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Navidad - Ciclo C

English Version

Intercesiones Generales: [Spanish PDF]
 

Celebrante: En Navidad, en gozo y esperanza, presentémosle a Dios Padre todas nuestras necesidades con confianza.

Diácono / Lector:

Por la Santa Iglesia de Dios en todo el mundo, para que celebre el nacimiento de Cristo, y crezca en santidad, roguemos al Señor…

Por todos los que todavía no creen en Cristo, para que sepan que hoy El Salvador ha nacido por ellos, roguemos al Señor…

Por la paz en el mundo, para que las naciones resuelvan sus conflictos dándose a Cristo, el Príncipe de la Paz, roguemos al Señor…

Por todos los que se sienten solos o han sido abandonados, por los oprimidos y los hambrientos, los desahuciados, y los no nacidos, roguemos al Señor…

Por todos los que padecen enfermedades en nuestras familias, nuestra parroquia, para que unan sus sufrimientos a los de Cristo, roguemos al Señor…

Por todos los que han fallecido, para que por el poder del nacimiento de Cristo en la tierra, ellos puedan nacer en el cielo, roguemos al Señor…

Celebrante:
Padre, el nacimiento de tu Hijo renueva la esperanza.
Al atender nuestras peticiones,
danos la gracia de siempre dar testimonio fiel de Ti
ante todo el mundo,
Por que Él es El Señor por siempre. Amen.

Adiciones para el boletín:
  Mesías y Señor

En la Misa de Navidad de medianoche, escuchamos el glorioso anuncio de que nos ha nacido un Salvador. Desde el inicio de los tiempos, los profetas anunciaron que el Mesías del Señor vendría. “Mesías,” o “Cristo” significan “El Ungido.” Dios ungió a muchos para que realizaran una misión especial.

En la Navidad, esta profecía se hizo realidad de un nodo sorprendente, porque los ángeles no anunciaron simplemente que Jesús era el Mesías del Señor. Ellos dijeron que el niño recién nacido era Mesías Y Señor. Dios no solamente envió un Mesías. Él mismo vino. Este Niño es el Dios que nos creó a todos. Y viniendo de este modo, unió cada vida humana, nacida o no nacida, a la Suya. Navidad es, verdaderamente, la fiesta de la dignidad de cada vida humana.
Puntos sugeridos para la homilía dominical:
 

Vigilia:
Is 62:1-5
Hechos 13:16-17, 22-25
Mt 1:1-25 or 1:18-25

Media Noche:
Is 9:1-6
Ti 2:11-14
Lc 2:1-14

Amanecer:
Is 62:11-12
Ti 3:4-7
Lc 2:15-20

Día:
Is 52:7-10
Heb 1:1-6
Jn 1:1-18 o 1:1-5, 9-14

No había lugar para ellos en la posada. Esto nos debe hacer pensar, porque el nacimiento de Cristo fue previsto y planeado por Dios desde toda la eternidad. Cientos de años antes de que ocurriera, los profetas anunciaron que nacería de una Virgen (Is 7:14) y que Belén sería la cuidad de su nacimiento (Miqueas 5:2). También se predijeron muchos otros detalles de su vida y su muerte. ¿Cómo, entonces, se le podría haber olvidado a Dios proveer alojamiento para su único hijo? Además, el niño nacido en Navidad es dueño de la Posada, de Belén, del mundo y todo el universo.  

Obviamente, Dios hizo esto intencionalmente. No había lugar en la Posada, porque esto demuestra que el niño llega como un Salvador, a reconciliar un mundo que está en enemistad con Dios y lo ha rechazado. La falta de campo en la Posada simboliza la falta acogimiento que hacemos para él en nuestros corazones. Hoy él no busca una Posada; busca habitar en nuestros propios corazones y nuestras vidas. 

Darle la bienvenida al Divino Niño significa darle la bienvenida a todo lo que él hace y enseña.  Acogemos a quien predica las Bienaventuranzas, a quien nos instruye con parábolas y establece su iglesia. Al darle la bienvenida al bebé en el pesebre, acogemos al Señor en la mesa dando la Eucaristía, y acogemos al cordero en la Cruz.  

Acogemos a todos lo que a él les da acogida, y hacemos campo para todos a los que él ama, especialmente los no queridos, marginados, a los que nos estorban o nos son inconvenientes.  Si damos la bienvenida al niño Jesús, acogemos a cada bebé y recibimos su enseñanza que toda vida es sagrada, y vivimos de acuerdo a esto.


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