Casados con Dios
La primera lectura del Evangelio de hoy revela que Dios nos ama tanto que se describe a sí mismo como nuestro esposo. No se contenta con “mirarnos desde la distancia,” o simplemente “enviarnos” su amor. Por el contrario, viene radicalmente cerca de nosotros, llenándonos de su ser, y se nos entrega totalmente. Nosotros, a cambio, estamos llamados a entregarnos totalmente a él, como a un esposo. El matrimonio entre Dios y su pueblo, entre Cristo y su Iglesia, es permanente y fructífero. Este lazo de amor no puede ser roto, más aún, siempre trae consigo nueva vida en el espíritu. Por ser la Iglesia la Esposa de Cristo es por lo que proclama la dignidad de toda la vida humana, y nos llama a acoger cada vida con generosidad.