¿Por qué está sonriendo Gosnell?

 

Fr. Frank Pavone

   
 

De las muchas lecciones para ser aprendidas del juicio de Kermit Gosnell, que he visto en la corte, una es que el aborto no sólo destruye a los bebés y a sus madres; destruye a los médicos que los realizan.

Muchos observadores del Dr. Gosnell se han maravillado de su compostura en la corte, y comentaron sobre sus aparentemente gentiles modales y su sonrisa. ¿Cómo puede ser este el mismo hombre, se preguntan, que está acusado de cortar la médula espinal de niños vivos y hacer una operación que ha matado a mujeres?

En definitiva, ¿qué pasa por la mente, el alma, de aquel que hace abortos?

Por décadas he examinado esta cuestión, he tenido reuniones y programas de sanación con ex abortistas y ex trabajadores de clínicas de abortos, y he colaborado con el Dr. Philip Ney, psiquiatra canadiense que ha hecho la mayor parte de la investigación de vanguardia en este tema. De hecho, en cuestión de semanas, volveré a traer un grupo de antiguos proveedores de aborto para un fin de semana de sanación.

El tratar de entender cómo una persona se mete en el negocio del aborto, y cómo sale, es una tarea fascinante y muchas veces atemorizante. Nos muestra cómo un ser humano puede desconectarse completamente de sus propias reacciones naturales de horror y aversión a matar, a partir de sus propias advertencias naturales de conciencia. No estamos hablando aquí de una convicción religiosa o de una doctrina. Estamos hablando de las respuestas más básicas, arraigadas en la naturaleza humana, que favorecen la preservación de uno mismo, de los demás y de la propia especie.

Lo que encontramos es la capacidad de hacer lo que el Dr. Gosnell supuestamente ha hecho.

Cada uno de nosotros tiene una barrera natural psicológica y física para matar a alguien. En circunstancias normales, no podemos ponernos a hacerlo. Esto es parte de nuestra humanidad. Matar es fácil cuando uno primero deshumaniza a la víctima. Los brabucones insultan antes de golpear a sus víctimas. Sin embargo, al deshumanizar a la víctima, el agresor se deshumaniza a sí mismo. Lo mismo sucede con los abortistas.

Lo que encontramos es que los abortistas normalmente comienzan la formación médica con grandes esperanzas de que van a ayudar a la humanidad. La mayoría de ellos, sin embargo, provienen de una infancia marcada con abuso o negligencia, y tienen una autoestima baja. Un honorable mentor puede hacerlos a un lado para mostrarles un aborto, y el proceso de deshumanización es acelerado tan pronto como el abortista en formación se niega a escuchar la voz de la conciencia. El Dr. Ney explica en su libro "Camino del Centurión": "Ellos sofocan la protesta natural, "no, tu no debe hacer eso," al igual que hicieron callar una protesta ante su propio maltrato. Una vez que han participado pasivamente en un aborto, deben comenzar a racionalizar para sí mismos por qué no protestaron."

El Dr. David Brewer, ex abortista, cuenta su historia: "Puedo recordar el día en que vi el primer aborto. Vi una pequeña cabecita, y un pedazo de pierna, y vi una pequeña manito, y vi un brazo. Sabes, fue como si alguien pusiera un atizador caliente en mí. Yo tenía conciencia y ese dolía. Esa fue una experiencia emocionalmente muy difícil por la que tuve que pasar. Así que hice lo que muchos de nosotros hacemos a través de nuestra vida, no hacemos nada. No hablé con nadie al respecto y ¿sabes qué pasó? Tuve que ver otro aborto. ¿Sabes qué? Ese también me dolió. Pero seguí viendo abortos, y cada vez me fueron doliendo menos. ¿Sabes lo que pasó después? Me tuve que sentar y hacer uno. El primero que hice fue un poco difícil. Era como lastimarme otra vez con un hierro caliente. Pero después de un tiempo, llegó a un punto donde ya no me dolió" (Testimonio " Conozca a los Proveedores de Aborto " en la conferencia en Chicago).

El Dr. Bernard Nathanson, quien puso en marcha la industria del aborto en Estados Unidos, abortó incluso a su propio hijo, y escribe sobre cómo se sintió. "Te juro que no tenía otros sentimientos aparte de la sensación de logro, el orgullo de la experiencia. Al inspeccionar el contenido de la bolsa, sólo sentí la satisfacción de saber que había hecho un buen trabajo" ("La Mano de Dios").

Así que, no me sorprende en absoluto que el Dr. Gosnell esté fresco, tranquilo y sereno, hasta sonriente al escuchar a los que lo acusan de asesinato. El aborto destruye a los abortistas.