Ciudadanos
comprometidos
Responsabilidad
cívica
para un nuevo milenio
DECLARACIÓN DE LA
JUNTA ADMINISTRATIVA DE LOS
OBISPOS CATÓLICOS DE
EE.UU. SOBRE LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA
UNITED STATES
CATHOLIC CONFERENCE * WASHINGTON, D.C.
Contenido
- Introducción
- Retos a los creyentes
- Cuestiones para la campaña
- Un llamado a los ciudadanos
comprometidos
- Valores católicos en el terreno
público
- Un marco moral consistente
- Experiencia diaria
- Una comunidad de ciudadanos
- El papel de la Iglesia
- Temas de la enseñanza social
católica
- Vida y dignidad de la
persona humana
- Llamado a la familia, a la
comunidad y a la participación
- Derechos y deberes
- Alternativas para el pobre
y el desamparado
- Dignidad del trabajo y los
derechos de los trabajadores
- Solidaridad
- Velar por la Creación de
Dios
- Prioridades morales en la vida
pública
- Protección de la vida
humana
- Promoción de la vida
familiar
- Búsqueda de la justicia
social
- Práctica de la solidaridad
global
- Conclusión
- Principales declaraciones
católicas sobre la vida pública y los asuntos morales
Introducción
El año 2000 es un gran hito
espiritual y supone un reto cívico importante. Para los cristianos, este año
representa la llegada del Gran Jubileo, marcando el 2000 aniversario del
nacimiento de Jesucristo. Para los ciudadanos estadounidenses, en este año se
efectuará la elección de aquellos que conducirán nuestro gobierno en un nuevo
siglo y un nuevo milenio.
Retos a los
creyentes
Nuestra nación ha sido bendecida
con una Bran dosis de libertad, vibrantes tradiciones democráticas, fuerzas
económicas sin precedentes, abundantes recursos naturales y gente generosa y
religiosa a la vez. Sin embargo, no todo es perfecto en nuestra nación. Nuestra
prosperidad no se extiende todo to que debiera. Nuestra cultura no nos inspira
lo suficiente; al contrario, quizás nos desalienta en términos morales. Este
mundo nuevo que está en nuestras manos es todavía demasiado peligroso,
provocando la llamada "limpieza étnica" y la incapacidad de hacer frente al
hambre y al genocidio. Distamos mucho de la promesa estadounidense de "libertad
y justicia para todos", nuestra declaración de defender los derechos
inalienables de la persona humana: "la vida, la libertad y la búsqueda de la
felicidad".
Signos de los retos que nos rodean:
- 1.4 millones de niños, cada año,
son aniquilados antes de nacer. En muchas ciudades, una mayoría de nuestros
niños nunca llegan a ver el día de su nacimiento.
- Cuánto más joven eres, más
probabilidades tienes de ser pobre. Una cuarta parte de nuestros preescolares
están creciendo en la pobreza.
- Observamos con horror cómo
algunas escuelas se han convertido casi en zonas de guerra. Un número
demasiado elevado de nuestros jóvenes ha perdido su trayectoria moral, su
sentido de pertenencia e incluso, su deseo de vivir. Más y más, están
encontrando el espíritu comunitario en pandillas y grupos, en vez de en la
familia y en la fe.
- El odio y la intolerancia
persiguen a nuestra nación y convierten la diversidad que debiéramos celebrar
en una fuente constante de división, fanatismo, racismo y conflicto.
- Una economía poderosa empuja
nuestra nación hacia adelante pero ensancha el abismo entre ricos y pobres y
no sólo en nuestra nación sino en el mundo entero. Algunos estadounidenses
están avanzando a pasos agigantados pero un número demasiado elevado se está
quedando atrás.
- Muchas familias deben hacer
frente a serios desafíos. Millones no disponen del cuidado médico básico,
muchos no pueden costear una vivienda y, en áreas rurales, muchos granjeros
están perdiendo su manera de vivir.
- El escándalo, el sensacionalismo
y la intensa batalla partidista contribuyen al deterioro de la vida pública.
Muchos de nuestros líderes parecen más interesados en conseguir contribuciones
para sus campañas electorates que en lograr el bien común.
- La violencia nos rodea. Guerras,
limpieza étnica, persecución religiosa, otros abusos de los derechos humanos,
pobreza, deudas y hambre destrozan las vidas y la dignidad de cientos de miles
de personas cada año.
El milenio próximo requiere que
asumamos una nueva política, más centrada en los principios morales que en los
últimos sondeos, más en las necesidades de los más pobres y desamparados que en
las contribuciones de los ricos y poderosos, más en la consecución del bien
común que en las exigencias de intereses especiales. Como católicos y como
votantes, éste no es un momento fácil para una ciudadanía responsable. Con esto
queremos decir que más que personas que participan regularmente en la vida
pública, los católicos votantes somos discípulos que vemos estas
responsabilidades con los ojos de la fe y aplicamos nuestras convicciones
morales a nuestros quehaceres cívicos y a nuestras opciones. En algunas
ocasiones da la impresión que hay pocos candidatos, y ningún partido, que
plenamente representen nuestros valores. Sin embargo no es ahora el momento de
retirarse. El nuevo milenio debe ser la oportunidad para una participación
renovada. Debemos presionar a todos los partidos y a cada candidato a que
defiendan la vida y la dignidad humana, a que intenten un logro mayor de
justicia y paz, a que den apoyo a la familia y a que se avance en el bien común
Deseamos que la campaña y las
elecciones del año 2000 se conviertan en puntos decisivos en nuestra democracia,
atrayendo más participación y menos cinismo, más diálogo serio sobre los temas
importantes y menos posturas partidistas y ataques en la publicidad electoral.
Entremos en el nuevo siglo con un compromiso renovado para activar la ciudadanía
y aumentar la participación democrática.
Cuestiones para la
campaña
La política es mucho más que
nuestras cuentas corrientes o intereses económicos. Católicos, otros creyentes,
y mujeres y hombres de buena voluntad se preguntan a sí mismos y a los que nos
van a gobernar:
- ¿Cómo vamos a proteger a los más
débiles de entre nosotros -los niños inocentes todavía por nacer?
- ¿Cómo vamos a remediar la
evidencia vergonzosa de que una cuarta parte de nuestros preescolares están
viviendo en la pobreza en la nación más rica de la tierra?
- ¿Cómo vamos a afrontar la
tragedia de los 35,000 niños que mueren cada día a consecuencia del hambre, la
deuda y la falta de desarrollo en el mundo?
