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Domingo de Ramos, Ciclo A - Ciclo A

English Version

Intercesiones Generales: [Spanish PDF]
 
Celebrante: Cristo sufrió y murió para que nosotros nos hiciéramos hijos de Dios. Como tales, ahora le presentamos nuestras peticiones. 

Diácono / Lector: 

Por los que serán bautizados y recibidos en la Iglesia en esta Pascua para que sean bendecidos y mantenidos de toda duda o tentación, roguemos al Señor... 

Para que todos los que nunca han escuchado de Jesús puedan llegar a conocerlo y saber cuanto sufrió El por ellos, y puedan creer en su Resurrección, roguemos al Señor... 

Para que la muerte redentora de Jesús restaure en nosotros una reverencia profunda y un mayor respeto a cada vida humana, por la cual Él sacrificó su propia vida, roguemos al Señor... 

Para que en esta semana Santa, nuestros familiares y amigos que ya no practican la fe puedan escuchar el llamado de Dios a regresar, roguemos al Señor... 

Por los que viajan para que sientan la protección, fuerza, y el gozo de los amigos y parientes, roguemos al Señor... 

Para que los enfermos sean sanados y los que han fallecido sean bienvenidos a la vida eternal, roguemos al Señor... 

Celebrante: 

Padre, 
mantén ante nuestros ojos 
el sufrimiento y muerte de Tu Hijo. 
Que encontremos en El 
fuerza para nuestro viaje 
y la victoria sobre el mal. 
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor, Amen. 

Adiciones para el boletín:
 

La Muerte de Jesús es Nuestro Ejemplo

Jesús, quien dijo al entrar al mundo: “He venido, Oh Dios, para hacer tu voluntad” (Heb. 10,9), se hizo asimismo obediente al Padre en todo y, “habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13:1), entregándose completamente por ellos. Él que había venido “a servir y no ha ser servido, y a dar su vida como rescate por muchos” (Mc 10:45), obtiene en la Cruz la cumbre del amor: “Nadie tiene mayor amor, que aquel que da la vida por sus amigos” (Jn 15:13). Y él murió por nosotros aún siendo pecadores (Rom 5:8) De este modo Jesús proclama que la vida encuentra su centro, su significado y su realización cuando se entrega. En este punto nuestra meditación se convierte en alabanza y acción de gracia, y al mismo tiempo nos impulsa a imitar a Cristo siguiendo sus huellas (1Pedro 2:21). Nosotros también estamos llamados a dar nuestras vidas por nuestros hermanos y hermanas, y así realizar en la plenitud de la verdad el significado y el destino de nuestra existencia.


 

Puntos sugeridos para la homilía dominical:
 
Mt 21:1-11
Is 50:4-7
Phil 2:6-11
Mt 26:14—27:66 or 27:11-54

Hoy llegamos al comienzo de una semana que nos lleva al centro y al clímax de todo el año litúrgico y del mismo núcleo del Evangelio en el que creemos: Cristo ha muerto, Cristo ha resucitado, Cristo vendrá de nuevo.

Nos hemos estado preparando durante toda la Cuaresma para celebrar los eventos de estos días, eventos que son tan cruciales para la historia de la humanidad y para nuestra vida, que requieren un período completo de arrepentimiento y preparación para celebrarlos dignamente. Somos bendecidos y privilegiados con poder decir que creemos que a través de los eventos relatados en la narración de la Pasión, Dios ha revelado su amor por nosotros, ha abierto el camino para el perdón de todos nuestros pecados y ha puesto en nuestras manos el regalo de la vida eterna.

