La Muerte de Jesús es Nuestro Ejemplo
Jesús, quien dijo al entrar al mundo: “He venido, Oh Dios, para hacer tu voluntad” (Heb. 10,9), se hizo asimismo obediente al Padre en todo y, “habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13:1), entregándose completamente por ellos. Él que había venido “a servir y no ha ser servido, y a dar su vida como rescate por muchos” (Mc 10:45), obtiene en la Cruz la cumbre del amor: “Nadie tiene mayor amor, que aquel que da la vida por sus amigos” (Jn 15:13). Y él murió por nosotros aún siendo pecadores (Rom 5:8) De este modo Jesús proclama que la vida encuentra su centro, su significado y su realización cuando se entrega. En este punto nuestra meditación se convierte en alabanza y acción de gracia, y al mismo tiempo nos impulsa a imitar a Cristo siguiendo sus huellas (1Pedro 2:21). Nosotros también estamos llamados a dar nuestras vidas por nuestros hermanos y hermanas, y así realizar en la plenitud de la verdad el significado y el destino de nuestra existencia.