Testimonies

David no calla mas

David
       
Soy David de San Antonio, Texas.
 
La primera vez que participé de un aborto fue en 1989 cuando mi novia, con quien tenía una aventura adúltera, se embarazó de otro hombre, dado que yo no iba a dejar a mi esposa por ella. Me dijo que estaba embarazada en crisis para ver cuál sería mi reacción. 
 
Sabía que no podía permitirme ser el padre de un niño ilegítimo. Sin embargo, como quería continuar mi relación física con esta joven, le dije que yo sería el hombre que el padre de ese bebé no podría ser y la ayudé en su decisión de abortar al niño no deseado. 
 
Recuerdo todo sobre ese día de verano caluroso, feo, húmedo y oscuro. Observé cómo caminaba lentamente desde la sala de la muerte del abortuario. Antes de subir al coche empezó a vomitar y me dijo que tenía un dolor abdominal agudo. Estaba sangrando, pero le dijeron que era de esperar. Todo lo que quería hacer era escapar y alejarme de ella y de toda la situación. Me sentí temeroso pero liberado; me di cuenta de lo bajo que podía llegar. Caí en una depresión aguda, alcoholismo, e incrementé mi consumo de drogas. Tuve múltiples aventuras adúlteras con toda clase de depravaciones. Tenía deseo por el dinero y el poder. Sentía que cuanto más rico y poderoso me volvía, más distancia podía poner entre mi y mi pasado. No importaba lo bien que me vistiera ni quién fingiera ser, mi horrible pasado estaba ahí conmigo. En mi desesperación tuve cambios de humor violentos.
 
Un año después, cuando volvió a quedar embarazada, esta vez el hijo era mío. Mi furia era incomparable. La arrastré con maldad a un abortuario del que salió corriendo. Pensé que estaba mintiendo acerca de que estaba embarazada para atraparme y convencerme de dejar a mi esposa y casarme con ella. La realidad era que yo no quería compartir ni sacrificar nada, mi tiempo, mi dinero, con nadie, ni siquiera con un bebé.
 
Recuerdo ese día, el abortuario estaba lleno de mujeres; ella estaba llorando, yo no reaccioné. Una vez que el bebé estuvo muerto, la dejé en su casa, regresé a mi casa y le pregunté a mi esposa qué había de cenar. Traté de fingir que todo era normal. No pasó mucho tiempo antes de que tocara fondo y me internara en un centro de rehabilitación.
 
Cuando me dieron de alta, supe que necesitaba más ayuda. Inmediatamente fui a confesarme con un sacerdote católico. Me tomó tres (3) días consecutivos completar mi confesión. Pero todavía pensaba que sabía más que Dios. Aunque había recibido la absolución por mis pecados, no podía aceptar el perdón de Dios. No fue hasta un año y medio después que Dios me bendijo con la gracia de, finalmente, aceptar su misericordia y comenzar este largo y doloroso proceso de sanación.  
Hoy, con los Dones Espirituales del Viñedo de Raquel y todo lo que ha sido parte del proceso de sanación de Dios para mí, ahora tengo la Paz que sobrepasa todo entendimiento y a través de este GOZO, ¡estoy dispuesto a NO CALLAR NUNCA MÁS!


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