- ¿Cómo puede nuestra nación
ayudar a los padres a educar a sus hijos con respeto por la vida, con valores
morales sólidos, con un sentido de esperanza y con una ética de administración
y responsabilidad?
- ¿Cómo puede la sociedad
respaldar mejor a las familias en sus funciones morales y responsabilidades
ofreciéndoles posibilidades reales y recursos financieros para obtener una
educación de calidad y una vivienda decente?
- ¿Cómo subsanaremos el creciente
número de familias a individuos carentes de un asequible y accesible sistema
de cuidado médico?
- ¿Cómo va nuestra sociedad a
combatir, de la mejor manera, la continuidad del prejuicio, el partidismo y la
discriminación, a superar la hostilidad hacia los emigrantes y refugiados, y a
aliviar las heridas del racismo, la intolerancia religiosa y otras formas de
discriminación?
- ¿Cómo va nuestra nación a hacer
realidad el logro de los valores de justicia y paz en un mundo donde la
injusticia es común, la destitución está generalizada y la paz se ve a menudo
alterada por guerras y violencia?
- ¿Cuáles son las
responsabilidades y limitaciones de las familias, de las organizaciones de
voluntarios, de los mercados bursátiles y del gobierno? ¿Cómo pueden estos
elementos de la sociedad trabajar conjuntamente para acabar con la pobreza,
conseguir el bien común, cuidar de la creación y superar la injusticia?
- ¿Cómo va nuestra nación a oponer
resistencia a lo que nuestro Papa Juan Pablo II llama una creciente "cultura
de muerte"? ¿Por qué da la impresión que nuestra nación recurre a la violencia
para solucionar algunos de los problemas más difíciles -el aborto para
embarazos difíciles, la pena de muerte para combatir el crimen, la eutanasia y
el suicidio asistido para hacer frente a las inconveniencias de la edad y la
enfermedad?
Creemos que cada candidato,
programa y plataforma poltíica debieran ser sopesados según cómo afectan a la
persona humana; si exaltan o no la vida humana, la dignidad y los derechos
humanos; y cómo promueven el bien común.
Un llamado a los
ciudadanos comprometidos
Una de nuestras mayores ventajas en
los Estados Unidos es nuestro derecho y responsabilidad a participar en la vida
cívica. La Constitución protege el derecho de los individuos y de las entidades
religiosas a expresarse sin interferencia gubernamental, inhabilitación o
sanción. Cada vez más, es aparente que los asuntos públicos de mayor
trascendencia tienen claras dimensiones morales y que los valores religiosos
tienen consecuencias públicas de gran significado. Nuestra nación se enriquece y
nuestra tradición pluralista crece cuando grupos religiosos contribuyen al
debate sobre las políticas que rigen la nación.
Como obispos, no es sólo nuestro
derecho como ciudadanos sino nuestra responsabilidad como maestros religiosos
dar a conocer las dimensiones morales de la vida pública. Como miembros de la
comunidad católica, entramos en el foro público para obrar de acuerdo con
nuestras convicciones morales, poner nuestra experiencia al servicio de los
pobres y desamparados, y aportar nuestros valores al diálogo sobre el futuro de
nuestra nación. Los católicos son llamados a ser una comunidad de conciencia
dentro de la sociedad en general y poner a prueba la vida pública con la
sabiduría moral anclada firmemente en la Sagrada Escritura y consistente con los
mejores ideales que fundamentan nuestra nación. Nuestro marco moral no
corresponde fácilmente a las categorías de derecha o izquierda, demócratas o
republicanos. Nuestra responsabilidad es analizar cada partido y plataforma
según cómo sus programas afectan la vida y la dignidad humana.
Jesús nos pidió que amáramos a
nuestro prójimo dando de comer al hambriento, vistiendo al desnudo, cuidando a
los enfermos y afligidos y confortando a las víctimas de la injusticia.(2) El
ejemplo de nuestro Señor y sus palabras reclaman una vida de caridad por parte
de cada uno de nosotros. Todavía más, implican acción a escala más amplia en
defensa de la vida, la consecución de la paz, el apoyo al bien común y en
oposición a la pobreza, el hambre y la injusticia. Dicha acción implica a las
instituciones y estructuras de la sociedad, la economía y la política. Como el
Papa Juan Pablo II escribió en su reciente exhortación al pueblo americano
asentado en este hemisferio:
Por ello, convertirse al
Evangelio para el Pueblo cristiano que vive en América, significa revisar
"todos los ambientes y dimensiones de su vida, especialmente todo to que
pertenece al orden social y a la obtención del bien común". De modo particular
convendrá "atender a la creciente conciencia social de la dignidad de cada
persona y, por ello, hay que fomentar en la comunidad la solicitud por la
obligación de participar en la acción política según el Evangelio".(3)
Para los católicos, la virtud
pública es tan importante como la privada en la reconstrucción del bien común.
En la tradición católica, la ciudadanía responsable es una virtud; la
participación en el proceso politico es una obligación moral. Todo creyente está
llamado a formar parte de una ciudadanía responsable, a ser un participante
informado, activo y serio en el proceso politico. Como dijimos hace un año:
"Animamos a
todos los ciudadanos, especialmente a los católicos, que consideren su
ciudadanía no sólo como un deber y un privilegio, sino como una oportunidad para
participar [más plenamente] con gran sentido en la edificación de la cultura de
la vida. Todas las voces cuentan en el foro público. Todos los votos cuentan.
Todos los actos de ciudadanía responsable son un ejercicio de Bran valor
individual".(4)
Valores católicos
en el terreno público
Nuestra comunidad de
fe aporta tres valores fundamentales a estos retos.
Un marco moral consistente
La Palabra de Dios y las enseñanzas
de la Iglesia nos dan una especial visión del mundo. Las Escrituras nos llaman a
"escoger la vida", a servir a "los más pequeños", a tener "hambre y sed" de
justicia y a ser "artesanos de la paz". Jesús nos llamó a ser "levadura" de la
sociedad, la "sal de la tierra... [y] la luz del mundo".(5)
La enseñanza católica ofrece un
consistente conjunto de principios morales para evaluar cuestiones, plataformas
y campañas. Debido a nuestra fe en Jesucristo, empezamos con la dignidad de la
persona humana. Nuestra enseñanza nos incita a proteger la vida humana desde la
concepción hasta el momento de la muerte natural, a defender al pobre y al
desamparado, y a trabajar a favor de una sociedad más justa y un mundo con más
paz. Como católicos, no tenemos la libertad para deshacernos de niños que están
por nacer simplemente porque se los considera no queridos o un estorbo; para dar
la espalda al emigrante por su falta de documentos legales; para alejarnos de
las mujeres y niños pobres por su carencia de poder politico o económico. Así
como tampoco podemos descuidar nuestras responsabilidades internacionales por el
mero hecho de que la Guerra Fría ha terminado. Para nosotros, las obligaciones
de ciudadanía emanan de los principios del Evangelio y de las enseñanzas de la
Iglesia. Ni las encuestas de opinión ni los grupos de presión pueden apartarnos
de nuestra responsabilidad de hablar por aquellos que no tienen voz, de actuar
de acuerdo con nuestras convicciones morales.
