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Para vivir el Año de la Fe

 

P. Victor Salomón
Director Internacional de Apostolado Hispano, Sacerdotes por la Vida

   
  Wednesday, October 03, 2012

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El próximo 11 de octubre comenzará la celebración del Año de la Fe, convocado por Su Santidad Benedicto XVI como una invitación para la renovación de la fe en cada uno de los bautizados y, de esta forma, signifique una renovación para toda la Iglesia y sus instituciones de servicio en el Amor.

El Papa eligió el 11 de octubre para comenzar el año de la Fe porque en esta fecha coinciden dos aniversarios fundamentales en la Vida de la Iglesia.  El primero es el 50 aniversario de la convocatoria del Concilio Vaticano II realizado por el Beato Juan XXIII.   El segundo es el 20 aniversario de la publicación del Catecismo Universal de la Iglesia Católica, por otro beato: el Papa Juan Pablo II.

Por ello un compromiso fundamental durante este año de la fe consiste en estudiar los documentos del Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica, respecto este último una opción sería estudiar el Compendio del Catecismo.  Estos forman parte de lo que la Iglesia considera los “textos fundamentales”.  Los pueden leer en www.vatican.va, la página oficial del Papa.

Estos dos acontecimientos son muy importantes porque ambos tienen un objetivo común, ayudarnos  a vivir con pasión el bautismo en el momento histórico que nos ha tocado vivir.  Solía repetir mi profesor de Historia de la Iglesia, el P Rafael Cartaya , “la historia de la Iglesia es la historia de los Santos”.  Es la historia de las mujeres y de los hombres que viven el Evangelio radicalmente en el momento histórico y en las circunstancias que les tocó vivir.  En este sentido la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos nos anima a meditar en sus vidas, como uno de los recursos para la renovación de nuestra fe.

Existen muchas formas de celebrar el Año de la Fe en los diversos niveles eclesiales, desde el nivel de la Iglesia Universal en el Vaticano, pasando por las conferencias episcopales, congregaciones religiosas, diócesis y parroquias, movimientos eclesiales, centros educativos, de la salud, hasta llegar a la Iglesia Doméstica que es la familia y a cada uno de nosotros como bautizados.

Desde los Estados Unidos nuestra celebración estará marcada por un acontecimiento especial, se trata del 40 aniversario, el 22 de enero del 2013, de la legalización del asesinato de personas no nacidas por el aborto, que a la fecha ha cobrado más de 54 millones vidas. 

El principal objetivo del  Papa Benedicto XVI para convocar el año de la Fe es: “el encuentro con Jesucristo y la belleza de la fe en Él”, todo debe, pues, estar encaminado a este encuentro.

Recuerdo, cuando era seminarista, que una vez nos visitó Mons. Cipriano Calderón, un obispo miembro de nuestra Hermandad de Operarios y que servía entonces a la Iglesia para ayudar al Papa Juan Pablo II en la elección de los obispos, especialmente para América.  Él ya está en el cielo.  Recuerdo, como si fuera ahora, una homilía en la cual nos compartió las tres principales formas en crecer en la Fe en Jesús.
1. De rodillas. Pidiéndoselo a Jesús en la oración.  “Señor creo pero aumenta mi fe”. 
2. Los Sacramentos. El encuentro con Jesús en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía y,
3. La práctica de la caridad.  Encontrar a Jesús en el prójimo, de manera especial en los más pobres.

Yo voy a retomar esta enseñanza de Mons. Cipriano y voy a actualizar al momento actual haciendo una propuesta para vivir hoy el Año de la Fe.
1. Sugiero que cada uno de nosotros elijamos una jaculatoria para pedir a tiempo y a destiempo el aumento de nuestra Fe en Dios durante este año.  Por ejemplo, yo seguiré orando mi preferida que dirijo al Padre. “Padre aumenta mi confianza en ti”.
2. Lo segundo es aumentar la frecuencia para recibir a Jesús Sacramentado en nuestros corazones.  Ojalá que la mayoría de quienes me leen puedan organizar sus vidas para tener en el primer lugar la celebración Eucarística.  
3. Y, tercero, y aquí uno el Año de la Fe al 40 aniversario del comienzo del holocausto masivo del aborto, les propongo hacer un compromiso de amar afectiva y efectivamente a Jesús en los no nacidos, buscando formas concretas de realizar el apostolado por la Vida. 

