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¿Cuál libertad celebramos?

 

P. Victor Salomón
Director, Hispanic Outreach

   
  Tuesday, July 05, 2011

   
 

Si hubiera una palabra con la cual se pudiera resumir el gentilicio estadounidense sería, sin lugar a dudas, la palabra libertad. Su constitución nacional, su himno y su cultura tienen uno de sus fundamentos en la noción de libertad y su ejercicio. Sus soldados siguen ofrendado sus vidas para que la libertad sea ejercida por el pueblo estadounidense.

El 4 de julio es una excelente oportunidad para darle gracias a Dios por todas las bendiciones que ha recibido esta gran república, y, además, es también una buena ocasión para reconocer, como nación, las materias pendientes respecto al ejercicio de la libertad, por la cual muchos de su hombres y mujeres, y también niños y jóvenes, dieron sus vidas, regando con su sangre esta tierra que ha sido casa grande para emigrantes venidos de todos los rincones del planeta. Es la misma pregunta que nos debemos hacernos en otros países cuando celebramos la independencia, por ejemplo, en mi tierra natal Venezuela se celebra el 5 de julio.

Es conveniente que clarifiquemos algunas definiciones, porque en ocasiones podemos creer que estamos hablando de lo mismo sin tener claros los conceptos básicos. Una cosa es el libre albedrío y otra, la libertad.

El libre albedrío es la capacidad que tenemos los seres humanos para elegir entre opciones, sin por ello darle una connotación moral a la elección realizada. Así una persona tiene la capacidad de elegir cuál color de carro quiere , o su profesión, o en cuál universidad estudiará, etc, etc, … estamos, pues, constantemente ejerciendo esta capacidad solamente humana del libre albedrío, sin embargo, para muchos el libre albedrío es lo mismo que la libertad. Veamos entonces qué es la libertad.

La libertad consiste en elegir siempre el bien, porque cuando elegimos el mal no somos libres, sino que nos esclavizamos. Este es uno de los temas fundamentales de nuestra fe y el motivo último de todo pecado, entendido como una ofensa a nuestra propia naturaleza de hijos de Dios, una ofensa a la comunidad cristiana de la cual somos miembros, y la ofensa a Nuestro Padre Dios. Ofensas, todas ellas, basadas en tomar decisiones sin tomar en cuenta a Dios.

Para poder ejercer la Verdadera Libertad ésta tiene que estar vinculada con el Bien y la Verdad, sino sería una “libertad falsa”, la cual en lugar de elevarnos en el ejercicio de nuestra humanidad, nos sepultaría en vida en un autonomismo alejado de la Verdad y el Bien.

Ese fue el drama que se vivió en el principio de la humanidad con Adán y Eva: autonomía del hombre sin tomar en cuenta a Dios –la propuesta siempre puesta al día por Satanás- o; un ejercicio de la libertad siguiendo nuestra conciencia bien formada en la Verdad. El ahora Beato Juan Pablo II lo resumió magistralmente en uno de sus comentarios durante el rezo del Angelus en el Vaticano.

“…La conciencia no crea la norma, sino que la recibe como imperativo que se le impone. Por tanto, en la base de su juicio no se halla la presunción de una autonomía absoluta, sino la humildad de la criatura que se siente dependiente de su Creador.

Como todas las cosas humanas, también la conciencia puede fallar, cayendo en engaños y en errores. Es una voz delicada, que puede ser atropellada por una vida ruidosa y distraída, o casi ahogada por un largo y grave hábito de vicio.

La conciencia debe ser cultivada y educada, y el camino principal de su formación al menos para quien tiene la gracia de la fe, es la confrontación con la revelación bíblica de la ley moral, autorizadamente interpretada, con la asistencia del Espíritu Santo, por el Magisterio de la Iglesia.

3. Si queremos amadísimos hermanos, un modelo de conciencia madura, contemplemos a María. La Virgen santísima se nos presenta en el evangelio como mujer a la escucha de Dios, siempre dispuesta a hacer su voluntad. En su corazón acogedor la Palabra de Dios pudo echar profundas raíces, antes de«hacerse carne» en su seno virginal y venir a «poner su morada entre nosotros»(Jn 1, 14).

Que María, por tanto, con su maternal intercesión, nos obtenga una conciencia vigilante y dócil al soplo del Espíritu divino.” Fuente http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/angelus/1993/documents/hf_jp-ii_ang_19931107_sp.html

Entonces, mis queridos lectores, ¿Cuál libertad celebramos? ¿Celebramos la verdadera libertad o la esclavitud? ¿Qué piensa usted?

   
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