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Dolor Políticamente Incorrecto

 

Fr. Frank Pavone
National Director of Priests for Life

   
  Monday, May 03, 2004

   
 

El aborto es la destrucción deliberada y directa de un ser humano, en cualquier momento y por cualquier método, desde la fertilización hasta el nacimiento. El establecimiento de centros de aborto quirúrgico, legalizado por Roe vs. Wade, ha focalizado el problema en un conjunto de métodos específicos para asesinar bebés.

Sin embargo, un desafío especial que enfrenta nuestro movimiento en este momento se centra en esta cuestión: Si un bebé es asesinado con un método químico, o a una edad anterior a la que se podría practicar un aborto quirúrgico. ¿Es ese niño real? ¿Es ese un aborto real? Moralmente y filosóficamente, no es difícil que respondamos "Sí". Psicológicamente y emocionalmente, sin embargo, nos resulta más difícil.

Una motivo de esto es la cantidad de gente que está abortando sus hijos sin darse cuenta, a causa del modo de acción de las píldoras anticonceptivas. Estas drogas no siempre previenen la fertilización. Si se concibiera una nueva vida, las drogas están diseñadas para hacer que la pared uterina se vuelva inhóspita para el niño, haciendo que el cuerpo expulse a ese niño en vez de permitir su implante y nutrición. Como resultado, la madre ni siquiera se da cuenta que ha concebido a un niño. Sin embargo, en realidad, ha concebido uno y lo ha abortado.

Algo fascinante ocurre entre algunos que, por lo demás, se oponen al aborto; es lo mismo que pasa con muchos otros que sólo se oponen a los abortos tardíos pero no pueden terminar de entender que la destrucción de un niño de ocho semanas es igualmente grave. Una negación los domina. De alguna manera, ese no es un "niño real". En cierta forma, esto es diferente.

La pregunta de rigor, sin embargo, es "¿Concretamente, cómo es diferente?" Después de todo, la vida humana comienza con la fertilización. Entonces, o bien esa vida se implanta en el útero donde continua creciendo, o bien es expulsada del cuerpo, deja de crecer y muere. Si el motivo por el cual la nueva vida no se puede implantar es por algo que hicimos, entonces somos nosotros quienes matamos al niño por nacer. Eso es un aborto.

La única diferencia entre esto y un aborto quirúrgico a las ocho semanas, o en cualquier otro momento, es la edad del niño y el método por el cual se lo mata.

Es comprensible que muchos encuentren emocionalmente y psicológicamente difícil reconocerlo. ¿Qué dice esto, por ejemplo, de nuestros amigos o parientes que están usando píldoras anticonceptivas? ¿Deben considerarse ahora asesinos de niños? ¿Acaso no es esta la misma razón por la que muchos no pueden llegar a admitir que el aborto quirúrgico mata bebés, aún en el primer trimestre?

¿Es esto emocionalmente y psicológicamente difícil? Sí. Tampoco condenamos a nadie involucrado en cualquier método abortivo. Pero es moralmente incoherente decir que el aborto está mal en algunas etapas y por algunos métodos, pero es aceptable en otros casos. La vida humana es indivisible en su valor moral. Es siempre y en todo lugar sagrada, o es siempre y en todo lugar descartable. No puede haber término medio.

   
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