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27º Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A

English Version

Intercesiones Generales: [Spanish PDF]
 

Sacerdote: Le pedimos a Dios que nos mire con misericordia al elevar nuestras peticiones y las de todos los que se encuentran en necesidad.

Diácono/Lector:

Por el Papa, los obispos, los sacerdotes y diáconos; para que imiten al Hijo del Hombre al guiar al pueblo de Dios hacia el Evangelio de la Vida, roguemos al Señor…

Por nuestro Presidente, nuestros congresistas y senadores, por los jueces de la corte Suprema, y todos los que buscan promover los principios en los cuales este país fue fundado, roguemos al Señor…

Para que Dios, quien busca justicia en lugar de matanzas, fortalezca a todas las naciones que protegen la vida humana, especialmente en su etapa más vulnerable, roguemos al Señor...

Para que las familias que buscan acoger a Dios en sus hogares y en sus corazones sean fortalecidas, roguemos al Señor…

Por todos los que han fallecido para que sean purificados de todo pecado y sean acogidos en la gloria del cielo, roguemos al Señor…

Sacerdote:

Dios misericordioso, escucha las oraciones de tus fieles
y danos el don de la fe para poder
servirnos los unos a los otros.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Adiciones para el boletín:
 

La Misericordia Triunfa

La Iglesia se opone al aborto, pero acoge con misericordia a aquellos que han cometido este error. Tomemos valor de estas palabras del Papa Juan Pablo II: “Ahora quiero decir unas palabras especiales a las mujeres que han tenido abortos. La Iglesia está consciente de los muchos factores que han podido influir en su decisión, y no duda que en muchos casos fue una decisión dolorosa y hasta catastrófica. Puede que la herida de su corazón aún no haya sanado. Ciertamente lo que sucedió fue y es terriblemente erróneo. Pero no caigan en el desaliento y no pierdan la esperanza. Por el contrario, traten de entender qué fue lo que pasó y denle la cara honestamente. Si aún no han hecho esto, entréguense con humildad y confianza al arrepentimiento. El Padre de la misericordia está listo para darle su perdón y su paz en el Sacramento de la Reconciliación. Al mismo Padre y a su misericordia usted puede, con segura esperanza, encomendarle a su hijo." (El Evangelio de la Vida #99).

Puntos sugeridos para la homilía dominical:
 

Is 5:1-7
Phil 4:6-9
Mt 21:33-43

Descripción: La primera lectura y el pasaje evangélico asignado a la charla de este domingo habla sobre la vina del Señor, y el hecho de que aquellos a los que la vina se le encomendó no respondieron adecuadamente al Señor tampoco cosecharon el fruto del cual buscaba. 

En su lugar, rompieron el pacto, mataron a sus profetas y eventualmente a su Hijo, y luego se les quito la vina. 

Reflexión: Dios ha entrado en un pacto de vida con su pueblo desde el principio, y los profetas hablaron incansablemente de las demandas de ese pacto, tanto al respecto a lo que el pueblo le debía a Dios y lo que se deben entre sí. Los que adoraban a Dios estaban para ayudar a su prójimo; los que creían en el Dios que les rescato tenían la obligación de cuidar y a rescatar a los demás. El hecho de no haber cumplido con esto les condujo a los reproches como los que se encuentran en Isaías 1. El tema se traslada a Isaias 5, cual es la primera lectura de hoy. 

La parábola del evangelio, históricamente, se refiere, a la historia del pueblo de Dios matando a los profetas, a los cuales se le insistió a no adorar a dioses falsos o hacer pactos con la muerte. Un buen resumen de la historia del rechazo de la gente de la alianza se encuentra en el Salmo 106. El pueblo de Dios, habiendo heredado la tierra prometida, aún tenía que luchar con las naciones extranjeras a su alrededor. Se les advirtió que no se adaptaran a las prácticas de tales personas ya que no conocían el verdadero Dios. El pueblo de Dios, sin embargo, se mezcló con estas naciones e incluso se unió a sus rituales. El más grave de los pecados del pueblo de Dios fue cuando, a imitación de las naciones paganas, "Sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios, y derramaron sangre inocente, la sangre de sus hijos y sus hijas" (Salmo 106:37 -38). En lugar de llevar el fruto de la vida, basada en la verdadera adoración, que dio el fruto de la muerte, basada en la falsa adoración.   

La verdadera adoración en cambio, hubiera llevado a la gente a que adoptaran las advertencias de los profetas, las cuales son, “hacer justicia, desagraviar al oprimido, escuchar la suplica del huérfano y defender a la viuda” (Is. 1:17). Como dice Santiago, “El cuido de los huérfanos y las viudas tribulados,. . . hace que la adoración sea pura delante de nuestro Dios y Padre” (Santiago 1:27). Hoy día los más indefensos entre nosotros son los no nacidos.

Aplicación: En primer lugar, esta forma de pensar se puede aplicar a nosotros, en el que se nos confía una viña que es la alianza nueva y eterna en la sangre de Cristo. En los lazos de este pacto, Dios confía en nosotros para cuidarnos unos a otros. Unidos en su Espíritu, somos llamados a vivir la misma comunión que existe entre el Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esto nos permite a entregarnos el uno al otro, al igual que las tres Personas de la Trinidad lo hace, y como lo hizo Jesús en la cruz. Este es el fundamento de la auténtica unidad de la familia humana.  

La viña que tenemos aquí en los Estados Unidos, en particular, nos confía un profundo regalo de la libertad. Podemos dar forma a nuestra propia cultura y gobierno. Dios nos pide que demos frutos de vida en lugar de abusar de nuestra libertad con las perversiones de la "elección" que terminan por quitar la vida.


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