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Cuántos más hijos, más amor

 

Fr. Frank Pavone
National Director of Priests for Life

   
  Monday, June 03, 2002

   
 

La Sra. Lucille Dippolito entiende de familias numerosas. Es madre de veinte hijos. Y no se podría encontrar nadie mas feliz que ella. Cuando uno conversa con ella, uno encuentra una sabiduría que desafía los disparates de la cultura de la muerte.

"Le digo a la gente (después de haber tenido un cierto número), "estoy jubilada." Tengo uno que lava la ropa, otro que cocina; se turnan en las tareas."

La Sra. Dippolito se dió cuenta rápidamente que muchos miembros en la familia no implican más trabajo que hacer, sino más para trabajar. También significa más amor para dar. Como ella explica: "Cuando llego el número diecinueve, la familia le dió amor. Recibió tanto amor de la familia. ¡Si fuera el hijo único, nunca hubiera tenido tanto amor! Una madre solo puede dar una cierta cantidad de amor. Cuando uno tiene una familia numerosa, los hijos reciben toda clase de amor de sus hermanos y hermanas. ¡No hay nada más alegre que un bebé!

No es el tamaño, por supuesto, lo que acarrea la virtud a una familia. Es la manera en que los miembros de la familia ven sus relaciones con cada uno, y con sus tareas diarias. La familia Dippolito conoce el valor cristiano del trabajo y la forma en la que este forja a la persona humana. La Sra. Dippolito me dijo, "Cada hijo tenía una responsabilidad. Faenábamos nuestra propia carne, teníamos una vaca lechera. Era una pequeña granja de diez acres. Un sacerdote amigo solía preguntarnos: "¿Hay algo en esta casa que no sea casero?" [Hacían su propia manteca, y velas para el altar.] Algunos de los talentos que tienen los han aprendido de los abuelos. Yo coso, pero ahora mis hijos hacen ropa para mi. ¡Yo les di, pero mire lo que ahora recibo!"

Esta actitud se contrapone con la mentalidad de "darles a sus hijos todo lo que quieran", para la que la Sra. Dippolito reserva estas palabras: "¡No, eso es lo peor que uno podría hacer! Proveer todo lo que su corazón desea, eso es absolutamente incorrecto. Tienen que desarrollar sus talentos. Hacer es aprender. Tienen que ser hacedores... Esta es la ley de la familia: se aprende haciendo. Al trabajar por algo se lo respeta. Cuanto uno mas da, mayor es la felicidad; eso es lo que hay que enseñarle a los hijos."

La Sra. Dippolito comenta la alegría que tiene por sus hijos. "Verlos crecer, ver las cosas que nos devuelven. Verlos convertirse en buenos ciudadanos. Mi hija es enfermera y me ha ayudado a traer gente de regreso a la vida. ¡Mire las grandes alegrías! Uno los ve dar el primer paso, decir su primera palabra. ¡Esas son cosas que el dinero no puede comprar!

Las bendiciones superan contadamente las penas. El mundo se revuelca en las penas. Todo conlleva dolor y alegría. Uno tiene que tomar lo dulce con lo amargo. ¡Todavía no estamos en el cielo!

La próxima vez que oiga a alguien decir, "Dos hijos son más que suficiente," cuéntele la historia de la Sra. Dippolito.

   
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