Is 5:1-7
Phil 4:6-9
Mt 21:33-43
Descripción: La primera lectura y el pasaje evangélico asignado a la charla de este domingo habla sobre la vina del Señor, y el hecho de que aquellos a los que la vina se le encomendó no respondieron adecuadamente al Señor tampoco cosecharon el fruto del cual buscaba.
En su lugar, rompieron el pacto, mataron a sus profetas y eventualmente a su Hijo, y luego se les quito la vina.
Reflexión: Dios ha entrado en un pacto de vida con su pueblo desde el principio, y los profetas hablaron incansablemente de las demandas de ese pacto, tanto al respecto a lo que el pueblo le debía a Dios y lo que se deben entre sí. Los que adoraban a Dios estaban para ayudar a su prójimo; los que creían en el Dios que les rescato tenían la obligación de cuidar y a rescatar a los demás. El hecho de no haber cumplido con esto les condujo a los reproches como los que se encuentran en Isaías 1. El tema se traslada a Isaias 5, cual es la primera lectura de hoy.
La parábola del evangelio, históricamente, se refiere, a la historia del pueblo de Dios matando a los profetas, a los cuales se le insistió a no adorar a dioses falsos o hacer pactos con la muerte. Un buen resumen de la historia del rechazo de la gente de la alianza se encuentra en el Salmo 106. El pueblo de Dios, habiendo heredado la tierra prometida, aún tenía que luchar con las naciones extranjeras a su alrededor. Se les advirtió que no se adaptaran a las prácticas de tales personas ya que no conocían el verdadero Dios. El pueblo de Dios, sin embargo, se mezcló con estas naciones e incluso se unió a sus rituales. El más grave de los pecados del pueblo de Dios fue cuando, a imitación de las naciones paganas, "Sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios, y derramaron sangre inocente, la sangre de sus hijos y sus hijas" (Salmo 106:37 -38). En lugar de llevar el fruto de la vida, basada en la verdadera adoración, que dio el fruto de la muerte, basada en la falsa adoración.
La verdadera adoración en cambio, hubiera llevado a la gente a que adoptaran las advertencias de los profetas, las cuales son, “hacer justicia, desagraviar al oprimido, escuchar la suplica del huérfano y defender a la viuda” (Is. 1:17). Como dice Santiago, “El cuido de los huérfanos y las viudas tribulados,. . . hace que la adoración sea pura delante de nuestro Dios y Padre” (Santiago 1:27). Hoy día los más indefensos entre nosotros son los no nacidos.
Aplicación: En primer lugar, esta forma de pensar se puede aplicar a nosotros, en el que se nos confía una viña que es la alianza nueva y eterna en la sangre de Cristo. En los lazos de este pacto, Dios confía en nosotros para cuidarnos unos a otros. Unidos en su Espíritu, somos llamados a vivir la misma comunión que existe entre el Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esto nos permite a entregarnos el uno al otro, al igual que las tres Personas de la Trinidad lo hace, y como lo hizo Jesús en la cruz. Este es el fundamento de la auténtica unidad de la familia humana.
La viña que tenemos aquí en los Estados Unidos, en particular, nos confía un profundo regalo de la libertad. Podemos dar forma a nuestra propia cultura y gobierno. Dios nos pide que demos frutos de vida en lugar de abusar de nuestra libertad con las perversiones de la "elección" que terminan por quitar la vida.