El Espíritu Santo que vino en Pentecostés, le dio voz a los Apóstoles para proclamar la verdad del Evangelio. El Espíritu, el Alma de la Iglesia, continúa permitiéndole a la Iglesia hablar, y nos permite a nosotros hablar en nuestras capacidades individuales. Esto dijo el Obispo Elio Sgrecccia, “La Iglesia debe hablar en el contexto de hoy sobre los derechos fundamentales, el derecho a la justicia, el derecho a la paz, pero sobre todo, en primer lugar, el derecho a la vida. Si la Iglesia no habla, si no proclama la verdad, estaría abandonando su deber; sería infiel a la sociedad. Por tanto, su deber preciso es la propia libertad para intervenir con palabra, y también con ejemplo – el ejemplo de promover la vida humana, de intervenir por la salvación de la humanidad.”