Celebrante: Confiados en el amor eterno de Dios y su preocupación por nuestras necesidades diarias, le ofrecemos nuestras peticiones.
Diácono/Lector:
Para que la Iglesia fomente todos los trabajos, mediante los cuales los laicos dan forma a la sociedad de acuerdo al Evangelio, roguemos al Señor…
Para que nuestra celebración del Día del Trabajo renueve nuestra gratitud por las bendiciones a esta nación, y nuestra determinación de ser ciudadanos fieles. Roguemos al Señor.
Por todos los maestros y administradores escolares, para que la sabiduría del Espíritu Santo los guíe en su tan importante trabajo. Roguemos al Señor.
Por las viudas y los huérfanos, por los marginados y los oprimidos, y por todos los no nacidos en peligro de ser abortados, Roguemos al Señor.
Por todos los que padecen de alguna enfermedad para que conozcan el amor que Jesús tiene por ellos a través del amor y cuidado de sus familiares y amigos, Roguemos al Señor.
Por todos los que han fallecido para que descansen en la paz del Señor por toda la eternidad en su Reino Celestial. Roguemos al Señor.
Celebrante:Padre, te rogamos que escuches nuestrasplegarias que te hemos presentado desdelo mas profundo de nuestros corazones.Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.
Dt 4:1-2, 6-8Santiago 1:17-18, 21b-22, 27Mc 7:1-8, 14-15, 21-23
La Cultura de la Vida se realizará cuando practiquemos la "verdadera religión" de la que habla Santiago en la segunda lectura. "Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones," es lo que el movimiento pro-vida hace. El niño por nacer es el más huérfano de todos cuando está programado para ser abortado. "Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recogerá" - y el Señor los recibe precisamente a través de su pueblo practicando la “verdadera religión.” Las madres de estos niños no son viudas porque sus esposos hayan muerto, sino porque frecuentemente experimentan la ausencia del padre de la criatura, quien de hecho, pudiera ser quien las esté presionando para que aborten.
El pasaje evangélico deja claro que la construcción de la cultura de la vida viene "de dentro", al igual que las formas que matan el pensamiento y conducen a la Cultura de la Muerte. La cultura debe ser formada por factores externos, incluyendo la ley, y estos factores pueden dar forma al corazón de manera poderosa. Entonces, desde lo profundo del corazón brotará nuestra disposición a dar vida, a acogerla, y a defenderla.