Experiencia diaria
Nuestra comunidad también ofrece
una vasta experiencia de servicio a los necesitados. La comunidad
católica educa a los jóvenes, está al cuidado de los enfermos, da refugio a los
que no tienen vivienda, da de comer al hambriento, ofrece asistencia a las
familias necesitadas, acoge a los refugiados y presta atención y servicio a los
ancianos.(6) En defensa de la vida, nos acercamos a los niños, a los enfermos y
a los ancianos que necesitan ayuda, apoyamos a las mujeres con embarazos
difíciles y asistimos a aquellas afectadas por el trauma del aborto y la
violencia doméstica. En muchos asuntos, hablamos por aquellos que no tienen voz;
poseemos la habilidad práctica y la experiencia diaria para aportar
enriquecimiento al debate público.
Una comunidad de ciudadanos
La comunidad católica es
amplia y diversa. Somos republicanos, demócratas e independientes. Formamos
parte de todas las razas, nuestras raíces étnicas son innumerables y vivimos en
comunidades urbanas, rurales y de zonas suburbanas. Somos presidentes de
empresas y trabajadores emigrantes en granjas, senadores y personas que viven de
la hacienda pública, propietarios de negocios y miembros de sindicatos. Pero a
todos se nos solicita un compromiso común para proteger la vida humana y
defender a aquellos que son pobres y están desamparados. No podemos mostrarnos
indiferentes ni cínicos frente a las obligaciones como ciudadanos. Como votantes
y partidarios, candidatos y contribuyentes, tenemos la obligación de ser
levadura moral para nuestra democracia.(7)
El papel de la
Iglesia
Más allá de las responsabilidades
de cada católico, la Iglesia como institución tiene también un papel que
desempeñar en el orden politico. Esto incluye la educación de sus miembros
acerca de la enseñanza social católica, subrayando las dimensiones morales de la
política pública, la participación en debates sobre aquellos asuntos que afectan
al bien común y el dar testimonio del Evangelio a través de los muchos servicios
y organizaciones que ofrece la comunidad católica. Nuestros esfuerzos en este
particular no deben ser mal interpretados. La participación de la Iglesia en los
asuntos públicos no socava sino que enriquece el proceso politico y reafirma el
pluralismo genuino. Los líderes de la Iglesia tienen el derecho y la obligación
de compartir las enseñanzas de la Iglesia y de educar a los católicos sobre las
dimensiones morales de la vida pública para que puedan configurar sus
conciencias a la luz de su fe.
Como obispos, no pretendemos la
formación de un bloque votante religioso ni deseamos decir a las personas cómo
deben votar, favoreciendo u oponiéndonos a ciertos candidatos. Nuestro deseo es
que los votantes examinen los puntos de vista de los candidatos en la totalidad
de los temas al igual que su integridad, filosofía y actuación. Estamos
convencidos que una ética sólida de vida debe ser el marco moral a través del
cual analicemos el extenso surtido de cuestiones en el terreno politico.
Recomendamos encarecidamente a nuestros conciudadanos a mirar más allá de las
políticas partidistas, a analizar con criterio la retórica electoral y elegir a
sus líderes politicos de acorde con los principios, no sólo por afiliación al
partido o por el mero interés propio.(8)
Las próximas elecciones nos ofrecen
la oportunidad magnífica para dar un testimonio público y efectivo de nuestros
principios, experiencia y comunidad. Esperamos que las parroquias, diócesis,
escuelas y otras instituciones católicas fomenten la participación activa
mediante esfuerzos no partidistas para el registro de votantes y la educación
cívica.(9) Como católicos sentimos la necesidad de compartir nuestros valores,
alzar nuestras voces y hacer uso de nuestros votos para configurar una sociedad
que proteja la vida humana, favorezca la vida familiar, trabaje en pro de la
justicia social y practique la solidaridad. Estos esfuerzos fortalecerán nuestra
nación y renovarán nuestra Iglesia.
Temas de la
enseñanza social católica
El acercamiento católico a la
ciudadanía responsable empieza con los principios morales, no con las
plataformas de partidos. Las directrices para nuestro testimonio público se
encuentran en la Sagrada Escritura y en la enseñanza social católica. A
continuación se presentan los temas clave con más arraigo en nuestra tradición
social católica.(10)
Vida y dignidad de la persona
humana
Toda persona ha sido creada a
imagen y semejanza de Dios. La convicción de que la vida humana es sagrada y que
cada persona posee una dignidad inherente que debe ser respetada por la
sociedad, reposa en el corazón de la enseñanza social católica. Los llamamientos
para que prosperen los derechos humanos se desvanecen si el mismo derecho a la
vida es motivo de ataque. Creemos que toda vida humana es sagrada desde el
momento de su concepción hasta el momento de la muerte natural; que las personas
son más importantes que las cosas; y que el valor de cada institución consiste
en su capacidad para enriquecer o no la vida y la dignidad de la persona humana.
Llamado a la familia, a la
comunidad y a la participación
La persona humana no sólo es
sagrada sino, también, inherentemente social. Las instituciones establecidas por
Dios del matrimonio y la familia son fundamentales y son la base de la vida
social. Deben ser favorecidas y fortalecidas, no socavadas. Aparte de la
familia, cada persona time derecho a participar en la sociedad en general y al
mismo tiempo le corresponde el deber de trabajar para el avance del bien común y
del bienestar de todos, especialmente de los pobres y necesitados.
Derechos y deberes
Como seres sociales, nuestras
relaciones están regidas por una red de derechos con sus deberes
correspondientes. Cada persona time el derecho fundamental a la vida y un
derecho a obtener las cosas que le permitan hacerlo decentemente -fe y familia,
comida y ropa, cuidado médico y vivienda, educación y empleo. En la sociedad, en
su conjunto, aquellos que ejercen la autoridad tienen la obligación de respetar
los derechos humanos fundamentales de todas las personas. Asimismo, todos los
ciudadanos tienen la obligación de respetar los derechos humanos y de llevar a
cabo sus responsabilidades hacia sus familias, el prójimo y la sociedad en
general.
