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14º Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo C

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Intercesiones Generales: [Spanish PDF]
 

Celebrante: Nuestros nombres están inscritos en el cielo. Esto nos llena de confianza para presentar nuestras necesidades ante nuestro Señor.

Diácono/Lector:

Para que los Cristianos en todo el mundo puedan vivir y expresar el gozo de proclamar el Evangelio de Jesús, roguemos al Señor...

Para que todos los que enseñan la fe puedan proclamar que el reino de Dios is un reino en el cual la vida humana, en cada etapa, es acogida y respetada como un obsequio supremo de Dios, roguemos al Señor...

Para que todos los que sufren de alguna enfermedad, opresión, o discriminación unan sus planes a la cruz de Cristo, y encuentren nuevas fuerzas, roguemos al Señor...

Por todos aquellos que nunca han escuchado el Evangelio, para que puedan ser alcanzados con la buena noticia de la salvación y la abracen con fe, roguemos al Señor…

Para que nuestros hermanos que han fallecido, experimenten el gozo del banquete celestial, roguemos al Señor...

Celebrante:

Padre,
Haz hecho de cada uno de nosotros una nueva creación.
Atiende nuestras súplicas,
y mantennos en una vida nueva de Gracia.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amen.

Adiciones para el boletín:
 

El camino para la realización del bien común y de la paz pasa ante todo por el respeto de la vida humana, considerada en sus múltiples aspectos, desde su concepción, en su desarrollo y hasta su fin natural. Auténticos trabajadores por la paz son, entonces, los que aman, defienden y promueven la vida humana en todas sus dimensiones: personal, comunitaria y transcendente. La vida en plenitud es el culmen de la paz. Quien quiere la paz no puede tolerar atentados y delitos contra la vida. 


Quienes no aprecian suficientemente el valor de la vida humana y, en consecuencia, sostienen por ejemplo la liberación del aborto, tal vez no se dan cuenta que, de este modo, proponen la búsqueda de una paz ilusoria. La huida de las responsabilidades, que envilece a la persona humana, y mucho más la muerte de un ser inerme e inocente, nunca podrán traer felicidad o paz. En efecto, ¿cómo es posible pretender conseguir la paz, el desarrollo integral de los pueblos o la misma salvaguardia del ambiente, sin que sea tutelado el derecho a la vida de los más débiles, empezando por los que aún no han nacido? Cada agresión a la vida, especialmente en su origen, provoca inevitablemente daños irreparables al desarrollo, a la paz, al ambiente. Tampoco es justo codificar de manera subrepticia falsos derechos o libertades, que, basados en una visión reductiva y relativista del ser humano, y mediante el uso hábil de expresiones ambiguas encaminadas a favorecer un pretendido derecho al aborto y a la eutanasia, amenazan el derecho fundamental a la vida. 


--Mensaje De Su Santidad Benedicto XVI Para La Celebración De La XLVI Jornada Mundial De La Paz 1 De Enero De 2013


Puntos sugeridos para la homilía dominical:
 
Is 66:10-14c
Gal 6:14-18
Lc 10:1-12, 17-20 o 10:1-9

"El Reino de Dios está cerca." Este grito del Evangelio de hoy es la finalidad de toda predicación: un reino ya ha llegado, creado por Dios con sus propias características establecidas por Dios. El hecho de que esté entre nosotros, que está "a la mano” crea una crisis. Tenemos que decidir hoy formar parte de ella, o más preciso, dejarla que tome posesión de nosotros. Si ésta es nuestra decisión, o siempre la ha sido, entonces estamos llamados a vivir en consecuencia con la misma.  

Este reinado o Reino, se describe en la liturgia de la iglesia como "Un reino de verdad y vida, un reino de santidad y de gracia, un reino de justicia, amor y paz" (prefacio, fiesta de Cristo Rey). Estas características se mantienes inseparablemente e integralmente, porque son todos los aspectos del único Dios, quien es el Reino. Todas se pueden resumir por cualquiera de las palabras individuales, y la primera lectura y el pasaje del Evangelio de hoy las resumen con la palabra "paz".

Los apóstoles son enviados a proclamar la "paz", así como Isaías la proclamó a Jerusalén (que representa el pueblo de Dios bendecido con la Alianza). Esto no es una paz que construimos con nuestras habilidades diplomáticas, políticas, militares o destrezas creativas. Es una paz que recibimos de lo alto. Entonces, hay una respuesta adecuada que proviene de nosotros. Para preparar el camino para recibir esta paz debemos arrepentirnos de lo que la destruye, y vivir de acuerdo con las exigencias de esa paz.  

El respeto para el derecho a la vida para todos, empezando por los no nacidos desde su fecundidad, e incluyendo a todas las personas con discapacidad y enfermos desahuciados, es absolutamente esencial para la paz. La paz no se pierde cuando se disparan las armas de fuego o se lanzan las bombas.  Mas bien,  se pierde la paz en el momento que se violan los derechos humanos de una sola persona. Nuestros vecindarios pueden parecer "estar en paz", pero existe una clínica de al nuestro alrededor, no hay paz, porque se violan los derechos humanos de los niños no nacidos cuando son despedazados.  En un país donde una creatura no nacida no es protegida, es un lugar donde todavía no existe la paz.

Para tratar de alcanzar y preservar la paz significa no sólo que no participamos en el aborto; requiere que no lo toleremos. Requiere trabajar vigorosamente para restaurar el respeto y protección a toda vida humana.  
El sexto capítulo de Jeremías es un pasaje que contrasta con la primera lectura de hoy. Habla del asedio de Jerusalén. Dios dice que algunos profetas dieron falso testimonio porque "pretenden sanar superficialmente  la herida de mi pueblo, diciendo "Paz, paz,' dicen, cuando no hay paz "(Jeremías 6:14). Así hoy,  el pueblo de Dios busca la justicia, la misericordia y la paz, sin lograr ver cuán seria es nuestra herida cuando permitimos el aborto. No puede haber paz en el mundo si no hay paz en el vientre. No puede haber paz entre las Naciones si no hay paz entre una madre y su propio hijo. Como preguntó la Madre Teresa en su discurso durante el desayuno de Oración Nacional de 1994, "si decimos que una madre puede matar a su propio hijo, ¿cómo podemos decirle a las personas que no se maten unos a otros?" 

 El Reino de Dios está a la mano y es la Cultura de la Vida.

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