La Masacre de Denver: una reflexión urgente.

 

P. Victor Salomón

   
 

Lo primero es expresar es nuestro dolor y las condolencias para todas las familias de los difuntos y, de manera especial, también para los familiares del asesino que ahora está en custodia de la policía.  También para todo el pueblo estadounidense que en estas circunstancias se hace uno de manera solidaria.

La semana pasada dediqué una sección de mi programa semanal de radio al tema de la adicción a la pornografía.  Esta es una enfermedad poco conocida y realmente es una pandemia no declarada a nivel mundial.  Una de las conexiones poco analizadas y muy real, es la conexión entre el consumo de la pornografía y la violencia. 

Todo acto de lujuria, en este caso particular, todo acto de ver pornografía es un acto violento, porque se trata de “arrebatar” una  imagen,  haciendo de la mujer y del hombre simples objetos o cosas manipulables. 

Quien consume pornografía, inconscientemente, está tratando de realizar una conexión espiritual con Dios (“Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón esta inquieto hasta que descanse en ti” San Agustín) y con sus prójimos.  Cuando “falla” al realizar esta conexión que está buscando, el dolor, la ira interna que esto desata y el odio a sí mismo debe ser “anestesiado” con otro “arrebato”  lujurioso consumiendo pornógrafa,    lo que  lleva a quedar atrapado en este círculo vicioso diabólico de la oscuridad y la desesperanza, que crea una bomba de tiempo violenta hacia sí mismo y que, en algunos individuos combinado con otras variables sociales, puede desencadenar una violencia extarna.

Cuando vi la noticia de lo ocurrido en Denver una de las primeras ideas que vino a mi cabeza fue preguntarme si este joven era consumidor de pornografía, pronto mi pregunta tuvo una respuesta.  Los periodistas comenzaron a realizar sus pesquisas periodísticas y encontraron que este joven de clase media alta estadounidense, graduado con honores en la universidad presuntamente forma parte de una comunidad en la cual se buscan relaciones sexuales “pervertidas” con otros adultos.  

Es urgente que como sociedad nos detengamos y no le demos más largas al asunto.  Tres medidas son urgentes.

1. Estudiar más a fondo el problema de la adicción sexual y declararla una pandemia y, en congruencia con ello actuar desde los organismos de salud pública.

2. Trabajar en la prohibición de la pornografía como una de las peores drogas, sin lugar a dudas, creadora de violencia interna y externa.

3. Un debate inmediato para el control de venta de armas, especialmente las de guerra –como las usadas en la masacre-, que no se justifica su posesión en manos de civiles, o al menos sin unos controles muy estrictos.

Otro aspecto muy claro es que desde que se  abrió la puerta a la matanza legal de bebés por el aborto, lo que significa la institucionalización de la más pervertida de las violencias: la de la madre en contra de su propio hijo, cualquier otra violencia se queda pequeña.   No podemos perder de vista el derramamiento de sangre diario en la masacre que significa el asesinato legal de más de 3,500 no nacidos diariamente y que ya ha cobrado 54 millones de personas desde el año 1973.  La Masacre de Denver es solamente una gota de sangre en este mar de sangre inocente.

Finalmente, con un claro contraste con la noticia de la masacre, no queremos dejar pasar por alto la ofrenda de la vida del joven Andrés Moore.   Este joven estadounidense formaba parte del grupo pro vida “Crossroads”.   Este joven estaba participando de la campaña que año tras año vienen haciendo este grupo de jóvenes, atravesando la nación de costa a costa –con varias rutas-  con en el mensaje esperanzador del Evangelio de la Vida.  Andrés murió  golpeado  por un auto en una de las vías por las cuales estaban caminando.

Hemos leído un texto escrito por uno de los familiares en el cual he podido confirmar una historia hermosa de fidelidad al Señor del Evangelio de la Vida.  Nuestras condolencias para sus familiares y amigos.

Este joven ahora inicia otra etapa como intercesor por todos nosotros desde la Casa del Padre, a la cual ya se nos ha adelantado.