Alternativas para el pobre y el
desamparado
La Escritura nos enseña que Dios
time predilección por los pobres y desamparados.(11) Los profetas denunciaron la
injusticia hacia el pobre como una falta de fidelidad al Dios de Israel.(12)
Jesús que se identificó a sí mismo con los más pequeños,(13) vino a proclamar la
Buena Nueva a los pobres y nos dijo: "Dale al que to pida algo, y no le vuelvas
la espalda al que to solicite algo prestado".(14) La Iglesia nos pide a todos
que asumamos este amor preferencial por los pobres y los desamparados, que lo
hagamos patente en nuestras vidas y trabajemos para que configure las
prioridades y la política pública.
Dignidad del trabajo y los
derechos de los trabajadores
La economía debe estar al servicio
del pueblo, no al contrario. El trabajo es más que una manera de ganarse la
vida; es una forma continuada de participación en el acto de la creación de
Dios. El trabajo es un mode de satisfacer pane de nuestro potencial humane que
Dios nos ha dado. Si la dignidad del trabajo ha de protegerse, lógicamente los
derechos básicos de los trabajadores, propietarios y gerentes deben ser
respetados -el derecho al trabajo productivo, a unos salarios decentes y justos,
a organizar sindicatos y la pertenencia a ellos, a la iniciativa económica, y a
ser dueños de una propiedad privada.
Solidaridad
Debido a la interdependencia de
todos los miembros de la familia humana en el mundo entero, tenemos la
responsabilidad moral de comprometernos al logro del bien común en todos los
ámbitos: en las comunidades locales, en nuestra nación y en la comunidad de
naciones. Somos los guardianes de nuestros hermanos y hermanas, dondequiera que
se encuentren. Come el Papa Juan Pablo II dijo: "Todos somos verdaderamente
responsables de todos".(15)
Velar per la Creación de Dios
El mundo que Dios ha creado nos ha
sido confiado, el uso que hagamos de él debe ser fiel al plan de Dios cuando lo
creó y no simplemente para nuestro beneficio. Nuestra administración de la
tierra es una forma de participación en el acto de Dios de crear y sustentar el
mundo. En el uso que hagamos de la creación, debemos considerar el bienestar de
los otros, no sólo en el mundo entero sino teniendo presente las generaciones
futuras y guiarnos per un respeto a la valía y belleza intrínsecas de todas las
criaturas de Dios.
Prioridades morales
en la Vida pública
Nos gustaría sugerir algunos temas
que consideramos esenciales al debate nacional durante el año 2000 y los que le
siguen. Estos no conciernen sólo a los católicos; en cada caso, formamos una
unión con otros para abogar por estos asuntos. Estos breves resúmenes no
pretenden indicar en profundidad los detalles de las posturas que tomamos en
declaraciones anteriores sobre estos asuntos. Para un análisis más completo de
nuestras posiciones en éstos y otros asuntos relacionados con ellos,
recomendamos al lector estudiar los documentos que se detallan al final de
nuestra declaración.
Protección de la vida humana
La vida humana es un don de Dios,
sagrado e inviolable. Esta es la enseñanza que nos conmueve a proteger y
respetar toda vida humana desde su concepción hasta su muerte natural. Debido a
que cada persona es creada a imagen y semejanza de Dios, tenemos la obligación
de defender la vida humana en todas sus etapas y en cualquier condición. Nuestro
mundo no carece de amenazas hacia la vida humana. Observamos con horror la
mortífera violencia de las guerras, el genocidio y la inanición masiva en otras
tierras, y niños muriendo por la falta de un adecuado cuidado médico. No
obstante, tal como señalamos en nuestro informe de 1998, Vivir el Evangelio
de la Vida: "... el aborto y la eutanasia se han convertido en amenazas
constantes a la dignidad humana porque atacan directamente a la vida misma, el
más fundamental de los bienes humanos y la condición para todos los demás".(16)
El aborto, la matanza deliberada de un ser humano antes de nacer, nunca puede
ser aceptable moralmente. Quitar la vida decididamente mediante el suicido
asistido y la eutanasia no es nunca un acto de misericordia, sino un rialto
injustificado de la vida humana. Al evaluar nuestra obligación de proteger la
vida humana: "Debemos empezar con el compromiso de nunca matar
intencionalmente, ni participar en la matanza de cualquier vida humana inocente,
no importa lo defectuosa, mal formada, minusválida o desesperada que
parezca".(17)
Urgimos a los católicos, y a todos,
a promover leyes y normas sociales que protejan la vida humana y exalten la
dignidad humana hasta el máximo posible. Las leyes que legitiman el aborto, el
suicidio asistido y la eutanasia son injustas y erróneas. Nosotros estamos a
favor de una protección constitucional a la vida humana que está por nacer, así
como de esfuerzos legislativos para una oposición al aborto y la eutanasia.
Buscamos la aprobación de leyes y programas que promuevan el nacimiento y la
adopción frente al aborto, y ofrezcan asistencia a mujeres embarazadas y a
niños; al igual que, apoyen la ayuda para que aquellos que están enfermos y
agonizantes puedan recibir un efectivo cuidado paliativo. Hacemos un llamado a
nuestro gobierno y a los
investigadores médicos para que
basen sus decisiones sobre la biotecnología y la experimentación humana en el
respeto por la dignidad y la inviolabilidad inherentes a la vida humana desde el
mismo momento de su concepción.
La Iglesia siempre ha intentado que
los conflictos, en y entre naciones, sean resueltos por medios pacíficos. Las
enseñanzas de la Iglesia nos llaman a evitar y a limitar los efectos de las
guerras de muchas diferentes maneras. Los ataques directos e intencionales
contra la población civil en caso de guerra, nunca son moralmente aceptables, ni
lo es el uso de armamento para la destrucción masiva u otras armas que no pueden
distinguir entre civiles o militares.
Guerras, genocidios y hambrunas
amenazan la vida de millones de personas en todo el mundo. Alentamos programas y
políticas que favorezcan la paz y el desarrollo sostenible para los
pobres del mundo. Urgimos a nuestra nación a que suscriba el tratado que prohibe
las minas antipersonales y que ratifique con prontitud el Tratado sobre la
Prohibición de las Pruebas Nucleares como un paso hacia adelante en el recorte
más efectivo y la eventual eliminación de las armas nucleares. Además, urgimos a
nuestra nación a tomar medidas serias para reducir su papel desproporcionado en
la vergonzosa venta mundial de armamentos que aumenta los conflictos
violentos en el mundo entero.
