Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario
- Ciclo A
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Intercesiones Generales:
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Celebrante: Bienaventurados los pobres, los que sufren, y aquellos que buscan y procuran la paz y la justicia. La verdad de éstas palabras nos brindan la confianza para orar hoy. Diácono/ Lector Que la Iglesia pueda proclamar las Bienaventuranzas con claridad y vivirlas con fidelidad, Te lo pedimos Señor…
Que los poderosos e influyentes del mundo puedan escuchar la Voz de Dios y se gloríen sólo en el Señor, Te lo pedimos Señor… Que las personas de Dios procuren la justicia trabajando para salvar a los más pobres entre los pobres; es decir, los niños no nacidos en peligro de aborto, Te lo pedimos Señor… Por todas las Escuelas Católicas, para que crezcan cada vez más en la fortaleza de su misión de impartir el conocimiento de la fe, y preparen a los niños para ser valientes testigos de la verdad, el amor y la santidad de la vida, Te lo pedimos Señor. Para que los enfermos puedan hallar alivio en la enseñanza de las Bienaventuranzas, y que en su sufrimiento y soledad puedan recibir la consolación de Nuestro Señor, Te lo pedimos Señor…. Que quienes han muerto, especialmente aquellos que padecieron la afrenta y la ridiculización por cuenta de su Fe, se regocijen para siempre en su recompensa celestial, Te lo pedimos Señor.
Celebrante: Padre
Tenemos hambre y sed de santidad,
Y añoramos la Paz que proviene de Ti.
Al oír nuestras súplicas,
Concédenos Señor todo lo que es bueno
Y consérvanos en tu amoroso cuidado.
Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor. Amén.
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Adiciones para el boletín: |
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La Presentación del Señor nos recuerda el hecho de que hasta Jesús mismo fue presentado al Padre en el templo.
Jesús fue enviado por el Padre, quien es el origen de todo lo que existe. Y la misión de Jesús es traer todo de vuelta al Padre. Esto nos recuerda que todo le pertenece a Dios y solamente a Dios. Así que nadie puede reclamar propiedad sobre otro ser humano, o quitarle sus derechos a alguien más, o decidir si otro vive o muere. Nadie puede disponer sobre la vida de otro. Por eso es que ningún individuo, ni ninguna nación puede permitir el aborto. Dediquémonos a servir a Dios y a respetar la vida humana, que le pertenece sólo a Él. Líder Pro Vida Frank Pavone.
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| Puntos sugeridos para la homilía dominical: |
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Sof 2:3; 3:12-13
1 Cor 1:26-31
Mt 5:1-12a
Sería difícil encontrar un grupo de lecturas más apropiadas para comentar sobre asuntos pro-Vida que los de éste fin de semana. Las Bienaventuranzas (Evangelio) tratan de voltear completamente la manera de cómo el mundo evalúa quién es importante y digno de atención. El Señor o la Iglesia nos señala a todos aquellos que “ no valen nada” a los ojos del mundo (Segunda Lectura) como aquellos a quienes el Señor muestra su favor y predilección especial. Cuando las Bienaventuranzas hablan sobre los “pobres”, no se refieren de forma exclusiva a quienes padecen privaciones materiales. La Escritura refiere como “pobres” a todos aquellos que dependen completamente de Dios, quienes no cuentan con ayudas del mundo, y quienes han sido marginados. Los no nacidos son los más pobres entre los pobres. A los ojos de muchos en el mundo, y a los ojos de la Ley, ellos “no valen nada”. Ellos cuentan con poca o ninguna defensa. Ellos son a los que, por encima de los demás, les aplica las palabras de hoy del salmo responsorial: “El Señor asegura la justicia para los oprimidos; el Señor libera a los cautivos…y ensalza a aquellos que fueron humillados.” El Señor hace esto, por supuesto, a través de su pueblo, quienes, como afirman las Bienaventuranzas, “están sufriendo” (porque lloran por las injusticias del mundo, como el aborto); “tienen hambre y sed de justicia” (por ver que los derechos de todos sean reconocidos y revindicados); “tienen misericordia” (particularmente con aquellos que se hallan en peligro de muerte); “son pacificadores” (porque, como dijo la Madre Teresa, el mayor destructor de la paz es el aborto); y “son insultados y perseguidos por mi causa” (tal como muchos activistas pro-Vida lo son hoy día).
El Señor asegura la Justicia tal como lo afirma el Salmo. Por lo tanto, Sofonías urge al pueblo de Dios a “procurar la Justicia”; y las Bienaventuranzas declaran que aquellos que lo hagan, son y serán bienaventurados. Para ser como Dios, nosotros debemos realizar las obras de Dios. Hoy, convoquemos al pueblo de Dios a que se involucre de forma activa en la causa Pro-Vida.
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