Es también una maravillosa oportunidad para leer nuevamente la Encíclica Profética “Evangelio de la Vida” escrita por el Beato Juan Pablo II.

Personalmente yo voy a organizarme porque  quiero leer nuevamente los documentos del Vaticano II.  El Vaticano ha anunciado que se dará a conocer el 11 de octubre un documental sobre el Vaticano II.  Yo lo estoy esperando con ansias para compartilo con todos ustedes.

Además de estos tres puntos tal como les citaba a mi profesor de la Iglesia.  Este año es una oportunidad muy especial para comprometernos a conocer la Vida de, al menos, 12 santos.  Uno por mes comenzando por los santos canonizados de sus países.  Si aún no han sido canonizados elijan sus santos favoritos y lean una nueva biografía o un escrito que no conozcan aún. 

Todos estamos llamados a ser santos, viviendo, como ellos, el Evangelio en el momento histórico y en las circunstancias que nos ha tocado vivir nuestra peregrinación hacia la Casa del Padre.

Una propuesta comunitaria pro vida para vivir el año de la Fe se las presentaré en un anexo.


ANEXO

Propuesta Celebración Comunitaria Pro Vida del Año de la Fe
Una verdadera renovación de la fe necesariamente desemboca en una vivencia más radical del Amor al prójimo, especialmente a los más pobres.
Esta es tan solamente una de las muchas formas comunitarias en las cuales podemos vivir este Año de la Fe.
La propuesta consiste en que cada iglesia adoptemos un Centro de Ayuda a la mujer embarazada en donde exista, u organizarse para fundar uno en donde no lo haya.
Esta adopción no sería solamente en un papel, moralmente o de deseo, sino de una manera muy concreta, nos estaríamos refiriendo a una estrecha relación de padrinazgo con el Centro de Ayuda a la Mujer Embarazada. Permítanme explicarles cómo.
Comencemos por los sitios en donde ya exista un centro de ayuda a la mujer embarazada.
Lo obvio es conocer a los responsables del centro y hacerles saber que cuentan con el apoyo de la Iglesia.
Este apoyo comenzaría por una campaña permanente de oración por quienes trabajan en estos centros y están a diario en el frente de batalla con el diablo, para arrebatarle a esa madre con su hijo que se siente atrapada y que cree que su única salida es matar a su hijo y, con él, crear una herida profunda en su corazón y en el Cuerpo de la Iglesia.
Por otro lado, se trataría de asegurar el funcionamiento del centro, organizando campañas para su apoyo financiero.
La comunidad cristina tiene que ser solidaria con esta causa, dada la urgencia por la amenaza masiva de la vida de los bebés no nacidos. No hacerlo es una omisión grave como comunidad cristiana.
Me sentí muy feliz cuando viajé a Colombia, y pude visitar en la Arquidiócesis de Bogotá un centro de ayuda a la mujer embarazada apoyado directamente por una parroquia (incluso funcionaba dentro de las instalaciones parroquiales); otro centro estaba siendo apoyado directamente por una congregación religiosa. Son un ejemplo a seguir.
Ningún centro de ayuda a la mujer embarazada debería cerrar sus puertas por falta de apoyo económico. Los cristianos tenemos que sostenerlos como parte esencial de la promoción humana, que es fundamental en el mensaje evangélico de Jesús. Jesús nos lo enseñó: “lo que hicieron a uno de estos los más pequeños, a mí me lo hicieron” (Mt 25 40)
Este apoyo no solamente tiene que ser con dinero, sino también con campañas de recolección de ropa y de alimentos para bebés; y la ofrenda de tiempo como voluntarios trabajando directamente por turnos en estos centros.

En segundo lugar, consideremos el caso donde no exista aún un centro de ayuda a la mujer embarazada.
La propuesta es organizarse para fundar un centro, que podría estar a cargo de un equipo ecuménico parroquial, diocesano y/o nacional. Recuerdo con mucho cariño que en mi Venezuela natal, cuando el tema del SIDA se extendió, las denominaciones cristianas hicieron un esfuerzo ecuménico para atender a aquella necesidad.
Nuestros dos principales objetivos generales tendrían que ser.
¡Qué no haya una diócesis sin, al menos, un centro de ayuda a la mujer embarazada!
¡Que toda mujer embarazada en dificultad sepa que hay una ayuda disponible para ella y su bebé
¿Aceptan el reto para este Año de la Fe? Porque recordemos el dicho de San Crisóstomo: "Solamente cree de verdad, el que practica lo que creee"

   
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