Sucedió en Florida

 

P. Victor Salomón

   
 

Dos hechos acontecieron recientemente en el Estado de la Florida de los Estados Unidos.  Un gobernador se “lavó las manos con sangre inocente” vetando una ley  próvida propuesta por la mayoría del senado regional,  y una madre hispana entregó su vida para salvar a su bebé.

En varios estados de la Unión Norteamericana existen leyes que buscan promocionar la maternidad, dando así la oportunidad a la madre para ver una imagen de ultrasonido de su hijo creciendo en su vientre, al menos 24 horas antes de practicarse un aborto.     Sin embargo, el Sr. Gobernador de la Florida y candidato a senador, Charlie Christ,  optó por la cultura de la muerte, argumentando que no quería hacerle más difícil la ya complicada decisión privada que ha tomado la madre de abortar a su hijo.  Es importante “desvelar” la falsedad del argumento.  En otras palabras, porque ya la madre ha decidido “en privado” colaborar en el asesinato “legal”, pero inmoral,  de su bebé en el vientre, entonces lo mejor es allanarle el camino ocultándole información que evidenciaría la vida del bebé, lo que podría hacerle cambiar de opinión respecto al aborto.  Si lo que está en su vientre no es una vida sino tan sólo un “puñado de células” –como dicen los abortistas-  ¿Cuál es el miedo de mostrarle el ultrasonido del hijo?  Respuesta: Miedo a la verdad.  Esa es la verdadera razón. Miedo a que vea que es un bebé y no  “meramente unos coágulos de sangre o tejido celular”.  Esto, además, evidencia el total desconocimiento o negación del Síndrome Post Aborto (SPA) que tiene efectos colaterales de índole físico, emocional y espiritual en la madre y, por extensión, a toda la sociedad en su conjunto; y ello sin tomar en cuenta al bebé que no puede defenderse a sí mismo, como la primera víctima de esta macabra obra llamada “derecho a matar al hijo por el aborto”.

¿Qué piensan ustedes que haría el bebé si tuviera la oportunidad defenderse? Al respecto, miren este cortísimo video (un minuto) titulado: “los que están en contra del aborto, por favor levanten la mano”.

El viernes pasado celebramos en la Iglesia Católica la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.  Es la celebración del Amor de Dios que tiene su resumen en la entrega por Amor de Jesús en la Cruz por nuestra salvación, y de la cual tenemos un memorial diario en su presencia Eucarística en su Cuerpo y Sangre.  Nuestro Director Nacional de Sacerdotes por la Vida, el P Frank Pavone, hace la siguiente reflexión.

“Las Escrituras nos dicen que la noche antes de que Él muriera para salvar a todos, el Señor Jesús tomó pan en sus manos, lo bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo “Este es mi cuerpo, que daré por ustedes”. Se refería a lo que iba a ocurrir al día siguiente, cuando Él ofrecería aquel mismo Cuerpo en la cruz. Él se sacrifica para que nosotros podamos vivir. Él ofrece su Cuerpo para lograr destruir el poder del pecado y de la muerte. Como resultado, Él nos recibe en su Vida, en su Reino. Nos hace miembros de su Cuerpo.

Por otro lado, las que apoyan el aborto dicen, “¡Este es mi cuerpo, así que no interfieran con él! Es mío, así que puedo hacer con él lo que quiera, aún llegar a matar la vida dentro de él. Todo es secundario al dominio mío sobre mi cuerpo”. En efecto, una partidaria del aborto publicó (Michelle Goldberg, Rant for Choice, en un periódico estudiantil de la Universidad de Buffalo, 1995), “Yo digo (a los pro vida) que su Dios no vale nada comparado con mi cuerpo”.

“Este es mi Cuerpo”. Las mismas palabras, con diferentes resultados. Cristo da su Cuerpo para que otros vivan; las partidarias del aborto se aferran a sus cuerpos y otros mueren. Al dar su Cuerpo Cristo nos enseña el significado del amor: Yo me sacrifico por el bien de la otra persona. El aborto enseña lo opuesto al amor: Yo sacrifico a la otra persona para mi propio bien.

“Este es mi Cuerpo”. Si, como tal, nuestro cuerpo fuera nuestro, entonces hagamos la próxima pregunta: ¿Por qué? La respuesta es para que podamos ofrecer nuestros cuerpos, nuestras vidas, a nosotros mismos, amándonos unos a otros y a Dios. Cristo dice, “Hagan esto en memoria mía”. Nos llama a hacer lo que Él hizo y así precisamente es como invertimos la dinámica del aborto. Mamá y papá deben decir a su hijo “Este es mi cuerpo, mi vida, ofrecida  a ti”, en lugar de decirle, “este es mi cuerpo, mi vida, así que yo puedo deshacerme de ti”.

Este Amor en la Verdad y el Bien puede llegar al extremo en la madre que entrega su vida por la de su bebé,  como lo fue en el caso de la médico italiana Gianna Beretta Molla en 1962, permitiéndole vivir a su hija Gianna Emanuela;  y como lo fue el caso de la joven madre hispana, de origen dominicano, Benny Abreu en mayo del 2010, quien, en el  Estado de la Florida, entregó su vida para que naciera su bebé.

El entrenamiento para ganar el maratón de la derogación de las leyes de la esclavitud en Los Estados Unidos, pasó por varios “fracasos” intermedios, pero, al final, se impuso la verdad, el bien y la justicia.  Así será también en el caso del aborto.  Algún día no muy lejano, así como hoy es impensable la esclavitud, será impensable que la madre tenga el “derecho de matar a su hijo”: la perversión de las perversiones humanas.   No se equivoquen albañiles de la cultura de la muerte, no nos atemorizan ni nos desmotivan, al contrario, cobramos briosas fuerzas para seguir construyendo la Cultura de la Vida en paz y sin violencia.  No pararemos de trabajar, incansablemente, hasta que la vida de los seres humanos más indefensos, los bebés por nacer,  esté nuevamente protegida por la ley.

Fr. Victor Salomón, a member of the Diocesan Laborer Priests, is the Director of Hispanic Outreach for Priests for Life. He resides in Washington, DC.