Una breve historia de Sacerdotes por la Vida: Parte I- Una llamada de conciencia

 

Fr. Frank Pavone

   
 

Mi equipo y yo a menudo hemos discutido sobre la necesidad de escribir un día la historia de los maravillosos caminos que la Providencia Divina ha permitido a Sacerdotes por la Vida para llegar a la existencia, crecer y diversificarse como un ministerio, y estar protegido en medio de muchas luchas, tanto con la Iglesia como con el Estado, sin mencionar los grupos pro-aborto. Y, por supuesto, gran parte de esta historia sería la gente maravillosa que nuestro equipo se ha encontrado y sigue encontrándose en nuestros constantes viajes y, a quienes en diferentes épocas, han trabajado con nosotros en nuestro personal.

Pero antes de que la historia formal sea escrita, yo pensé en dedicar unas pocas columnas para observar algunos elementos clave en el desarrollo de este ministerio. Entendiendo nuestra historia, ya sea como organización individual o como movimiento pro-vida, generalmente entendemos mejor dónde estamos hoy y hacia dónde vamos.

La gente algunas veces me pregunta si yo soy el “fundador” de Sacerdotes por la Vida. Yo no uso tal título, porque fue un grupo de sacerdotes en San Francisco quienes originalmente lo fundaron en 1.991. Pero me enteré después de que yo había pensado en hacer lo mismo, por una idea que llegó a mí por algo que hizo el Cardenal John O´Connor en ese mismo año. Él era Arzobispo de Nueva York y me ordenó al sacerdocio. Él era un ferviente defensor pro-vida y el líder clave en ese momento entre la jerarquía como una voz para el no-nacido y por dar prioridad al tema del aborto. Él anunció que estaban formando las “Hermanas por la Vida”, una comunidad religiosa dedicada a promover la santidad de la vida. Yo pensé que era maravilloso e inmediatamente dije: “debería haber algo como esto para sacerdotes”. Vi por mí mismo los frutos en mi propia parroquia de predicar clara, compasiva y frecuentemente sobre el aborto.

Entonces me uní a Sacerdotes por la Vida. Esto fue en 1.992.

Al año siguiente, experimenté una profunda llamada de conciencia. En una carta que escribí al Director de Personal de los Sacerdotes de la Arquidiócesis de Nueva York el 30 de junio de 1.993, declaré lo siguiente:

“Por la naturaleza y extensión del problema del aborto/eutanasia, siento en este momento que no puedo continuar con mi vida “como si no fuera mi asunto” sino más bien abordar estos temas con todas las fuerzas y recursos a mi disposición. En otras palabras, estoy siendo atraído no por una mera preferencia o interés, sino por un fuerte llamado de conciencia.”

Y entonces esto inició. El cardenal O´Connor me concedió permiso para dedicar todo mi tiempo y energía a la lucha contra el aborto. ¡Más aún, entre el tiempo que solicité la reunión con él para pedir el permiso y el tiempo en que tuve la reunión, fui consultado por los fundadores de Sacerdotes por la Vida para que fuera su nuevo presidente! Mi deseo ahora tenía la oportunidad de cumplirse y llegué a ser el primer director a tiempo completo de Sacerdotes por la Vida el 01 de setiembre de 1.993.