La sociedad time el derecho y la
obligación de defenderse contra el crimen violento y la obligación de atender a
las víctimas del crimen. A pesar de ello, nuestra creciente confianza en la
pena de muerte es extremadamente preocupante. El respeto por la vida humana
debe incluir el respeto por la vida de aquellos que han quitado la vida de
otros. Se ha visto claramente, como el papa Juan Pablo II ha proclamado, que
infligir la pena de muerte es cruel e innecesario. El antídoto a la violencia es
no más violencia. Como parte de nuestro compromiso de pro-vida, apoyamos las
medidas para combatir el crimen violento siempre que respeten la dignidad de la
persona humana, pedimos a nuestra nación que abandone el use de la pena capital.
El respeto por la dignidad humana es el primer paso necesario en la construcción
de una civilización de vida y amor.
Promoción de la vida familiar
Dios instituyó la familia como la
célula básica de la sociedad humana. En consecuencia, debemos esforzarnos para
que las necesidades y todo lo concerniente a las familias sean la prioridad
nacional por excelencia. El matrimonio tal como Dios lo concibió, constituye el
fundamento primordial de la vida familiar y necesita ser protegido frente a las
muchas presiones que poco a poco van minándolo. Impuestos, centros de trabajo,
divorcio y asistencia social deberían diseñarse para ayudar a mantener la
integridad de la familia y para valorar las responsabilidades y sacrificios por
los niños. Debido a que los factores financieros y económicos tienen un impacto
importante en el bienestar y la estabilidad de la familia, es preciso que
salarios justos sean pagados a aquellos que mantienen a sus familias y que se
hagan los esfuerzos necesarios para ayudar a las familias pobres.
La educación de los niños es
una responsabilidad fundamental de los padres. Los sistemas educativos pueden
favorecer o socavar los esfuerzos de los padres en la educación y crianza de sus
hijos. Ningún modelo o método educativo se ajusta a las necesidades de todas las
personas. Todos los padres -los primeros y más importantes educadores- deberían
tener la oportunidad de ejercitar su derecho básico a elegir la educación más
adecuada a las necesidades de sus hijos. Especialmente a las familias de
recursos modestos no se les debiera impedir la posibilidad de elección debido a
su posición económica. Donde sea necesario, el gobierno debería ofrecer ayuda
proveyendo de los recursos apropiados para los padres tener la posibilidad de
ejercer los derechos básicos sin discriminación alguna. En defensa de los
esfuerzos de los padres a ejercer sus principios básicos, estamos convencidos
que es factible el logro de un consenso nacional para que los estudiantes,
dondequiera que estén, tengan oportunidades para una formación moral y
espiritual que complemente su desarrollo intelectual y físico.
Los medios de comunicación
juegan un papel cada vez más importante en la sociedad y en la vida
familiar. Los principios de nuestra cultura se configuran y comparten en la
prensa escrita y en la radio, televisión a Internet. Debemos mantener un
equilibrio entre la libertad de expresión y el interés por el bien común
promoviendo regulaciones que protejan a niños y familias. En años recientes, la
reducida regulación gubernamental ha disminuido los estándares, abierto la
puerta a un aumento del material ofensivo y restringido programas no-comerciales
y religiosos.
No obstante, emisoras de radio y
televisión, televisión por cable y satélite están sujetas a ciertas regulaciones
del gobierno. Estamos a favor de una regulación que limite la concentración de
control sobre estos medios de comunicación; que rechace la venta relámpago de
estos medios que atraen a compradores irresponsables a la búsqueda de rápidos
beneficios; y que abra estos medios a una más amplia variedad de fuentes de
programación incluyendo la programación religiosa. Apoyamos el desarrollo del
sistema de televisión de los indices de audiencia y de la tecnología que permite
a los padres supervisar lo que sus hijos ven.
El Internet ha creado beneficios y
problemas. Debido a que ofrece una extensa gama de posibilidades para el
aprendizaje y la comunicación, esta tecnología debería estar al alcance de todos
los estudiantes sea cuál fuere su situación económica. No obstante, como supone
un serio peligro por su fácil acceso a material pornográfico y violento, pedimos
encarecidamente la aplicación rigurosa de las leyes existentes sobre obscenidad
y la pornografía infantil, así como, apoyamos los esfuerzos de la industria del
sector a ayudar a los padres, escuelas y bibliotecas bloqueando el acceso a
material indeseable.
Búsqueda de la justicia social
En armonía con el plan de Dios para
la sociedad humana, somos llamados a comprometernos a proteger y promover la
vida y dignidad humana de la persona y a la consecución del bien común de la
sociedad en su conjunto. Debemos tener siempre presente el interés especial que
Dios mostró por los pobres y desamparados y hacer de sus necesidades nuestra
prioridad en la vida pública. Nos inquieta un amplio número de asuntos,
incluyendo la prosperidad y justicia económica, la reforma de la asistencia
social, la salud pública, la vivienda, la política agrícola, la educación y la
discriminación.
La enseñanza de la Iglesia sobre la
justicia económica hace hincapié en que las decisiones e instituciones
económicas sean contempladas por cómo salvaguardan o socavan la dignidad de la
persona humana. Apoyamos políticas que crean trabajos con salarios adecuados y
condiciones de trabajo favorables, que aumentan el salario mínimo convirtiéndolo
en un salario digno para vivir, y que rompen las barreras para que las mujeres y
las minorías tengan igualdad de oportunidades de empleo y salario. Reafirmamos
la enseñanza tradicional de la Iglesia en apoyo del derecho de todos los
trabajadores
a organizarse y pactar colectivamente y a ejercitar sus derechos sin miedo
a represalias. También afirmamos la enseñanza de la Iglesia en la importancia de
la libertad económica, la iniciativa y el derecho a la propiedad privada que
proveen las herramientas y los recursos necesarios para la consecución del bien
común.
Los esfuerzos para cubrir las
necesidades económicas imprescindibles de las familias pobres y sus hijos han de
enriquecer su vida y su dignidad. La meta debe ser reducir la pobreza y
la dependencia, no el recorte de recursos y programas. Buscamos métodos que
promuevan una mayor responsabilidad y ofrezcan puntos concretos para ayudar a
las familias a salir de la pobreza. Los intentos recientes para reformar el
sistema de asistencia social se han centrado en proporcionar trabajo productivo
y adiestramiento principalmente en empleos de bajo salario. Hasta que los nuevos
trabajadores encuentren trabajos con salarios que cubran su nivel de vida,
éstos se verán obligados a buscar otras formas de mantenimiento,
incluyendo créditos para sus impuestos, seguro médico, cuidado de los hijos y
vivienda digna y económica.
