Lenguaje tramposo

 

P. Victor Salomón

   
 

Con la expresión salud reproductiva los promotores de la cultura de la muerte pretenden justificar la tragedia de la madre que le quita la vida a su propio hijo por el aborto, pero, además, por si esto fuera poco, el aborto es uno de los principales atentados contra la misma mujer, dejándola destrozada física, emocional y espiritualmente.

El trauma en ocasiones es tan agudo que la madre “bloquea” el dolor relacionado con su aborto por décadas, recurriendo para ello a la “anestesia” de las adicciones sin que la mujer tenga conciencia plena de estar en el camino diabólico de su propia autodestrucción. En algunos de los retiros sanación post aborto, en los cuales he participado, he sido testigo de mujeres que gracias a la psicoterapia y a grupos de oración, comenzaron procesos de recuperación de las adicciones que padecían. Bajadas, entonces, las dosis de las “anestesias”, el dolor de la pérdida de sus hijos por el aborto emanó después de más de 30 y hasta 40 años de habérselos practicado.

Recuerdo haber visto en la televisión a Mons. José Gómez, Arzobispo Coadjutor de California, decir enfáticamente:  “No nos podemos acostumbrar al aborto”.

Es fácil acostumbrarnos al aborto en un ambiente en el cual está legalizado desde 1973 en los Estados Unidos. Las leyes con el pasar de los años crean cultura o maneras ser, sentir y pensar de los pueblos.

Más del 70% de los hispanos que llegamos a este país pensamos que el aborto no debe ser legal. Sin embargo, cuando vemos la opinión de las segundas y terceras generaciones los porcentajes comienzan a bajar dramáticamente. ¿Por qué? Porque la fuerza de la escuela y los medios de comunicación social –impregnados de la cultura de la muerte- está logrando neutralizar en parte los valores tradicionales de la familia hispana.

Los hispanos estamos llamados a ser “fermento” de nuestros valores evangélicos en la sociedad estadounidense. No estamos llamados a asumir lo que de malo y pecaminoso tenga la cultura estadounidense como es esta ley pro muerte. Cada cultura debe aportar lo bueno y propio que se tiene, y uno de nuestros valores es la celebración de la Vida.

Recuerdo haber celebrado una misa en una parroquia de mayoría hispana en Los Angeles y, al final de la misa, ellos tienen la hermosa costumbre de ofrecer a los recién nacidos a Dios y la Virgen. El sacerdote toma a los bebés y los alza en gesto de consagración y entrega a Dios y a la Virgen. Es una costumbre venida de tierras mexicanas.

Otra trampa del lenguaje es cuando decimos a una mujer embarazada será madre cuando nazca el bebé, así entonces decimos: “que alegría Juanita que vas a ser mamá”; “pronto serás mamá”; “¿Qué se siente que ya pronto serás madre?”  En realidad Juanita ya es mamá desde el momento que el milagro de la concepción aconteció en su seno.

Y lo que decimos de ella también se lo podemos aplicar a ellos. Los padres lo son también desde el momento de la concepción y, desde entonces deben comenzar a ejercer su paternidad responsable respecto a la protección de su hijo y de la madre, así como San José fue custodio de Jesús y de la Virgen María. Ese rol de ser custodios de los bebés por nacer no solamente les toca a los padres de los bebés, sino a todos los que nos consideramos cristianos y hombres de buena voluntad. Sentimos la vocación de Dios a vivir la caridad del corazón de Jesús, que nos urge a amar al “extremo” de los más pobres entre los pobres que son los bebés por nacer.

Debemos desvelar los “lenguajes tramposos” que la cultura de la muerte nos pretenda imponer y, al estilo de los profetas, denunciarlo con claridad y arrancarlo de nuestra manera de expresarnos y, entonces, anunciar el lenguaje Evangelio de la Vida que todos debemos comenzar a usar y a promocionar entre nuestros familiares, amigos y conocidos. De esta manera estaremos construyendo juntos la cultura de la Vida.

Fr. Victor Salomón, a member of the Diocesan Laborer Priests, is the Director of Hispanic Outreach for Priests for Life. He resides in Washington, DC.