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Navidad, los cristianos y Cristo

 

Fr. Frank Pavone
National Director, Priests for Life

   
  Monday, December 19, 2011

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Hace algunos años, le pidieron a un grupo de estudiantes que escribieran algo sobre el significado de la Navidad. Un estudiante escribió: “Navidad es cuando los cristianos celebran a Cristo.” Al maestro le gustó el trabajo, pero le pidió al estudiante que cambiara esa oración por “Navidad es cuando la gente celebra el amor.”

Algunos se preguntarán cuál es la diferencia. Después de todo, los cristianos son gente y Cristo es amor. 

Sin embargo, hay una diferencia, y esa diferencia es tan profunda que si la ignoramos, ignoramos el significado de la Navidad y de Cristo. 

Por supuesto que los cristianos son gente. Pero no toda la gente es cristiana. Ser cristiano es mucho más que ser buena persona. Se trata de convertirse en una nueva persona, compartiendo un nuevo tipo de vida – la vida misma de Dios. La Navidad no es simplemente el nacimiento de un niño, es el nacimiento de una nueva humanidad. Todos mueren en Adán, en Cristo todos vuelven a la vida. Por la fe y el bautismo somos partícipes de la naturaleza divina. En cada misa, el sacerdote dice: “El agua unida al vino sea signo de nuestra participación en la vida divina de quien ha querido compartir nuestra condición humana,” mientras agrega unas pocas gotas de agua al vino. De eso se trata la Navidad. San Agustín dijo “Dios se hizo hombre para que el hombre pueda ser Dios.” 

Hoy en día es común que las predicaciones pierdan de vista esta dimensión fundamental del Evangelio. Por eso existe el riesgo de que la gente vea la Navidad simplemente como un momento para celebrar, para dar, estar en familia y desear paz en la tierra. Se trata de eso, pero solamente porque se trata primeramente de Dios que reconcilia a la humanidad consigo en Cristo y abre el camino para que la humanidad participe de su vida divina. La Navidad es una fiesta cristiana. 

Y también importa el significado de “amor.”  Así es, la gente celebra el amor en Navidad, pero es solamente en Cristo que aprendemos completamente la naturaleza del amor y obtenemos la fuerza para practicarlo. “Amense los unos a los otros como yo los amé,” nos ordenó. El amor que estamos llamados a vivir es un amor que se nos revela en Cristo que se ofrece en la cruz, y es un amor que requiere que demos nuestras vidas por los otros. Es un amor forjado por el primero y más grande de los mandamientos: Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, toda tu mente, toda tu alma y toda tu fuerza. Sin el amor de Dios, no podemos alcanzar la fortaleza para amarnos los unos a los otros. Y sin Cristo, no vemos la revelación plena de Dios. 

El amor tiene un contenido, y ese contenido se define por el Evangelio de Jesucristo. Amar no es simplemente una buena intención, o el contexto en el que hacemos lo que nos parece lo mejor. El amor siempre requiere algunas acciones y siempre prohibe otras. 

En Navidad, Dios llama a todas las personas a celebrar el amor que se encarnó en Cristo, creyendo en El y siguiéndolo en la vida nueva y eterna que nos trae.

   
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