Desde la
habitación de la clínica donde estaba acompañando a mi mamá enferma, pude ver
la repetición de parte de la vigilia y de la celebración de la beatificación
del Papa Juan Pablo II. Me impresionó gratamente
el amor expresado a nuestro nuevo beato,
en el rostro
multicultural reflejado en los peregrinos venidos de diversos lugares del mundo. De manera especial me causó mucha emoción
cuando desvelaron la imagen del querido Papa Polaco, radiante de luz, colgada en la pared de la Basílica de San
Pedro después de su proclamación como beato. (El video de ese momento que ha
quedado grabado en nuestras memorias lo pueden ver aquí http://bit.ly/iO0Qdu )
Las
lágrimas de alegría corrieron por las mejillas de muchos de los asistentes a la
ceremonia, tanto en vivo como en quienes lo seguimos por los diversos medios de
comunicación social. Una pregunta que
podemos hacernos es: ¿Y cuál ha sido la razón de tanto amor de los fieles a su Papa
Beato?
La respuesta
la podemos encontrar en el Evangelio: “Nadie tiene más amor que el que da la
vida por sus amigos”; y es que el Papa
Juan Pablo II, como un Cristo viviendo entre nosotros, entregó su vida en un martirio, gota a gota,
en su fidelidad detallista en las diversas misiones que Papá Dios le fue
encomendado en su camino apostólico. Les
presento una de las principales líneas fuerza de esa entrega fiel, como hemos
dicho, en ese martirio incruento, gota a
gota, en su etapa como Papa.
Esta línea
fuerza fue el querer llegar a todos los rincones de la tierra a “confirmar en
la fe” a sus hermanos (“He rogado por
ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma
a tus hermanos". Lucas 22:32.) Así lo hizo de manera infatigable y con un
testimonio de amor que atravesará las centurias. Obviamente
que el desarrollo tecnológico está ayudando en este apostolado petrino de “confirmación”
de los bautizados en nuestra fe, pero la presencia física del Papa en los
diversos lugares tiene un impacto especial que no puede ser sustituido. Por ello su huella ha sido tan grande y
profunda, porque millones de seres
humanos experimentamos en directo la
presencia del Papa Peregrino, acercándose y valorando las diversas culturas
en donde las semillas del Evangelio han germinado. Los habitantes de la mayoría de los sitios
visitados vio, por primera vez en Juan
Pablo II, a un Papa en persona.
Lo que voy
a narrarles a continuación me lo contó un testigo directo de los
acontecimientos. Se lo voy a contar para
que comprobemos lo que una, solo una, de las visitas pudo lograr como presencia
santificadora del Espíritu Santo de Dios.
Corrían las
semanas previas a la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba.
Los obispos
no tenían permiso para usar los medios de comunicación, pero en la fase
preparatoria de la visita papal se hizo una excepción. Esto sucedió en una radio. Los técnicos, en su mayoría jóvenes formados
en la ideología atea, preparaban los equipos para que un Señor Obispo los
usara, por primera vez, después de décadas de no estar presentes en los Medios
de Comunicación social de la isla.
Todo estaba
listo, las pruebas se habían hecho para asegurarse que la voz saliera
bien. El micrófono y los audífonos
estaban funcionando y todo estaba listo
para empezar. Entonces el productor del
estudio le dio la señal al obispo para que comenzara a hablar. El Señor Obispo hizo un gesto afirmativo con
su cabeza y comenzó haciéndose la señal de la Cruz mientras oraba diciendo: En
el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo Amén. Después de haber pronunciado el “Amén” todos los que
estaban en la radio estaban llorando.
Los jóvenes se preguntaban qué les estaba pasando. Ya el Espíritu Santo había comenzado una obra
que aún sigue en construcción.
Construcciones similares están en obra en todo el planeta.
Gracias Dios Padre por regalarnos al Beato Juan Pablo II.