Sacerdote: Reconociendo a Cristo como nuestro Rey y Señor, presentémosle nuestras oraciones y peticiones al Padre en Su nombre:
Diácono/Lector:
Para que la Iglesia sea una sirviente digna del Evangelio y dirija al pueblo de Dios hacia el reino prometido, roguemos al Señor...
Para que los lideres mundiales gobiernen justa y sabiamente, y busquen la verdadera paz, roguemos al Señor...
Para que en Cristo, el Rey de la Vida y la Justicia, los males del aborto, el infanticidio, y la eutanasia sean eliminados de entre nosotros, roguemos al Señor...
Para que las cosechas del mundo sean compartidas con toda la gente, especialmente con los que más la necesitan, roguemos al Señor...
Para que más hombres y mujeres generosamente acepten el llamado a servir a Cristo y a su Iglesia como sacerdotes, diáconos, y religiosas, roguemos al Señor...
Para que los que han fallecido disfruten de la paz y la vida eterna en el cielo, roguemos al Señor...
Sacerdote:
Dios de amor,nuestro refugio y nuestra fuerza,escucha las oraciones de tu Iglesia,y concedenos la gracia de ser siempre fieles a Ti.Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
El Rey de la Vida
La liturgia de hoy, Fiesta de Cristo Rey, nos dice que su reino es “un reino de verdad y vida, un reino de santidad y gracia, un reino de justicia, amor, y paz.” En verdad, todas estas realidades encajan perfectamente. La verdad y la vida van juntas, porque cuando nosotros conocemos la verdad sobre el amor de Dios y cuidamos la creación, respetamos la vida. Cuando conocemos la verdad sobre nosotros mismos, que sólo pertenecemos a Dios, es que nos damos cuenta de que no podemos destruir a otra persona. El respeto por la vida, personalmente al igual que en nuestras leyes y políticas como nación, es el primer requisito para la justicia y condición absoluta para la paz. Y mientras más santos seamos, más le vamos a permitir a la gracia de Dios entrar en cada uno de nuestros pensamientos y deseos, más nos vamos a adherir a la verdad, a defender la vida, y a promover la justicia y la paz.