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El mundo de fiesta

 

P. Victor Salomón
Director, Hispanic Outreach

   
  Wednesday, May 04, 2011

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Desde la habitación de la clínica donde estaba acompañando a mi mamá enferma, pude ver la repetición de parte de la vigilia y de la celebración de la beatificación del Papa Juan Pablo II.   Me impresionó gratamente  el amor expresado a nuestro nuevo beato,  en  el  rostro multicultural reflejado en los peregrinos venidos de diversos lugares del mundo.  De manera especial me causó mucha emoción cuando desvelaron la imagen del querido Papa Polaco, radiante de luz,  colgada en la pared de la Basílica de San Pedro después de su proclamación como beato. (El video de ese momento que ha quedado grabado en nuestras memorias lo pueden ver aquí http://bit.ly/iO0Qdu  )

Las lágrimas de alegría corrieron por las mejillas de muchos de los asistentes a la ceremonia, tanto en vivo como en quienes lo seguimos por los diversos medios de comunicación social.  Una pregunta que podemos hacernos es: ¿Y cuál ha sido la razón de tanto amor de los fieles a su Papa Beato?

La respuesta la podemos encontrar en el Evangelio: “Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos”;  y es que el Papa Juan Pablo II, como un Cristo viviendo entre nosotros,  entregó su vida en un martirio, gota a gota, en su fidelidad detallista en las diversas misiones que Papá Dios le fue encomendado en su camino apostólico.  Les presento una de las principales líneas fuerza de esa entrega fiel, como hemos dicho, en ese martirio incruento,  gota a gota,  en su etapa como Papa.

Esta línea fuerza fue el querer llegar a todos los rincones de la tierra a “confirmar en la fe” a sus hermanos  (“He rogado por ti, para que tu fe no desfallezca.  Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos". Lucas 22:32.)  Así lo hizo de manera infatigable y con un testimonio de amor que atravesará las centurias.   Obviamente que el desarrollo tecnológico está ayudando en este apostolado petrino de “confirmación” de los bautizados en nuestra fe, pero la presencia física del Papa en los diversos lugares tiene un impacto especial que no puede ser sustituido.  Por ello su huella ha sido tan grande y profunda,  porque millones de seres humanos  experimentamos en directo la presencia del Papa Peregrino,  acercándose y valorando las diversas culturas en donde las semillas del Evangelio han germinado.  Los habitantes de la mayoría de los sitios visitados vio,  por primera vez en Juan Pablo II,   a un Papa en persona.

Lo que voy a narrarles a continuación me lo contó un testigo directo de los acontecimientos.  Se lo voy a contar para que comprobemos lo que una, solo una, de las visitas pudo lograr como presencia santificadora del Espíritu Santo de Dios.

Corrían las semanas previas a la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba.

Los obispos no tenían permiso para usar los medios de comunicación, pero en la fase preparatoria de la visita papal se hizo una excepción.  Esto sucedió en una radio.  Los técnicos, en su mayoría jóvenes formados en la ideología atea, preparaban los equipos para que un Señor Obispo los usara, por primera vez, después de décadas de no estar presentes en los Medios de Comunicación social de la isla.

Todo estaba listo, las pruebas se habían hecho para asegurarse que la voz saliera bien.  El micrófono y los audífonos estaban funcionando  y todo estaba listo para empezar.  Entonces el productor del estudio le dio la señal al obispo para que comenzara a hablar.  El Señor Obispo hizo un gesto afirmativo con su cabeza y comenzó haciéndose la señal de la Cruz mientras oraba diciendo: En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo Amén.  Después  de haber pronunciado el “Amén” todos los que estaban en la radio estaban llorando.  Los jóvenes se preguntaban qué les estaba pasando.  Ya el Espíritu Santo había comenzado una obra que aún sigue en construcción.  Construcciones similares están en obra en todo el planeta.

Gracias Dios Padre por regalarnos al Beato Juan Pablo II.

   
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