También nos preocupa la seguridad
en los ingresos de los trabajadores de salario bajo y medio, y de sus familias
en situaciones de jubilación, discapacidad o muerte. En muchos casos, las
mujeres son las que más desventajas tienen. Cualquier propuesta para cambiar el
sistema de Seguridad Social debe aportar un ingreso decente y seguro para
estos trabajadores y para aquellos que dependen de ellos.
Un sistema de salud
asequible y accesible es una protección esencial de la vida humana y un derecho
fundamental. Cualquier plan de reforma del sistema sanitario debe basarse en
valores que respeten la dignidad humana, protejan la vida y Sean apropiados a
las necesidades particulares de los pobres. Abogamos por un sistema médico que
sea económico y accesible a todos. Como parte de nuestros esfuerzos para
conseguir una auténtica reforma sanitaria, estamos a favor de las medidas para
reforzar "Medicare" y "Medicaid" y del trabajo para incrementar las medidas que
extienden la cobertura médica a niños, mujeres embarazadas, trabajadores,
emigrantes y otros grupos vulnerables de la población. Además, damos nuestro
apoyo a las políticas que ofrecen un cuidado efectivo y compasivo a aquellos que
sufren del SIDA y a aquellos que están haciendo frente a problemas de adicción.
La falta de una vivienda
digna y económica es un problema nacional. Apoyamos un nuevo compromiso a la
promesa nacional de "vivienda digna y económica" para todos y políticas
efectivas que aumenten el abastecimiento de viviendas de calidad y preserven,
mantengan y mejoren las ya existentes. Promovemos asociaciones entre el sector
publico y privado y especialmente aquellas que implican comunidades religiosas.
Continuamos oponiéndonos a todo tipo de discriminación en cuestión de vivienda y
apoyamos medidas como el Decreto de Reinversión en la Comunidad (Community
Reinvestment Act) para ayudar a constatar que las instituciones financieras
cubren las necesidades de crédito de las comunidades locales en donde están
ubicadas.
La prioridad esencial de toda
política
agrícola debiera ser seguridad de alimentos para todos. Los
alimentos no son como cualquier otra artículo: son necesarios a imprescindibles
para la vida misma. Nuestro apoyo a los cupones para comida (food stamps), los
programas para mujeres, infantes y niños (WIC) y otros programas que
directamente benefician a los pobres y personas de bajos ingresos, se basa en
nuestra creencia de que nadie debe pasar hambre en una tierra de
abundancia. Aquellos que producen nuestros alimentos deben poder vivir
decentemente y mantener su forma de vida. Los granjeros merecen una recompensa
justa por su trabajo. Nuestra preocupación prioritaria por los pobres nos lleva
a abogar especialmente por las necesidades de los trabajadores del campo cuya
paga es, con frecuencia, inadecuada y cuya vivienda y condiciones de trabajo son
a menudo deplorables. Muchos trabajadores del campo están indocumentados y son
particularmente vulnerables a la explotación. Urgimos también, que las políticas
públicas favorezcan el ejercicio de una agricultura sostenible y una
administración cuidadosa de la tierra y sus recursos naturales.
El cuidado de la tierra y el
medio ambiente es un "desafío moral" según palabras del Papa Juan Pablo
II.(18) Estamos a favor de las políticas que protegen la tierra, el agua y el
aire que compartimos, y favorecen la protección del medio ambiente y el
desarrollo sostenible, y también lo estamos de una mayor justicia cuando se
trata de compartir la responsabilidad por el descuido y la reconstrucción
ambiental
El mandamiento del Evangelio de
amar al prójimo y acoger al extraño lleva a la lglesia a atender a los
inmigrantes tengan o no los documentos en regla. Solicitamos protección
básica para los inmigrantes, incluyendo los derechos oportunos en los trámites
necesarios, acceso a los beneficios públicos primordiales y oportunidades justas
de naturalización y legalización. Nos oponemos a las medidas para refrenar la
inmigración que no contemplan con efectividad las causas desde su raíz y
permiten la continuación de la injusticia política, social y económica que la
produce.
Todas las personas, por el
principio de su dignidad como personas humanas, tienen el derecho inalienable a
recibir una educación de calidad. Debemos asegurarnos que la gente joven
de nuestro país, especialmente los más pobres y desamparados, estén
adecuadamente preparados a ser buenos ciudadanos, a desarrollar vidas
productivas y a ser social y moralmente responsables en el mundo avanzado
tecnológicamente del siglo XXI. Esto requiere un ambiente organizado, justo,
respetuoso y exento de violencia donde se disponga de recursos profesionales y
de material adecuados. Apoyamos las iniciativas que proveen la base necesaria
para educar a los niños sea cuál sea la escuela a la que van o la condición
personal en la que se encuentran. También damos nuestro apoyo a que se les dé a
los profesores y administradores un salario y beneficios que reflejen los
principios de justicia económica y, además, que se provea a los profesores de
los resortes necesarios para estar académica y personalmente preparados para
afrontar los cometidos críticos que se presenten. Como una cuestión de justicia,
creemos que cuando los servicios que han sido concebidos con la intención de
mejorar el medio educativo -especialmente para aquellos con mayor riesgo- están
a disposición de los estudiantes y profesores de escuelas públicas, también
estos servicios deberían estar a disposición de las escuelas privadas y
religiosas.
Nuestras escuelas y nuestra
sociedad en general deben afrontar la creciente "cultura de violencia". La
preocupación sobre la violencia, nos lleva a promover un mayor sentido de
la responsabilidad moral, a pedir una reducción de la violencia en los medios de
comunicación, a defender medidas que recorten el uso de armas de fuego y que
restrinjan razonablemente el acceso a todo tipo de armas de rialto, y a
oponernos a la pena de muerte.
Nuestra sociedad debe además
combatir la discriminación basada en sexo, raza, etnia o edad. Dicha
discriminación constituye una grave injusticia y una afrenta a la dignidad
humana y debe ser firmemente combatida. Donde los efectos de una discriminación
pasada persisten, la sociedad tiene la obligación de dar todos los pasos
necesarios para reparar y superar el legado de injusticia. Apoyamos los
programas de acción afirmativa siempre que sean administrados con prudencia y
come resortes para paliar y acabar con la discriminación y sus efectos
continuados.
