Sab 18:6-9
Heb 11:1-2, 8-19 or 11:1-2, 8-12
Lc 12:32-48 or 12:35-40
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"Porque pensó que quien había hecho la promesa era digno de confianza". Así es como la segunda lectura de hoy describe a Abraham, nuestro padre en la fe. Dios le hizo un juramento a él, que aunque eram mayores y sin hijos, él tendría descendientes tan numerosos como las estrellas del cielo y la arena a la orilla del mar. Abraham confió en el juramento y actuó conforme a él – no porque lo que le dijeron que tenía sentido, sino porque confiaba en el que se lo decía. No comprobó las cosas según nuestro modo de verlas, calculando y analizándolas humanamente. La evidencia que él tenía era su fe, aferrarse a lo que se espera, es la certeza de cosas que no se pueden ver." como la segunda lectura nos dice.
No sólo Abraham sino el pueblo de Abraham asimismo confió en Dios. La primera lectura nos dice, " sabiendo con seguridad en qué juramentos habían creído, se sintieran reconfortados. Tu pueblo esperaba, a la vez, la salvación de los justos y la perdición de sus enemigos " ¿Cuál era la prueba de que sus enemigos serían destruidos? No era cualquier aparente debilidad de sus enemigos, sino más bien su fe, la "certeza de cosas que no se pueden ver," porque había uno que sí las vio y les dijo.
A nosotros, también, se nos manda tener esa misma fe, ahora arraigada en los juramentos que Dios nos ha jurado por la sangre de Cristo. Nosotros también debemos tener "la certeza" que nosotros seremos liberados de todos nuestros enemigos, de todo lo que oprime a la familia humana, de todos nuestros pecados y la misma muerte. La cultura de la muerte, no importa cuán fuerte aparezca, ha perdido su fundamento.
Dios le hizo un juramento a Abraham; Él nos hizo un juramento a nosotros en Cristo. Él nos libera del error, el pecado y la muerte a través de la Cruz y resurrección de Cristo – una cruz y la resurrección en la que compartimos. Cada uno de los sacramentos, de hecho, es un juramento (que es lo que significa la palabra "sacramentum"). Cuando, por ejemplo, nuestros pecados son perdonados en el Sacramento de la penitencia, Dios nos da su juramento que somos perdonados y también que su gracia está con nosotros para resistir la tentación en un futuro. Cuando nos nos confirmamos, el juramento de Dios es que el poder del Espíritu Santo nos permitirá dar testimonio de Cristo y permanecer fiel a su verdad en cada circunstancia de nuestra interacción con un mundo a veces hostil. En el Sacramento del matrimonio, los cónyuges no son los únicos que hacen juramentos. Dios hace un juramento, que le proporcionará cada onza de gracia y la fuerza que necesitarán para ser fieles.
Y hace el juramento que él va a volver. El Evangelio afirma que Cristo regresará, real y verdaderamente como cuando vino la primera vez. En esta segunda venida, que tendrá lugar en un día y en un momento en que nadie sabe, será recompensada toda nuestra confianza y serán cumplidas todas nuestras esperanzas. Librados totalmente de la oscuridad, el pecado y la muerte con la resurrección de los muertos y la separación final del bien del mal. Todo el bien que se ha hecho que no ha sido reconocido será recompensado; el mal que se ha hecho y no ha sido corregido será rectificado.
Ese día, no sólo se nos llamará para regocijar en esta liberación, pero se nos pedirá rendir cuenta de nuestra confianza, y de cómo esa confianza dio forma a nuestra vida cotidiana. ¿Vivimos en una forma que mostró que confiamos en nosotros mismos y nuestra seguridad mundana (posesiones, reputación, astucia mundana, etc.) en vez de en quien hizo un juramento que él nos liberaría? ¿Siempre tratamos de arreglar las cosas nosotros mismos, al punto de recurrir a la mentira, a; engaño o al robo, o acaso hicimos lo debido, con confianza en Dios se encarga por lo que no pudimos arreglar? La cultura de la muerte algo en que nuestra sociedad recurre incluso a arrebatar la vida a través del aborto y la eutanasia con el fin de arreglar las cosas de su propia manera en lugar de confiar en el Dios que hace y cumple sus promesas.