Celebrante: Al abrazar los sacrificios de la Cuaresma, presentémosle a Dios nuestras necesidades y las necesidades del mundo entero.
Diácono/Lector:
Por la Iglesia, para que le demuestre al mundo el camino hacia Dios a través del arrepentimiento y la oración, roguemos al Señor...
Por los gobernantes para que juntos trabajen por la búsqueda de la justicia y la paz para todos, roguemos al Señor...
Para que así como Dios pactó una alianza con los seres vivientes, también nosotros, Su pueblo aprendamos a respetar y a proteger la vida, roguemos al Señor...
Por todos los que sufren de enfermedades o por la vejez para que sean cuidados por gente que los cuiden con mucho amor y cariño, roguemos al Señor...
Por nuestra familia parroquial, para que renueve su alianza con Dios a través del sacrificio, la reconciliación y la oración, roguemos al Señor...
Por todos los que ya fallecieron, para que descansen en la presencia amorosa de los santos y los ángeles, roguemos al Señor...
Celebrante:
Dios misericordioso, dador de todas las bendiciones,recibe nuestras peticiones. Escucha las necesidades deTu pueblo, y guardanos siempre bajo tu cuidado,por Cristo nuestro Señor. Amen.
El poder purificador del agua
La primera lectura de hoy nos habla del Arca de Noé. El diluvio que Dios envió al mundo en los días de Noé fue una purificación del mal. Ahora, Dios nos purifica no por diluvios, sino mediante las aguas del bautismo, las cuales nos llevan a un modo de vida totalmente nuevo: la vida en Dios.
¡Nuestros especiales esfuerzos durante la Cuaresma para acercarnos a Dios son una respuesta a lo que ya nos está sucediendo! Porque ya hemos recibido la nueva vida de Dios, tenemos que reformar nuestras vidas y vivir como sus hijos e hijas. Tenemos que llegar a ser lo que ya somos. El agua bendita que usamos al entrar y al salir de la Iglesia es un recordatorio de la purificación de las aguas bautismales, y un recordatorio de la nueva vida que estamos llamados a vivir.
Dios es un Dios de vida, y por eso nosotros somos el Pueblo de la Vida. Este tiempo de Cuaresma, busquemos formas con las que podamos promover el respeto por la vida, especialmente la vida de los enfermos, los deshabilitados, y los no nacidos
Gn 9:8-151 Pe 3:18-22Mc 1:12-15
"Este es el tiempo del cumplimiento." El llamado al arrepentimiento, emitido en el inicio de la Cuaresma, es un llamado a responder a algo que ya ocurrió. La promesa de la alianza después de la inundación en los días de Noé se ha cumplido en la alianza nueva y eterna de Cristo. Dios nos ha lavado por las aguas del bautismo, y nos ha dado vida nueva y eterna. Este es el cumplimiento que trae una obligación: la reforma de nuestras vidas, por lo que corresponderá a la nueva vida que ha sido derramada en ti!
El arrepentimiento, por lo tanto, no se trata de algo impuesto desde afuera, sino más bien es cuestión de ser coherentes hacia el regalo que ya ha sido dado.
Este regalo, es en esencia la vida. Por la alianza nueva y eterna, renovada en cada Misa, nos convertimos, cada vez más en un pueblo de la vida. En el arrepentimiento nos comprometemos a expresar lo que Cristo nos muestra en el altar. Nos damos a nosotros mismos para fomentar el don de la vida en nuestras familias, nuestras comunidades y el mundo.
Nos ponemos a un lado para acoger el don de la vida en la persona del niño por nacer como un aspecto particularmente urgente de la penitencia necesaria en nuestra nación hoy en día. La Cuaresma nos da la oportunidad de hacer eco esta llamada: reformar nuestras vidas, y dejar a un lado la duda, el miedo y el egoísmo de destruir a otro ser humano en nombre de la reforma de nuestras vidas. Es tiempo de arrepentirse del silencio que se mantiene de defender a los indefensos en medio de todos. Reformemos nuestras vidas, y trabajemos para la reforma de las leyes y políticas de nuestra nación, para que se protejan los derechos que Dios nos ha dado a todos, nacidos y no nacidos. Reformemos nuestras vidas, rechacemos el pacto de la muerte, y vivamos en un Pacto de vida!