Celebrante:
Dirijámonos a Dios que nos dio pan del cielo y conoce todas nuestras necesidades. Con fe, presentémosle nuestras necesidades.
Diácono / Lector:
Para que la Iglesia sea un signo firme y constante del Reino de Dios en el mundo, roguemos al Señor…
Para que los líderes de la Iglesia nos lleven a una unión más cercana con Jesucristo por sus palabras y ejemplos, roguemos al Señor…
Para que los gobiernos ejerzan el poder y la autoridad para el bien común, roguemos al Señor…
Para que Cristo, quien multiplicó los panes y los pescados, nos llene de una compasión activa por aquellos cuyo derecho a tener alimentos, trabajo y vida están amenazados, roguemos al Señor…
Para que aquellos que sufren soledad o alienación encuentren consuelo en Cristo, quien amorosamente se acerca a aquellos que lo buscan, roguemos al Señor...
Para que los que sufren y los moribundos sean fortalecidos por el amor de Jesús y la promesa de la vida eterna, roguemos al Señor…
Padre de todo lo que es bueno, te damos gracias. Escucha y responde las oraciones que te hemos ofrecido, en nombre de Jesucristo nuestro Señor.
2 Reyes 4:42-44Efesios 4:1-6Jn 6:1-15
La multiplicación de los alimentos (Primera lectura; Evangelio) es realmente sobre la multiplicación y extensión de la vida. Los signos que Dios ofrece en el Antiguo y Nuevo Testamento sobre su capacidad para multiplicar los alimentos en forma milagrosa es en realidad un mensaje para nosotros con relación a su poder sobre la vida, que es el tema que se repite en la segunda lectura - el "único Dios y Padre de todos, quien está sobre todo, a través de todo y en todo."
Junto al tema del poder de Dios, vemos el de la solidaridad humana. La multitud que tuvo que ser alimentada estaba unida en su necesidad. Por otra parte, la solución milagrosa a sus necesidades no se llevó a cabo sin la colaboración activa del niño que dio lo poco que tenía.
El testimonio de la Iglesia sobre la santidad de la vida se basa en estos dos temas: el poder de Dios sobre la vida y la solidaridad humana. El Dios que nos creó, nos confió el cuidado de los unos para con los otros. Ninguna opción humana puede pasar por encima de su decisión de que un ser humano debe vivir, o contradecir el solemne deber que tenemos de cuidarnos unos a otros en lugar de destruirnos unos a otros.