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4º Semana de Cuaresma - Ciclo B

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Intercesiones Generales: [Spanish PDF]
 

Celebrante: Buscando amar a Dios en nuestro prójimo con todo nuestro corazón, le presentamos nuestras necesidades y las de todo el mundo.

Diácono / Lector:

Para que la Iglesia nos guíe en nuestro viaje de Cuaresma con nuestros corazones y mentes renovadas para que entremos de lleno en los misterios de nuestra redención, roguemos al Señor...

Para que los líderes de la Iglesia sean un recurso de gracia e inspiración para el pueblo de Dios, roguemos al Señor...

Para que todos los gobernantes tengan la sabiduría de discernir lo mejor para sus pueblos, roguemos al Señor...

Para que Dios quien envió a Su Hijo no a condenar sino a salvar a todos, toque los corazones de todas las personas que han tenido un aborto y les conceda la gracia del arrepentimiento, el perdón y la sanación, roguemos al Señor...

Por todos los que se preparan para ser bautizados y recibidos en la Iglesia, roguemos al Señor...

Para que los enfermos sean sanados y los que han fallecido que se les conceda un hogar en el cielo, roguemos al Señor...

Celebrante:

Padre amoroso, escucha nuestras peticiones y
concedenos seguir las palabras de vida de Tu Hijo
Jesucristo, porque Él es el Señor por todos los siglos. Amen.

Adiciones para el boletín:
 

El derecho más básico

La inviolabilidad de la persona, reflejo de la absoluta inviolabilidad del mismo Dios, encuentra su primera y fundamental expresión en la inviolabilidad de la vida humana. Se ha hecho habitual hablar, y con razón, sobre los derechos humanos; como por ejemplo sobre el derecho a la salud, a la casa, al trabajo, a la familia y a la cultura. De todos modos, esa preocupación resulta falsa e ilusoria si no se defiende con la máxima determinación el derecho a la vida como el derecho primero y fontal, condición de todos los otros derechos de la persona. – Papa Juan Pablo II, Christifideles Laici (1988), n. 38.

Puntos sugeridos para la homilía dominical:
 

2 Chr 36:14-16, 19-23
Eph 2:4-10
Jn 3:14-21

El Evangelio de hoy nos trae el versículo más conocido de la Biblia, de Juan 3:16: “Porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo unigénito, para que todo aquel que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”.
Dado que la Cuaresma ya se acerca a su fin en el Tríduo Pascual, queda cada vez más claro en las lecturas y oraciones de la liturgia que esta época es una gran preparación para recibir el don de la vida eterna, que obtuvimos a través de la Pasión y la Resurrección de nuestro Señor. Los catecúmenos de la iglesia se preparan para recibir este don en el bautismo; el resto de nosotros nos preparamos para la renovación de nuestras promesas bautismales en la misa de Pascua; y para todos nosotros, es el cumplimiento de lo expresado en Juan 3:16.

La homilía puede reflejar el propósito de la venida de Cristo en cuanto a que “no nos perdamos, sino que tengamos vida”. Así como lo aclara el Evangelio de la Vida, esta promesa de vida eterna implica el carácter sagrado de la vida natural, que brinda la base y el contexto en los que aceptamos este don de vida eterna. Su voluntad es la de que ningún ser humano se pierda, ni por perder su salvación, ni por estar privado de la oportunidad de obtenerla al nacer y, con el tiempo, poder escuchar la palabra de Dios y vivir la fe. Dios siempre se muestra del lado de la vida humana.

Pero la aceptación de la vida, natural o sobrenatural, y la defensa de esa vida, crean división. “la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz”. Esto explica por qué tenemos que luchar contra las fuerzas de este mundo que intentan destruir la vida humana. Aquel que la destruye “aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto”. La injusticia en el mundo siempre aparece aunque esté en las tinieblas. Aquellos que apoyan la cultura de la muerte en todas sus formas desean que sus obras no queden al descubierto. El Sr. Helen Prejean, que es un abogado de renombre por pedir la abolición de la pena de muerte, escribe: “Estoy convencido de que si las ejecuciones se hubieran hecho públicas, la tortura y la violencia hubieran quedado desenmascaradas, y avergonzados hubiéramos pedido la abolición de las ejecuciones (Dead Man Walking, p. 197). De la misma manera, los responsables del asesinato de Terri Schiavo en 2005 mantuvieron a la gente fuera de la sala, incluidos los voluntarios de cada instalación en la que ella se quedaba. Oficiales armados de la policía controlaban las puertas todo el tiempo. Como se lo conté a los medios de noticias, su muerte fue mucho más horrorosa que lo que los defensores de la eutanasia deseaban que el público creyera. Y, por supuesto, la realidad del aborto continúa en las tinieblas. La gente nunca ve el procedimiento en televisión o en papel impreso. Aquellos que lo ven, se convierten al instante.

Para nosotros, esto se aplica en que nuestro camino Cuaresmal y nuestra aceptación de la luz y la vida (símbolos del bautismo) nos dan el poder de abandonar la negación y enfrentar lo que surge, tanto lo bueno como lo malo, con honestidad y confianza en el último triunfo de la gracia sobre el pecado, de la verdad sobre la falsedad y de la vida sobre la muerte.

 


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