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Separación de Iglesia y Estado

 

Fr. Frank Pavone
National Director of Priests for Life

   
  Monday, May 31, 2004

   
 

En los últimos tiempos hemos oído a prominentes políticos pro-aborto repitiendo el mensaje: "No les digo a los líderes de la Iglesia lo que tienen que hacer, y los líderes de la Iglesia no deberían decirle a los funcionarios públicos que hacer." Esta es la forma en que resumen su consideración sobre la "separación entre Iglesia y Estado."

Sin embargo, pareciera que de hecho en los últimos años los funcionarios públicos le han dicho a los líderes de la Iglesia que hacer a medida que estos se aplicaban a los problemas relacionados con abuso de menores. Y al abocarse a este problema los funcionarios públicos están cumpliendo con su deber. Después de todo, tienen que proteger a los niños, sin importar quienes sean los abusadores.

Los funcionarios públicos que encaran éste problema no le están diciendo a la Iglesia lo que tiene que creer, que sacramentos administrar o cuales son las oraciones y lecturas de la misa dominical. Todas estas cuestiones y otras quedan para que las administren las autoridades propias de la Iglesia en una legítima autonomía y "división del trabajo".

No obstante, es obvio que cuando los líderes de la Iglesia dejan de proteger la vida inocente el Estado tiene el derecho y la obligación de intervenir. El Estado no puede pretender ser libre para ignorar estos abusos a causa de la "separación de Iglesia y Estado." El sufrimiento humano no puede sepultarse en abstracciones.

Lo mismo ocurre en el caso opuesto. Aunque la Iglesia no establece reglas para la distribución del correo, o los límites de los condados, o la administración del ejército, sin embargo, a ella le toca decirle al Estado alguna que otra cosa. Esto es especialmente cierto cuando el Estado falta a su deber de proteger a la niñez inocente, o cualquier otra persona, en materia de sus derechos humanos fundamentales. Una vez más, el sufrimiento humano no puede sepultarse en abstracciones sobre la "separación de Iglesia y Estado". Tanto la Iglesia cómo el Estado tienen la obligación de defender a los seres humanos, y a menos que se apoyen mutuamente en esta tarea común, ninguno puede hacerlo con propiedad.

La gente siempre debe tener libertad de culto. La verdad que la Iglesia proclama tiene su propio poder para atraer a la gente hacia ella. Las creencias no son algo que se imponga por ley. Sin embargo, la ley debe limitar lo que el creyente puede hacer. ¿Qué diríamos de alguien que lo mata a Ud. porque "no cree" que su vida sea valiosa? No es su creencia la que violó la ley, sino su acción contra Ud. ¿No deberían los funcionarios públicos tomar posición contra esa acción, aún defendiendo la libertad de culto del criminal?

Como algunos no creen que la vida de un niño por nacer es tan valiosa como la suya o la mía, el asesinato por aborto es el más obvio campo de batalla de este punto.

Un funcionario público dijo recientemente que esta no es la "República Católica de América." Estoy totalmente de acuerdo. Estos son los Estados Unidos, orgullosos de su libertad de culto, e igualmente orgullosos de su protección de los derechos humanos. Ambos pueden ir de la mano, si reconocemos que la "separación entre Iglesia y Estado" nunca puede significar que uno de ellos mira para otro lado cuando se violan derechos humanos.

   
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