Celebrante: El Señor está entre nosotros. Llenos de paz, presentémosle nuestras necesidades.
Diácono/Lector:
Para que el Reino de Dios anunciado al mundo por la venida de Cristo pueda derrotar el poder destructivo del terrorismo y la guerra, roguemos al Señor…
Para que los líderes electos tengan la sabiduría, el coraje y un sincero interés por aquellos a quienes representan, roguemos al Señor…
Para que las parejas experimenten el gozo que viene con cada vida nueva, y para que en ese gozo encuentren la fuerza para superar las dificultades que tengan que enfrentar, roguemos al Señor…
Para que aquellos que están agobiados por la ansiedad experimenten la paz del propio Dios, y el gozo de Su presencia, roguemos al Señor…
Para que los enfermos y los moribundos sean confortados por el amor de Dios y de la comunidad cristiana, roguemos al Señor…
Celebrante:
Padre, Tú llamas a Tu pueblo a que se regocije con la venida de Tu Hijo. Haz nuestro gozocompleto al responder a nuestras peticiones. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amen.
Sof 3:14-18aFil 4:4-7Lc 3:10-18
Al aproximarse la Navidad, la liturgia de la Iglesia destaca hoy el tema de la alegría, que no es simplemente una felicidad basada en buenas circunstancias, pero una profunda exaltación del espíritu basada en la salvación que viene de Dios mismo. Cada espíritu humano anhela la alegría, pero a menudo no sabe cómo encontrarla. En vez, estamos muy conscientes de las cosas que nos roban de alegría y paz y de los males, tanto en nuestras propias vidas y en el mundo, de las que tenemos que ser salvados.
El Adviento se trata de la expectativa de la salvación completa, en su plenitud. No es un momento en que hacemos como que si Cristo no ha venido y tratamos de imaginar que lo recibimos por primera vez; más bien, es un momento de, al reconocer que Cristo ya ha venido, esperamos el despliegue completo de los efectos de la salvación que él nos trae. Eso es a lo que la primera y segunda lectura hoy nos hacen referencia. <<Ha expulsado a tus enemigos…no tendrás que temer ya ningún mal.>> Muchos pueden ver estas garantías muy poco realistas, pero no las son. Por un lado, la venida de Cristo ha destruido el poder del pecado y la muerte desde sus raíces. No importa qué desgracias aún puedan suceder, o qué causas de ansiedad puedan todavía atormentarnos, el hecho es que siempre tenemos acceso a Dios. Por esta razón descartamos la ansiedad de nuestra mente. Nos ha bautizado en el Espíritu Santo, como Juan el Bautista prometió (el Evangelio de hoy). Ese Espíritu Santo nos da acceso total a Dios, a la comprensión de su palabra y a la gracia de la salvación. Por lo tanto, no importa lo que suceda en nuestras vidas, podemos decir "Feliz Navidad".
La salvación total que Cristo brinda, la cual cada día se está desarrollando, es tanto física como espiritual. Se transformará el universo entero. Toda violencia física, como el aborto, será superada. Por lo tanto, nos regocijamos ahora, al acoger al Cristo que ya ha llegado, y esperamos con alegre esperanza para que él venga de nuevo.