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Domingo de Ramos - Ciclo B

English Version

Intercesiones Generales: [Spanish PDF]
 

Celebrante: Dios Padre envió a su Hijo, Jesús, para que uniera a toda la raza humana por medio de su sufrimiento y su muerte. Ofrezcamos nuestras peticiones y las de todo el mundo.

Diácono / Lector:

Para que todos los Cristianos abracen el gozo de esta Semana Santa con un renovado compromiso de arrepentimiento de los pecados del pasado y busquen la santidad, roguemos al Señor...

Para que los lideres de la Iglesia proclamen con valor y convicción el evangelio de Cristo crucificado, roguemos al Señor...

Para que los gobernantes reflejen el señorío de Cristo al trabajar para eliminar el sufrimiento innecesario de sus países, roguemos al Señor...

Para que la crucifixión de Cristo por todo Su pueblo nos enseñe que no hay tal cosa como una vida inútil, o una persona a quien Dios no ama, roguemos al Señor...

Por todos los que se preparan para entrar en la Iglesia en estas Pascuas de resurrección, para que sean protegidos del mal y crezcan en santidad, roguemos al Señor...

Por todos los que han fallecido para que encuentren gozo eterno en el reino del Padre, roguemos al Señor...

Celebrante:

Padre, permitiste que Tu Hijo sufriera por la salvación del mundo.
Escucha nuestras peticiones, danos la gracia de seguir el ejemplo de Jesús,
por que Él es el Señor por siempre. Amen.

Adiciones para el boletín:
 

El Pueblo de la Vida, nacida de la Cruz

Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: "Todo está cumplido". E inclinando la cabeza entregó el espíritu ». (Jn 19, 30). Y el soldado romano « le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua » (Jn 19, 34). Todo ha alcanzado ya su pleno cumplimiento. La « entrega del espíritu » presenta la muerte de Jesús semejante a la de cualquier otro ser humano, pero parece aludir también al « don del Espíritu », con el que nos rescata de la muerte y nos abre a una vida nueva. El hombre participa de la misma vida de Dios. Es la vida que, mediante los sacramentos de la Iglesia —de los que son símbolo la sangre y el agua manados del costado de Cristo—, se comunica continuamente a los hijos de Dios, constituidos así como pueblo de la nueva alianza. De la Cruz, fuente de vida, nace y se propaga el « pueblo de la vida ». (Ioannes Paulus PP. II, Evangelium vitae n.51)

Puntos sugeridos para la homilía dominical:
 

Mc 11:1-10 o Jn 12:12-16
Is 50:4-7
Fil 2:6-11
Mc 14:1- 15:47 o 15: 1-39

Como indica la cita más arriba, la Iglesia como un pueblo de vida, nace desde la Cruz. Jesús en su poderosa abnegación de sí mismo,  a través de la Pasión y su muerte nos ensaña a darnos a nosotros mismos en el servicio, protegiendo y celebrando el don de la vida.

La predica del Domingo de Ramos, la Semana Santa, y de la Pascua puede ser  un momento oportuno para fundir las convicciones pro-vida de nuestra Fe en el corazón de la congregación. El ser pro-vida y estar en defensa de la vida no son añadiduras de nuestra fe, tampoco son “opcionales”, ni actividades “extraescolares”.  Al contrario, la culminación del año litúrgico nos lleva hasta los días cuando Jesús, por morir, destruye nuestra muerte, y por resucitar, restaura nuestra vida. Por esta razón, especialmente en estos días, la liturgia, es el lugar perfecto para hablar sobre la vida como don de valor inestimable.

En particular, Jesús soporto los rigores de la pasión que en gran detalle se describe en la liturgia de hoy, precisamente a causa del valor que le tiene a la vida humana. Lo Hizo por nosotros. Lo hizo por elevar la vida humana a las alturas del cielo.  No solo conquista su propia muerte a través de Su pasión y resurrección, sino que también anula el reino de la muerte.  No podemos escuchar o creer en el Evangelio de la Pasión sin ser maravillado por lo mucho que Dios ama a cada vida humana, y sin sentirse impulsado a responder cuando la vida humana misma es pisoteada. Él dio su vida por nosotros, estamos para dar nuestras vidas por los demás.

Cristo murió una vez por todas, pero el calvario continúa hoy en día a través de las  personas inocentes que mueren en las clínicas de aborto a nivel nacional.Como escribió el Papa Juan Pablo II, “Precisamente en la « carne » de cada hombre, Cristo continúa revelándose y entrando en comunión con nosotros, de modo que el rechazo de la vida del hombre, en sus diversas formas, es realmente rechazo de Cristo.” ( Evangelium Vitae, #104)  El Evangelio de la Pasión continúa en nuestro día…


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