Práctica de la solidaridad global
Puesto que la familia humana se
extiende a lo largo y ancho del globo terrestre, nuestra responsabilidad de
promover el bien común requiere que hagamos todo lo necesario para afrontar los
problemas humanos dondequiera que surjan en el mundo. Como nación extremadamente
rica y poderosa, los Estados Unidos tiene la responsabilidad de ayudar al pobre
y desamparado, promover la prosperidad economica global y del medio ambiente,
fomentar las relaciones estables y pacíficas entre las naciones y salvaguardar
los derechos humanos en la comunidad mundial. En orden a conseguir estas metas,
urgimos a los Estados Unidos a procurar lo siguiente:
- La cancelación de la deuda
para superar la pobreza en los países mas pobres que se ven subyugados por el
peso de una deuda que les fuerza a guitar los escasos recursos de que disponen
a la salud, la educación y otros servicios esenciales.
- Un papel de liderazgo para
ayudar a aliviar la pobreza mundial mediante programas de ayuda
exterior que promuevan un desarrollo sostenible y provean nuevas oportunidades
para los pobres sin recurrir a la promoción del control de la población, y
mediante políticas de intercambio basadas en la protección de los
trabajadores, los derechos humanos y el interés por el medio ambiente.
- Una puesta en marcha de más
esfuerzos concertados para asegurar la promoción de la libertad religiosa
y otros derechos humanos básicos como parte integral de la política
exterior de los Estados Unidos.
- Una ayuda financiera y
diplomática más consistente por parte de las Naciones Unidas y otras
entidades internacionales, y una ley internacional, para que estas
instituciones sean agencias más efectivas, responsables y motivados a resolver
los problemas mundiales.
- Protección a las personas que
huyen de la persecución y a quienes se les debe ofrecer refugio seguro en
otros países, incluyendo Estados Unidos. En la protección de los refugiados
se debe mostrar especial consideración por los grupos más vulnerables,
incluyendo niños sin acompañantes, mujeres solteras y mujeres cabeza de
familia, y minorías religiosas. Debe concederse asilo a todo refugiado que
sostenga un miedo fundado de persecución y represalias en su país de origen.
- Una política más altruista hacia
la inmigración y los refugiados basada en la provisión de un refugio
seguro, temporal o permanente, para aquellos en necesidad; protegiendo a los
trabajadores inmigrantes de la explotación; favoreciendo la reunificación
familiar; protegiendo el derecho de todas las personas a regresar a sus países
de origen; asegurando que los inmigrantes gocen de beneficios públicos y de un
proceso justo y eficiente en la obtención de la ciudadanía disponible para
epos; concediendo a todos los inmigrantes una total protección amparada en las
leyes estadounidenses; y contemplando el origen de las causas de la
emigración.
- Un papel afirmativo, en
colaboración con la comunidad internacional, en la confrontación de los
conflictos regionales desde el Oriente Medio y los Balcanes, hasta África,
Colombia y Timor Oriental. La prestación de ayuda en la resolución de estos
conflictos, debe incluir un compromiso de apoyo a las fuerzas de paz
internacionales y a los esfuerzos continuados de la reconstrucción a largo
plazo una vez finalizado el conflicto.
Construir la paz, combatir la
pobreza y la desesperación, y proteger la libertad y los derechos humanos no son
sólo imperativos morales, son acertadas prioridades nacionales. Dado su enorme
poder a influencia en el mundo, los Estados Unidos tiene la especial
responsabilidad de asegurar que existe una fuerza para implementar la justicia y
la paz más allá de sus fronteras. "Libertad y justicia para todos" no es
únicamente una promesa nacional profunda, es una meta de gran valor para
cualquier líder mundial.
Conclusión
Deseamos que estas reflexiones
contribuyan a una vitalidad política renovada en nuestra tierra. Urgimos a todos
los ciudadanos a registrarse, votar y mantenerse activos en la vida pública,
buscando el bien común y revitalizando nuestra democracia.
El llamamiento a la ciudadanía
responsable suscita una cuestión fundamental. ¿Qué significa ser un creyente y
un ciudadano en el año 2000 y años posteriores? Como católicos, podemos celebrar
el Gran Jubileo comprometiéndonos nuevamente a ser portadores de los principios
del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia dentro del foro público. Como
ciudadanos, podemos y debemos participar en los debates y alternativas sobre
los valores, visión y líderes que configurarán nuestra nación en el siglo
venidero. Este doble llamado a la responsabilidad y ciudadanía está en el centro
de lo que significa ser católico en Estados Unidos mientras aguardamos con
esperanza el inicio del nuevo milenio.
Principales
declaraciones católicas sobre la vida pública y los asuntos morales
Los siguientes documentos exploran
con más detalles los temas de la política pública que se analizan en
Ciudadanos comprometidos.
Protección de la vida humana
Vivir el Evangelio de la vida:
Reto a los católicos estadounidenses, 1998*
Fidelidad por toda la vida:
Reflexión moral, 1995*
Resolution on Abortion,
1989, sólo en inglés.
Pastoral Plan for Pro-Life
Activities: A Reaffirmation, 1985, * sólo en inglés.
Documentation on the Right to
Life and Abortion, 1974, 1976, 1981,* sólo en inglés.
Sowing Weapons of War: A
Pastoral Reflection on the Arms Trade and Landmines, 1995,* sólo en inglés.
Frutos de justicia se siembran
en la paz, 1993*
A Report on the Challenge of
Peace and Policy Developments 1983-1989, 1989, sólo en inglés.
The Challenge of Peace: God's
Promise and Our Response, 1983,* sólo en inglés.
Síntesis del Desafío de la Paz,
versión corta en español.
Welcome and Justice for Persons
with Disabilities, 1999,* sólo en inglés.
Nutrition and Hydration: Moral
and Pastoral Reflections, 1992,* sólo en inglés.
NCCB Administrative Committee
Statement on Euthanasia, 1991, sólo en inglés.
* Se pueden
obtener de National Conference of Catholic Bishops/United States Catholic
Conference. Para pedirlos, llame al 800-235-8722.
Pastoral Statement of U.S.
Catholic Bishops on Persons with Disabilities, 1989,* sólo en inglés.
Llamado del Viernes Santo para
abolir la pena de muerte, 1999*
Confrontando la cultura de la
violencia: Marco católico para la acción, 1995*
Statement on Capital Punishment,
1980,* sólo en inglés.
Community and Crime, 1978,*
sólo en inglés.
Promoción de la familia
Family Guide for Using Media,
1999,* sólo en inglés.
Renovar la mentalidad de los
medios de comunicación: Declaración para vencer la explotación del sexo y la
violencia en las comunicaciones, 1998*
Statements and Testimony by the
USCC Department of Communications Before Congress and the Federal Communications
Commission, sólo en inglés.
Compartiendo la enseñanza social
católica: Desafíos y rumbos, 1998*
Principles for Educational
Reform in the United States, 1995,* sólo en inglés.
