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2º Domingo de Pascua - Ciclo C

English Version

Intercesiones Generales: [Spanish PDF]
 

Celebrante: ¡Cristo ha resucitado! Ya que ahora compartimos de esa vida de Resurrección,
podemos confiadamente interceder por el mundo.

Diácono / Lector:

Para que el Vicario de Cristo, el Santo Padre, goce de continua Gracia y fortaleza al proclamar al mundo entero que Cristo vive, roguemos al Señor...

Por todos los que fueron bautizados en esta Pascua, para que experimenten la vida de comunión de la Iglesia y el amor que hemos heredado de los Apóstoles, roguemos al Señor...

Para que el regalo del perdón, confiado a la Iglesia por los Apóstoles, alcance a todos los que han sido dañados por el aborto, roguemos al Señor...

Por todos los que, como Tomás, todavía no creen, que puedan ver a Jesús por medio de nuestras palabras y acciones de fe y caridad, roguemos al Señor...

Que Cristo Resucitado sane a los enfermos y consuele a los que tienen preocupaciones de cualquier índole, especialmente a nuestros familiares y nuestros hermanos de parroquia, roguemos al Señor...

Para que los fallecidos puedan compartir de la Gloria de la Resurrección de Cristo, roguemos al
Señor...

Celebrante:
Padre,
reconocemos a Jesús como nuestro Señor y Dios.
Por Él, concédenos lo que hoy te hemos presentado,
que es Dios por los siglos de los siglos. Amen.

Adiciones para el boletín:
 

La Divina Misericordia y Pro-vida

El Papa Juan Pablo II declaró el domingo después de la Pascua como Domingo de la Divina Misericordia. Muchos de los fieles rezan la Coronilla de la Misericordia regularmente. Hay una relación entre esta devoción y el movimiento pro-vida. Fr. Seraphim Michalenko, MIC, quien fue el principal traductor del diario de Santa Faustina, y el postulador de su causa de canonización, escribe lo siguiente: “Al menos en tres ocasiones, de 8:00-11:00 de la noche, ella sentía como si su interior fuera desgarrado. Sufrió tanto que pensaba que iba a morir. Los doctores no podían determinar qué era lo que tenía, y ninguna medicina podía aliviar su sufrimiento, Mas tarde, le fue dado el entendimiento de que estaba sufriendo esos dolores por las madres que estaban abortando sus  hijos.” (Diario 1276).

“En otra ocasión, ella tuvo una visión de un ángel que venía con rayos para destruir una de las ciudades más bonitas del país. Y ella se sintió impotente para hacer algo (Diario 474). ¿Qué antídoto le dio el Señor? La Coronilla de la Divina Misericordia. [Ella explicó] que la ciudad iba a ser castigada por sus pecados, principalmente por el pecado del aborto.”(“Entrañas de Misericordia”, Boletín de los Marian Helpers, Verano 1995, p. 13).

Puntos sugeridos para la homilía dominical:
 

Hch 5:12-16 

Ap 1:9-11a, 12-13, 17-19

Jn 20:19-31

https://youtu.be/dgBfIpb32Oc

“Yo tengo las llaves de la muerte”. Sólo el Señor Jesucristo, resucitado de entre los muertos, puede afirmar esto, tal y como lo escuchamos hoy en la segunda lectura. Es una tentación fundamental de la familia humana pensar que algún día, por ingenuidad nuestra, por la tecnología, el conocimiento o el poder, podremos sostener las llaves de la muerte. Esto es a lo alimenta a la cultura de la muerte. Queremos estar en perfecto control. 

Los defensores de la cultura de la muerte invocan el derecho de las personas a controlar el tiempo y la manera de sus propias muertes.  Queremos “domar” a la muerte para que podamos utilizarla como una herramienta de escape del sufrimiento.  De allí que se lo impongamos a los no-nacidos cuando se les considera demasiado “inconvenientes”, o cuando tienen discapacidades o condiciones como el Síndrome de Down.  Casi la totalidad de los niños no-nacidos que son diagnosticados con Síndrome de Down, son asesinados por medio del aborto.

No obstante si deseamos cantar victoria sobre la muerte, es El Señor Jesucristo a quien debemos volvernos. Más que proclamar una ética de la muerte, proclamamos un Reino de la Vida.  Juan  “…escuchó una voz más fuerte que una trompeta”, y él mismo se encontraba en la isla de Patmos precisamente porque él había vitoreado el mensaje de Cristo Jesús.  La primera lectura nos muestra que la predicación sobre la Resurrección que hacen los Apóstoles venía acompañada por señales tremendas.  La Resurrección, en otras palabras, levanta de entre los muertos,  a una comunidad que la predica y proclama entre los hombres, y trae su portento y su fuerza al mundo.  Por ésta razón somos Pro-Vida.

Tomás dudó de la victoria de la vida sobre la muerte.  ¿En Dónde se encontraba él la primera noche de la Pascua de Resurrección? La Escritura no nos da cuenta de ello, excepto para decir que él no estaba con los demás apóstoles a quienes el Señor se apareció.  Quizás Tomás se hallaba afuera buscando al Señor! Después de todo, si él era el tipo de persona que tenía que “ver por él mismo”, y había escuchado el anuncio de las mujeres que habían visto al Señor ésa mañana en la vera del camino, a lo mejor él creyó que podría salir al mismo camino y encontrárselo!  Pero eso fue un error, dado que Tomás se separó de la comunidad de creyentes reunidos en torno a Pedro. Y así, sólo se perdió de ser testigo de la resurrección del Señor. 

Fue sólo hasta que Tomás se volvió a reunir con la comunidad, que pudo él también testificarlo con sus ojos y palparlo con sus manos.  Hoy día, nosotros somos ésa comunidad de fe, trayendo entendimiento a todo el mundo, de que el destino de la persona humana es la vida, no la muerte, y que no hay más que Uno sólo quien posee las llaves del Hades.  El es el Señor de nuestras vidas, de nuestra libertad y de nuestras elecciones.

Él es el Resucitado!


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