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Lo Fundamental de la Navidad

 

Fr. Frank Pavone
National Director, Priests for Life

   
  Monday, December 16, 2013

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La Navidad se trata de Dios enseñándonos lo que el amor significa. Como nos dice la Escritura:

“Miren como se manifestó el amor de Dios entre nosotros: Dios envió a su Hijo único a este mundo para que tengamos vida por medio de Él. En esto está el amor: no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó primero y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados.” (1 Juan 4: 9-10) 

Dios se hizo de un cuerpo en Navidad, y se volvió visible, de tal manera que el amor se volviera también visible. Al tener ahora sangre propia, puede derramarla por nosotros. Al tener cuerpo propio, puede ofrecerlo en la cruz por nosotros. Y Él hace esto a la vista de todos para que podamos imitarle. De ahí que San Juan diga:

“Y en esto hemos conocido el amor; ahora también nosotros debemos dar la vida por los hermanos.” (1 Juan 3:16)

Eso incluye a nuestros hermanos y hermanas que están aún en el vientre, los niños que son privados de la protección legal de sus vidas (y por lo tanto, al mismo tiempo, de sus derechos).

¡Estamos dispuestos a dar nuestras vidas por ellos! Esto no es abstracto, ficción, o un compromiso tibio. Esto es discipulado, que no admite gracia barata. Una adhesión apasionada a Cristo – quien se hizo carne en Navidad y aún lo tiene hasta nuestros días – significa una apasionada obligación a rescatar a los que necesitan ser salvados, no sólo espiritualmente sino físicamente.

Basilio de Cesarea, por ejemplo, luchó intensamente en contra del aborto y el infanticidio en el cuarto siglo del Imperio Romano.

“Tan apasionado era Basilio en su preocupación por la vida que, aparentemente, ya tarde al final de un día después de las Vísperas, él y varios diáconos de la Iglesia salieron de la ciudad a desmantelar el viejo templo de infanticidios de Cesarea con sus propias manos. Él sabía que tal acción directa bien podría comprometer su lucha, pero le movía una obligación espiritual irrefrenable…

Sabiendo de la solitaria cruzada de Basilio, el emperador Valentino dio el primer paso hacia el reconocimiento de la plena criminalización del infanticidio en el año 374…” (Tomado de Third Time Around: A history of the Pro-life Movement from the First Century to the Present, by George Grant, 1991, Wolgemuth & Hyatt, Publishers, pp.20-21)

Notemos la referencia a “apasionado” y “obligación espiritual irrefrenable”. Es justo lo expresado arriba por San Juan. Porque Cristo vino al mundo físicamente y dio su vida en la cruz, nosotros podemos darla por otro. Podemos correr riesgos al protegernos unos a otros. Basilio se estremeció por un mal físico, inspirado por un Dios que se volvió físico en la Encarnación, y le impulsó a una acción física.

El hacerse Dios visible en la Navidad no es solamente una bendición que recibimos; es una obligación que aceptamos. Al recibir a Áquel que se hizo de un cuerpo precisamente para sacrificarse por nosotros, aceptamos el deber y privilegio de sacrificar nuestros propios cuerpos, nuestras posesiones y vidas para amarnos unos a otros, especialmente a los oprimidos, siendo los primeros los no nacidos.
 
 

   
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