Por la Vida y la Misericordia
“No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado.”… “Los sanos no necesitan de doctor pero los enfermos sí. No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores.” La mayoría de las personas que han tenido un aborto, más tarde, se arrepienten de sus actos. Nosotros debemos ser heraldos de esperanza y acogida. Sí, nosotros debemos de invitarlos a regresar a Jesús, Quien está listo para perdonarlos. En verdad, teniendo la mente y el corazón de Cristo, ofrecemos esperanza, acogida y ayuda práctica a aquellos que se debaten con la decisión de abortar y con otros asuntos de la vida y a aquellos que han decidido erróneamente. Ellos serán perdonados si están verdaderamente arrepentidos y buscan a Cristo en la persona del sacerdote en el confesionario.
La llamada de ser “por la vida” es intrínseca con la llamada de Cristo en nuestro bautismo: “Sígueme.” Pidámosle a nuestra santísima Madre que nuestro testimonio por la vida sea claro, convincente y sobre todo, como el de Cristo. Después de todo, como miembros bautizados de la Iglesia, somos de la vida y por la vida, y es así como nos debemos presentar ante los demás. (cf. Evangelium Vitae, 78).
-- Reverendísimo. Paul Loverde, Obispo de Arlington