de presión pueden apartarnos de nuestra responsabilidad de hablar por aquellos que no tienen voz, de actuar de acuerdo con nuestras convicciones morales.

Experiencia diaria

Nuestra comunidad también ofrece una vasta experiencia de servicio a los necesitados. La comunidad católica educa a los jóvenes, está al cuidado de los enfermos, da refugio a los que no tienen vivienda, da de comer al hambriento, ofrece asistencia a las familias necesitadas, acoge a los refugiados y presta atención y servicio a los ancianos.(6) En defensa de la vida, nos acercamos a los niños, a los enfermos y a los ancianos que necesitan ayuda, apoyamos a las mujeres con embarazos difíciles y asistimos a aquellas afectadas por el trauma del aborto y la violencia doméstica. En muchos asuntos, hablamos por aquellos que no tienen voz; poseemos la habilidad práctica y la experiencia diaria para aportar enriquecimiento al debate público.

Una comunidad de ciudadanos

La comunidad católica es amplia y diversa. Somos republicanos, demócratas e independientes. Formamos parte de todas las razas, nuestras raíces étnicas son innumerables y vivimos en comunidades urbanas, rurales y de zonas suburbanas. Somos presidentes de empresas y trabajadores emigrantes en granjas, senadores y personas que viven de la hacienda pública, propietarios de negocios y miembros de sindicatos. Pero a todos se nos solicita un compromiso común para proteger la vida humana y defender a aquellos que son pobres y están desamparados. No podemos mostrarnos indiferentes ni cínicos frente a las obligaciones como ciudadanos. Como votantes y partidarios, candidatos y contribuyentes, tenemos la obligación de ser levadura moral para nuestra democracia.(7)

Fr. Frank Pavone
Director Nacional, Sacerdotes Por La Vida

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