In Support of Catholic
Elementary and Secondary Schools, 1990,* sólo en inglés.
Value and Virtue: Moral
Education in the Public School, 1988,* sólo en inglés.
Sharing the Light of Faith:
National Catechetical Directory for Catholics of the United States, 1979,*
sólo en inglés; la edición en español está agotada.
To Teach As Jesus Did: A
Pastoral Message on Catholic Education, 1972,* sólo en inglés.
Siempre serán nuestros hijos: Un
mensaje pastoral a los padres con hijos homosexuales y sugerencias para agentes
pastorales, 1997*
Caminen en la luz: Una respuesta
pastoral al abuso sexual de menores, 1995*
Sigan el camino del amor:
Mensaje pastoral de los obispos católicos de EE. UU. a las familias, 1993*
Cuando Pido Ayuda: Respuesta
pastoral a la violencia doméstica contra las mujeres, 1992*
Putting Children and Families
First: A Challenge for Our Church, Nation, and World, 1992,* sólo en inglés;
la edición en español está agotada.
A Family Perspective in Church
and Society: A Manual for All Pastoral Leaders, 1988*' sólo en inglés.
Búsqueda de la justicia social
A Commitment to All Generations:
Social Security and the Common Good, 1999,* sólo en inglés.
Cristianos de cada día: tienen
hambre y sed de justicia, 1998*
Ethical and Religious Directives
for Catholic Health Care Services, 1995,* sólo en inglés.
Una familia en Dios, 1995*
Confrontando la cultura de la
violencia: Marco católico para la acción, 1995*
Moral Principles and Policy
Priorities for Welfare Reform, 1995,* sólo en inglés.
Frutos de justicia se siembran
en la paz, 1993*
A Framework for Comprehensive
Health Care Reform, 1993,* sólo en inglés.
Renewing the Earth: An
Invitation to Reflection and Action on Environment in the Light o f Catholic
Social Teaching,
1992,* sólo en inglés.
Putting Children and Families
First: A Challenge for Our Church, Nation, and World, 1992,* sólo en inglés.
New Slavery, New Freedom: A
Pastoral Message on Substance Abuse, 1990, sólo en inglés.
Brothers and Sisters to Us,
1989,* sólo en inglés.
Relieving Third World Debt: A
Call for Co-responsibility, Justice, and Solidarity, 1989,* sólo en inglés.
Food Policy in a Hungry World:
The Links That Bind Us Together, 1989,* sólo en inglés.
Called to Compassion and
Responsibility: A Response to the HIV/AIDS Crisis, 1989,* sólo en inglés.
Homelessness and Housing: A
Human Tragedy, A Moral Challenge, 1988,* sólo en inglés.
Economic Justice for All,
1986,* sólo en inglés; la edición en español está agotada.
Ejercicio de la solidaridad
mundial
Un llamado jubilar para cancelar
las deudas, 1999*
Llamado a la solidaridad
mundial: Retos internacionales para las parroquias de EE.UU., 1998*
Sowing Weapons of War: A
Pastoral Reflection on the Arms Trade and Landmines, 1995,* sólo
en inglés.
Una familia en Dios, 1995*
Frutos de justicia se siembran
en la paz, 1993*
War in the Balkans: Moral
Challenges, Policy Choices, 1993 , sólo en inglés.
Statements on South A frica,
1993, 1994, sólo en inglés.
Refugees: A Challenge to
Solidarity,
1992, sólo en inglés.
The New Moment in Eastern and
Central Europe, 1990, sólo en inglés.
Toward Peace in the Middle East,
1989, sólo en inglés.
Relieving Third World Debt,
1989,* sólo en inglés.
USCC Statement on Central
America,
1987, sólo en inglés.
Notas
- Desde 1975 la conferencia de
obispos de los Estados Unidos ha llevado a cabo una reflexión sobre
"responsabilidad política" en anticipación a cada elección presidencial. Esta
declaración sigue con esta tradición. Es un resumen de las enseñanzas
católicas sobre la vida pública y sobre temas morales importantes. Estas
reflexiones se basan en declaraciones anteriores sobre la responsabilidad
política e incluyen temas de varias declaraciones recientes de los obispos
como Vivir el Evangelio de la Vida y Cristianos de cada día. Para dar un mayor
sentido a las enseñanzas católicas sobre estas materias, hacemos una lista de
las declaraciones católicas más importantes al final de estas reflexiones.
- Mt 25:31-46.
- Juan Pablo II, La Iglesia en
América (Ecclesia in America) (Washington, D.C.: United States Catholic
Conference, 1999), no. 27.
- United States Catholic
Conference, Vivir el Evangelio de la Vida: Retos a los católicos de Estados
Unidos (Washington, D.C.: United States Catholic Conference, 1998), no. 34.
- Dt 30:19-20, Mt 25:40-45, Mt
5:3-12, Mt 13:33, Mt 5:13-16.
- La comunidad católica está
virtualmente presente en toda la nación, incluyendo casi 20,000 parroquias,
8,300 escuelas, 231 colegios postsecundarios y universidades, 900 hospitales y
centros para cuidados de la salud, y 1,400 agencias de Caridades Católicas. La
comunidad católica es la proveedora más grande de educación, cuidados de la
salud y servicios humanos en Estados Unidos.
- United States Catholic
Conference, Cristianos de cada día: tienen hambre y sed de justicia
(Washington, D.C.: United States Catholic Conference, 1998).
- United States Catholic
Conference, Vivir el Evangelio de la Vida.
- Puede obtener recursos diseñados
para ayudar las parroquias y diócesis a compartir el mensaje de cómo ser
ciudadanos fieles y organizar esfuerzos no partidistas para el registro de
votantes, programas educativos y de intercesión contactando a U.S. Catholic
Conference; para más información, Name al 800-235-8722.
- Para un análisis más completo de
estos tópicos vea el Catecismo de la Iglesia Católica y Compartiendo la
enseñanza social católica: desafíos y rumbos.
- Éx 22:20-26.
- Is 1:21-23; Jer 5:28.
- Mt 25:40-45.
- Mt 11:5; 5:42.
- Juan Pablo II, La
preocupación social de la Iglesia (Sollicitudo rei socialis)
(Washington, D.C.: United States Catholic Conference, 1987), no. 38.
- United States Catholic
Conference,
Vivir el Evangelio de la Vida, no. 5.
- Ibid, no. 21.
- Juan Pablo II, La crisis
ecológica: responsabilidad común, Mensaje para la Jornada Mundial de la
Paz de 1990 (Washington, D.C.: United States Catholic Conference, 1989).