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Confesores de la fe

 

P. Victor Salomón
Director, Hispanic Outreach

   
  Monday, July 18, 2011

   
 

En la tradición de la Iglesia Católica se presenta una diferencia entre el mártir  y el  confesor de la fe.   El mártir es aquel bautizado que, como Jesús, ha ofrendado su vida de manera cruenta en proclamación y defensa de su fe. 


Los confesores de la fe son los bautizados que han sufrido agudamente dando testimonio de su fe, sin llegar a morir por esta causa.   Los sufrimientos pueden ser de muchos tipos, desde el extremo de sufrir la tortura y el exilio hasta padecer juicios o cárcel  injustos por dar testimonio de la fe 

 

¿Ha conocido usted a un confesor de la fe en persona?  Yo he tenido el honor y la bendición de conocer algunos de ellos en estas tierras estadounidenses.   Sí, mis queridos lectores, hay muchos confesores de la fe caminando por las calles de esta gran nación.  Les voy a presentar a uno de ellos.


Este fin de semana fui invitado por la organización Hispanos por la Vida a formar parte de su reunión anual que se celebró en Long Beach California.  En ese marco conocí a este confesor de la fe: El P G. Peter Irving III.  Este sacerdote diocesano estadounidense es el párroco de la Iglesia Santos Inocentes en Long Beach, que pertenece a la Arquidiócesis de Los Ángeles y que fue la sede de este encuentro.  El P Peter fue uno de los miembros de un grupo defensor de los Derechos Civiles de los bebés no nacidos, llamado  Operación Rescate a finales de los años 80.  Básicamente se trataba, invocando la necesidad del derecho a la defensa, de promocionar y defender la vida de los bebés en peligro eminente de muerte en las clínicas abortivas, bloqueando sus entradas con sus propios cuerpos.  En términos religiosos él dio fe de la Verdad que significa atender al que está en una necesidad, así como el buen samaritano de la famosa y bien conocida parábola evangélica, que se atrevió a auxiliar al herido que había sido dejado en el camino peligroso.  Así como el buen  samaritano, el P Peter asumió el riesgo de ayudar al que estaba en peligro.  Me pregunto y les pregunto ¿Acaso hay en los Estados Unidos hoy alguien en mayor peligro de muerte que los miles de bebés que tienen su cita para ser asesinados legalmente? 

 

Este sacerdote fue llevado a juicio por dar testimonio de la caridad activa al defender a los más pobres entre los pobres.   Providencialmente  no hubo unanimidad respecto a su culpabilidad, y por esta razón fue puesto en libertad en dos ocasiones.  Debo destacar que me contó, visiblemente emocionado, como en el primero de los  juicios de los 12 miembros del jurado, fue una hispana la que lo consideró inocente hasta al final.

 

Hoy este sacerdote no ha dejado ni un día de defender a los miembros más pobres e indefensos de su comunidad: los bebés no nacidos.   En medio esta realidad en la cual se asesina legalmente a los bebés inocentes creciendo en el vientre de sus mamás, este sacerdote no ha sido indiferente y le ha incluido la dimensión pro vida al apostolado parroquial, desde los diversos grupos de catequesis, pasando por la predicación en las homilías de las misas, hasta tener un grupo organizado que visita una clínica de abortos que está en el perímetro parroquial.   

 

Por ejemplo, en el boletín parroquial dan cuenta semanal de todos los bebés que se han ido salvado por la acción apostólica, en la clínica de abortos que está en el territorio de la parroquia.


Se imaginan que tuviéramos más parroquias en la cuales funcionaran efectivamente estos comités parroquiales pro vida.  De ser así el aborto legal tendría sus días contados.

 

Los hispanos podemos ser  uno de los catalizadores para que ese día llegue. 

 

Elevemos una oración al Padre Dios para que nos regale muchos sacerdotes como el P Peter Irving.  

   
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