Papa Benedicto XVI en el Día Mundial de la Juventud, Sídney, Australia (Julio 17, 2008)
“¿Sabemos reconocer que la dignidad innata de toda persona se apoya en su identidad más profunda –como imagen del Creador– y que, por tanto, los derechos humanos son universales, basados en la ley natural, y no algo que depende de negociaciones o concesiones, fruto de un simple compromiso? Esto nos lleva reflexionar sobre el lugar que ocupan en nuestra sociedad los pobres, los ancianos, los emigrantes, los que no tienen voz. ¿Cómo es posible que la violencia doméstica atormente a tantas madres y niños? ¿Cómo es posible que el seno materno, el ámbito humano más admirable y sagrado, se haya convertido en lugar de indecible violencia? Queridos amigos, la creación de Dios es única y es buena. La preocupación por la no violencia, el desarrollo sostenible, la justicia y la paz, el cuidado de nuestro entorno, son de vital importancia para la humanidad. Pero todo esto no se puede comprender prescindiendo de una profunda reflexión sobre la dignidad innata de toda vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, una dignidad otorgada por Dios mismo y, por tanto, inviolable.”
1 Reyes 19:9a, 11-13aRom 9:1-5Mt 14:22-33
En la segunda lectura de hoy San Pablo expresa una profunda angustia por su pueblo. Él anhela que ellos acepten a Cristo, quien es "Dios bendito por los siglos", y la única esperanza de la familia humana. Para cada uno de los discípulos, Cristo lo es todo. Cada caso y decisión de la vida, cada proyecto y plan encuentra a su nivel, el significado y realización en El.
Sin embargo, los eventos, proyectos, planes, y circunstancias de la vida en las que se desarrollan, son muy similares al comportamiento tempestuoso de la naturaleza que se muestra en la primera lectura y en el Evangelio. El viento, las olas, los terremotos, el peligro, el ruido de la confusión por un cambio constante, marcan muchos capítulos de la vida. Sin embargo, no hay un solo capítulo, ni un solo momento, en el cual el creyente no puede aferrarse a Cristo, encontrarlo presente y agarrarse de su mano para que el le salve de ahogarse.
En el esfuerzo pro-vida, este tema se aplica directamente a los confundidos por un embarazo que sienten que no pueden manejar, los que han tenido un aborto y sufren el tormento de la angustia que le sigue - y el riesgo de ahogarse en la desesperación - y los que están en el fuego de la batalla, defendiendo la vida contra todos los pronósticos y numerosos ataques.
En todo esto, buscamos y nos aferramos a Cristo, que nos da la fuerza para estar a favor de la vida y la experiencia de su perdón y la fuerza para la batalla.