Jer 20:7-9
Rom 12:1-2
Mt 16:21-27
Ve este vídeo con ideas para homilías pero vida: https://www.youtube.com/watch?v=OsLIGHIcv7I
Los esfuerzos de la iglesia en anunciar, celebrar y servir el Evangelio de la vida están marcados por los temas de las lecturas de hoy.
En primer lugar, el esfuerzo por defender la vida se basa en la sed de Dios expresado hoy en las lecturas de Jeremías y el Salmo. Lo deseamos a El que es la vida misma y deseamos que otros lo posean también. Servimos al Reino de la Vida, ya que primero nos ha capturado, nos cautivo, y nos convenció de que toda nuestra felicidad y satisfacción se encuentran en el Reino de la verdad y vida, de la santidad y gracia, de la justicia, amor y paz.
En segundo lugar, es la convicción que se aparta de una manera mundana de pensar que no ve la conexión entre la libertad y la verdad, pero que en su lugar afirma que la creencia y la elección individual son principales incluso sobre la vida misma. Esta actitud crea la cultura de la muerte. Como dice San Pablo en la segunda lectura de hoy, no debemos conformarnos a este siglo, ni a su forma de pensar “pro-elección”, especialmente acerca de los no nacidos y los discapacitados. El movimiento pro-vida se basa en la renovación de nuestra mente de la cual habla Pablo, una renovación que se traduce en la capacidad de discernir “lo que es bueno, agradable y perfecto.” Es la base de ver, como escribió Juan Pablo II en Evangelium Vitae, que “la vida es siempre buena.”
En tercer lugar, el pasaje del Evangelio refuerza la necesidad de este discernimiento. Pedro estaba pensando de una manera mundana, cuando vio el sufrimiento y la cruz como algo que debía evitarse a toda costa. Hoy en día esta forma de pensar lleva a algunos a ver el aborto como una solución por el sufrimiento de una “crisis de embarazo inesperado”, o la eutanasia como el escape a una enfermedad o discapacidad. Pero eso no es un pensamiento piadoso. Como alguien dijo una vez, “El falso dios transforma el sufrimiento en violencia, el verdadero Dios transforma la violencia al sufrimiento. Así lo hizo Jesús con su cruz, por lo que nos llama a hacer al adoptar la nuestra.