Celebrante: Reunidos en torno a la mesa de la Eucaristía, busquemos la bendición de Dios para nosotros y para el mundo entero.
Diácono / Lector:
Por la Iglesia, para que la Sangre de Cristo derramada por el mundo sea la gracia purificadora que una al pueblo de Dios en su Reino, roguemos al Señor…
Por nuestra nación, para que los ciudadanos sean fieles a los valores cristianos sobre los cuales esta nación fue fundada, roguemos al Señor…
Por nuestros obispos, para que puedan ejercer su ministerio con valor supernatural y fidelidad, roguemos al Señor…
Por una Nueva Cultura de la Vida, que acoja a los niños con un amor de entrega en sacrificio que diga, “Este es mi cuerpo, entregado por ti,” roguemos al Señor…
Por los miembros de nuestras familias y amigos que se han alejado de la práctica de su fe, para que regresen a buscar al verdadero Dios del gozo y del consuelo, roguemos al Señor…
Por todos los fieles que han muerto, para que puedan compartir en el banquete de Cristo eternamente, roguemos al señor…
Celebrante:
Padre, te pedimos que escuches estas oraciones y satisfagas nuestras necesidades, para que sigamos tu voluntad más fielmente. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amen.
La Eucaristía y la Unidad
Imagínese a una persona, que al recibir la Comunión, y al aceptar la Hostia cuando el padre dice, “El Cuerpo de Cristo,” “Amen,” parte un pedazo y se lo devuelve al sacerdote diciendo, “¡Excepto esta parte Padre!” Esto es lo que hace la persona que rechaza a otros. Al recibir a Cristo, debemos de recibir al Cristo total, a todos sus miembros, nuestros hermanos y hermanas, ya sea conveniente o no, deseado o no deseado, nacido o no nacido.San Juan recalca, Cristo murió “para reunir a todos los hijos de Dios dispersos.” El pecado dispersa. Cristo une. La palabra “diabólico” significa “dividir.” Cristo vino “para destruir las obras del mal” (1Juan 3, 8). La Eucaristía edifica a la familia humana en Cristo quien dice, “Vengan a mi, aliméntense de Mi Cuerpo, transfórmense en Mi Cuerpo.” El aborto, como dinámica contraria, dice, “¡Vete! No tenemos lugar para ti, ni tiempo para ti, no te deseamos, no somos responsables por ti. ¡Quítate de nuestro camino!” El aborto ataca la unidad de la familia humana dividiendo la relación más fundamental entre dos personas: madre e hijo. La Eucaristía, como Sacramento de Unidad, invierte la dinámica del aborto.