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Trigésimo Domingo en Tiempo Ordinario, Ciclo C - Ciclo C

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Intercesiones Generales: [Spanish PDF]
 

Celebrante: La oración del humilde penetra el cielo. Con mucha confianza de que Dios está con nosotros, le presentamos humildemente nuestras necesidades.

Diácono/Lector:

Para que la Iglesia predique y viva la vida de humildad, arrepentimiento constante, y fidelidad gozosa, roguemos al Señor...

Por todos los que nunca han escuchado el Evangelio, para que por el trabajo de los que lo predican, y el testimonio de cada uno de nosotros, toda la gente pueda escuchar y creer en las Buenas Nuevas del Señor, roguemos al Señor...

Para que Dios, quien escucha el llanto del oprimido, inspire a todos los de los medios de comunicación para que sean una voz fuerte por los débiles, los marginados, y los nonatos, roguemos al Señor…

Por todos cuyas vidas y hogares han sido afectados por el mal tiempo, para que encuentren fuerza en El Señor y la ayuda que necesitan de todos nosotros, roguemos al Señor...

Por los enfermos, los abandonados, y todos los que Dios ha llamado de este mundo, roguemos al Señor...

Celebrante:
Padre,
Tu siempre escuchas las oraciones del oprimido.
Conocemos nuestros pecados, pero confiamos en Ti.
Concédenos lo que te pedimos y mantennos fieles.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amen.

Adiciones para el boletín:
 

Las mujeres hablan

"[El aborto] me produjo una pena y un dolor que van más allá de lo que pueda expresar. He cometido el más atroz de todos los delitos - Maté a mi propio hijo. Sin embargo, el Señor me perdonó, al igual que a Pablo. Pero, siempre me arrepentiré de lo que hice y es probable que siempre sienta dolor por ello. Pero rezo para que mi experiencia pueda, de alguna manera, evitar que otras mujeres cometan el mismo error fatal. ¡Ahora soy enfermera, y me pongo mi uniforme en todas las cosas pro-vida que hago! "Para obtener información sobre la curación después de un aborto, vea www.SilentNoMoreAwareness.org.

Puntos sugeridos para la homilía dominical:
 

Sir. 35:12-14, 16-18
2 Tm. 4:6-8, 16-18
Lc. 18:9-14

La enseñanza en las lecturas  de hoy nos muestra que "la oración del humilde atraviesa las nubes."

Pero la lección no es sólo acerca de la eficacia de la oración. Es sobre el amor de Dios por los más pequeños, los marginados , los "pobres" –que implican mucho más que los privados de las cosas materiales–  y más fundamentalmente de aquéllos que no tienen la ayuda que Dios. El Señor escucha el grito de los pobres "de los que claman a él”, de los que no tienen acceso a ninguna de las estructuras de poder de este mundo, que deberían protegerles y que, sin embargo, no lo hacen.

Dios escucha a los "pobres ", ya que pertenece a su naturaleza hacerlo. Él es, como proclama la primera lectura, " un Dios de justicia.”

“Justicia" es un tema de gran alcance en la Escritura, y se refiere a la intervención de Dios para rescatar a los indefensos. El acto fundamental de la justicia, de la intervención de Dios en el Antiguo Testamento es el Éxodo, presagiando el acto supremo de justicia en Cristo Jesús, quien nos libra del reino de la muerte y el infierno por su propia muerte y resurrección.

Todo esto apunta, por supuesto, a la preocupación de Dios por los más pobres entre los pobres y los más indefensos de todos, los niños todavía en el útero. No tienen acceso a las estructuras de poder de este mundo, que les han privado oficialmente de sus derechos humanos fundamentales. Ningún grupo de seres humanos es más víctima, o en mayor número, que los niños en los primeros nueve meses después de la concepción.

El Dios de la justicia requiere de su pueblo a " hacer justicia", es decir, a " escuchar el clamor de los oprimidos ", como él lo hace. El niño por nacer es, en efecto, " el huérfano”,  a menudo renegados por padres que recurren al aborto. La madre embarazada es, para efectos prácticos, comparada con la difícil situación de la  “viuda" en la Escritura, porque la mitad de las que tienen abortos dicen que no pueden seguir adelante con el embarazo debido a la falta de apoyo por parte del padre del niño.

Estamos llamados a intervenir, para llegar a aquellos tentados a abortar y fortalecerlos para hacer lo que es correcto, y hablar y tomar medidas para restablecer la protección a los no nacidos , porque el Señor escucha el grito de los pobres e indefensos.


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