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Semana XXXII del Tiempo Ordinario - Ciclo B

English Version

Intercesiones Generales: [Spanish PDF]
 

Celebrante: Reconociendo que Dios es el dador de todos los bienes, le presentamos ante Su Trono todas nuestras necesidades.

Diácono/Lector:

Para que la Iglesia de testimonio al mundo entero de la verdadera fidelidad al mensaje del Evangelio, Roguemos al Señor.

Para que el papa los obispos, sacerdotes y diáconos continúen predicando el Evangelio con valor y con celo, Roguemos al Señor.

Por todos los servidores públicos para que busquen dirección del Espíritu Santo en todas las situaciones sean pequeñas o grandes, Roguemos al Señor.

Mientras esperamos la venida de Cristo, estemos activos en el mundo buscando justicia y respeto por la vida en todas sus etapas, Roguemos al Señor.

Por todos los enfermos o los que sufren para que sean restaurados en la salud de acuerdo a la voluntad de Dios, Roguemos al Señor.

Por todos los que han fallecido para que sean unidos con los santos glorificados en el cielo, Roguemos al Señor.

Celebrante:

Dios creador nuestro, nos bendices con vida abundante. 
Escucha las oraciones de tus servidores agradecidos y respondenos 
en nombre de Jesús, quien es el Señor por los siglos de los siglos.  Amén.

Adiciones para el boletín:
 

Re-dedicación a la Causa de la Vida

“En este Plan Pastoral para Actividades Pro-Vida: Una Campaña en Apoyo a la Vida, nosotros renovamos nuestro llamado cada católico y a las muchas instituciones y organizaciones de la Iglesia a que se unan en un esfuerzo sin precedente para restaurar el respeto y la protección legal a cada vida humana – ser lo que el Santo Padre nos pide que seamos: un pueblo de vida y un pueblo por la vida (El Evangelio de la Vida, no. 78). Es nuestra esperanza y expectación que al enfocarnos en la necesidad de respetar y proteger las vidas de los inocentes no nacidos y de aquellos que están discapacitados, enfermos, o muriendo, ayudemos a profundizar el respeto por la vida de cada ser humano.” (Obispos EU, 2001).
Puntos sugeridos para la homilía dominical:
 

1 Reyes 17:10-16
Hebreos  9:24-28
Mc 12,38-44 o 12:41-44

Las lecturas de hoy nos traen una "historia sobre dos viudas", quienes dieron, cuando tenían toda razón humana para no hacerlo. La viuda en la primera lectura preparó algo para Elías aunque no tenía suficiente para ella y su hijo. La viuda en el pasaje del Evangelio dio todos sus ahorros.

El Profeta del Señor sustentó a la primera viuda, el Señor mismo elogió a la segunda.

Nosotros, la Iglesia, no somos viudas. El novio está con nosotros, y es de él que sacamos el coraje para ser generosos - no sólo con  comida y dinero, sino con nuestro testimonio del Evangelio, y asumiendo los riesgos para la construcción de un mundo de justicia y de una cultura de vida. Algunos sienten que tienen suficientes "cosas en su mente" en sus propias vidas, por lo que no quieren involucrarse en las vidas de otras personas que, por ejemplo, se enfrentan a la tentación de abortar un niño. "Tengo suficientes problemas por mi parte" es la tentación común. Parece que apenas tenemos suficiente energía y atención para dar a nuestros propios problemas, y mucho menos para los de los demás.

Sin embargo, es  aquí precisamente donde la lección de la ofrenda de la viuda entra en juego. Se aplica más a esto que a la cantidad de dinero que uno pueda dar. El corazón humano se expande cuando toca a Dios, y se expande para abarcar las necesidades, el "negocio" de cada vulnerable ser humano. Ya no medimos lo que damos basados en cuánto tenemos; lo medimos basándonos en cuánto el otro necesita. Entonces, como el milagro que sorprendió a la viuda a quien Elías visitó, nos damos cuenta que nuestra capacidad para amar y para preocuparnos por los demás es mayor de lo que imaginábamos

También cuidadosamente medimos nuestro riesgo y estamos tentados a decir que hemos alcanzado rápidamente el límite de cuánto estamos dispuestos a arriesgar. Pero las exigencias de la justicia y de la protección de la vida, exigen que no midamos nuestro riesgo basados en cuántas cosas podemos perder, sino basados en lo que la víctima de la injusticia puede llegar a perder. Al luchar por los no nacidos, estamos defendiendo a los que están perdiendo sus vidas - y por tanto todos los bienes y derechos que pudieran poseer en la vida. Si comparamos, lo que nos arriesgamos a perder en defensa de ellos es poco o nada con relación a lo que ellos pierden. La lección de la ofrenda de la viuda aplica de nuevo. De hecho, la historia de las dos viudas es simplemente un reflejo de la enseñanza fundamental, "No hay amor más grande que dar la vida por tus amigos.”


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