1. Dios ha revelado su amor por nosotros. San Pablo dice a los romanos que Dios nos demostró su amor precisamente cuando Jesús entregó su vida por nosotros, los pecadores. Por su decisión de ir a Jerusalén, decidió al mismo tiempo dar su vida por nosotros, Él sabía exactamente lo que iba a sucederle y accedió a ello por completo.
Su entrada a la ciudad fue triunfante. Los aplausos que lo recibieron están en completo contraste con los gritos de la multitud que el viernes pedían: “¡Crucifícalo!”. Al mismo tiempo, el triunfo del Domingo de Ramos representa el hecho de que al ir a Jerusalén, llevó el triunfo de la gracia sobre el pecado y de la vida sobre la muerte. Su elevación en la cruz es una elevación en la gloria. Lo que vemos allí no es debilidad, sino fortaleza, la fortaleza de dar la vida por los demás que necesitan ser salvados. Lo que vemos allí es la victoria triunfante de la obediencia sobre la rebeldía. Cristo es obediente al Padre, aún hasta en la muerte, hasta deshacer nuestra desobediencia que lo llevó a la muerte.

Podemos decir que aquellos que aplaudieron a Cristo cuando entraba a Jerusalén no se dieron cuenta de cuán acertados estaban. Había más para celebrar que lo que podían percibir o imaginarse. El amor iba a ser revelado de una manera que cambiaría la historia de la humanidad y abriría la entrada al Reino de la salvación.
Al comienzo del Cristianismo, algunos sostuvieron de forma errónea que Jesús no sufrió realmente su pasión, sino que solamente aparentó sufrirla. Sin embargo, la Iglesia enseña que “Él sufrió, murió y fue enterrado.” Éste es un artículo de fe. Su sufrimiento y muerte fueron reales, y eso deja completamente en claro su amor.

2. Dios ha abierto el camino para el perdón de nuestros pecados. ¿Qué pesó sobre los hombros de Jesús cuando lo cargaron con la cruz? ¿Qué pesó sobre su cabeza cuando le colocaron la corona de espinas? ¿Qué pesó sobre su cuerpo cuando lo azotaron a latigazos? Ese peso fue el de nuestros pecados. Como dice un himno de la Semana Santa:

“¿Quién fue el culpable?
¿Quién te ha hecho esto?
Ay, mi traición,
Jesús, te he destrozado.
Yo soy el culpable.
Yo te negué.
Yo te crucifiqué.”
Este es el día y esta es la Misa en la que todos reafirmamos, con absoluta convicción y profunda gratitud, que el perdón de nuestros pecados viene a través de la sangre de Su cruz, y que hemos de correr hacia la cruz cada vez que lo necesitemos pues es el único lugar en el que encontraremos el perdón.

3. Los eventos de este día traen vida eterna al mundo. Dios está encargado de destruir la muerte. Él se rinde ante ella y luego le quita su poder a través de su resurrección. Toda nuestra fe está centrada en estos eventos. Todos los sacramentos y nuestras oraciones deben su efectividad a estos eventos. Cada enseñanza de la Iglesia y toda la predicación alrededor del mundo tienen el propósito de anunciar estos eventos. El fin completo de la Iglesia y de todos sus ministerios es el de aplicar los frutos de estos eventos a cada ser humano y a la misma sociedad.
Dios destruye la muerte y continúa haciéndolo a través de nosotros. Los eventos relatados en este día nos convierten en el Pueblo de la Vida. Renuevan nuestra convicción de que Dios se preocupa por la vida humana y que nosotros también debemos hacerlo. A la luz de la pasión y muerte de Cristo, que es la pasión y muerte del mismísimo Dios, ningún ser humano puede permanecer indiferente a la violencia. A la luz de lo que hizo Cristo para rescatarnos de la muerte, nos damos cuenta de nuestro llamado a rescatar a otros de la muerte. Este rescate comienza con los seres humanos más vulnerables entre nosotros, los niños que aún viven en el vientre de sus madres, y que son privados de la vida a través del aborto. Algunos son tentados a eliminar una vida en lugar de sacrificarse, protegerla y cuidarla. Pero cuando vemos lo que Dios ha hecho por nosotros, encontramos que el verdadero significado de la vida es el de darnos para el bien del otro. A la luz del Domingo de Ramos, no tiene sentido retener nuestro amor o nuestro sacrificio en nombre de la vida humana.

Y es esa simple verdad la que debemos recordar durante todo el año, a través de los ramos de olivo que hoy nos llevamos a nuestro hogar. Nos permite correr hacia la cruz de Cristo, agradecerle por la vida eterna que nos brinda y decidir ser el Pueblo de la Vida en este mundo.


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