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4º Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo B

English Version

Intercesiones Generales: [Spanish PDF]
 

Celebrante: Dios nos ha llamado a ser fieles seguidores.  Con confianza le presentamos nuestras necesidades y las de nuestros hermanos en Cristo.

Diácono/Lector:

Para que la Iglesia sea un ejemplo al mundo de lo que significa crecer en amor de Dios y compartir su amor con todos, roguemos al Señor... 

Para que los líderes mundiales sirvan las necesidades de toda la gente con sabiduría y compasión, roguemos al Señor... 

Para que cada uno de nosotros sea profetas del Señor hablando en defensa de los más débiles – nacidos y no nacidos – por todos los que no tienen voz, roguemos al Señor...

Para que los enfermos, los que sufren y todos los que trabajan con ellos puedan comunicar efectivamente el manso amor que Jesús tiene por ellos, roguemos al Señor...

Para que los eventos deportivos en nuestra nación promuevan carácter, unidad, y virtud en nuestras vidas personales y sociales, roguemos al Señor…

Para que las escuelas católicas de nuestra nación sean fortalecidas en su misión educacional y espiritual, roguemos al Seño...

Por todos los que han fallecido para que puedan unirse al Cristo resucitado en el reino Celestial, roguemos al Señor...

Celebrante:
Padre, escucha nuestras oraciones y acercanos a Ti. 
Ayudanos a crecer en fidelidad y servirte
mas generosamente cada día. 
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

 

Adiciones para el boletín:
 

2270 La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf CDF, instr. "Donum vitae" 1, 1).  Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado (Jr 1, 5; Jb 10, 8-12; Sal 22, 10-11).  Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra (Sal 139, 15).

2271 Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.  No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido. (Didajé, 2, 2; Bernabé, ep. 19, 5; Epístola a Diogneto 5, 5; Tertuliano, apol. 9).  Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables (GS 51, 3).

Puntos sugeridos para la homilía dominical:
 

Dt 18:15-20

1 Cor 7:32-35

Mc 1:21-28

El Evangelio y La Primera Lectura para éste Domingo, resalta la cuestión sobre la autoridad de aquellos que predican la Palabra de Dios. Jesús enseñó con autoridad porque Él es El Verbo de Dios. Los profetas enseñaron con autoridad porque Dios puso sus palabras en sus bocas. La Iglesia hoy predica con autoridad porque, como Cuerpo de Cristo que es, da continuidad a las enseñanzas de su misión, o para ser más precisos, Cristo mismo continúa enseñando a través de Su Iglesia. Cada miembro de la Iglesia, por virtud del bautismo y la confirmación, tiene un rol profético, y se hace eco de la Palabra de Dios mismo, tanto por palabras como por el testimonio.

Éstas temáticas son importantes en la batalla entre la Cultura de la Vida y la Cultura de la Muerte, porque nuestros oponentes se preguntan por qué estamos nosotros “imponiendo nuestra moral sobre todos los demás”. No obstante, en la realidad, no imponemos nada. Nosotros hablamos sobre una verdad que no nos pertenece, y que simplemente refleja la realidad de cómo estamos hechos y qué es la ley moral.

Si algo ha de ser impuesto, es porque ya ha sido impuesto por Dios. Somos sólo sus testigos. No tenemos autoridad por nosotros mismos; simplemente proclamamos su Palabra. Más aún, por ése mismo hecho, estamos de igual modo sujetos por lo que nosotros mismos proclamamos tanto como lo están aquellos a quienes se lo proclamamos.

Es por ello que la proclamación del mensaje pro-Vida no implica ningún tipo de superioridad moral por parte de aquellos que lo predican. Más bien, infiere solidaridad, y un conocimiento común del Dios de la Vida, que es Señor de aquellos que predican y de aquellos que escuchan.


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