Mal. 3:19-20a
2 Tes. 3:7-12
Lc. 21:5-19
Ve este vídeo con ideas para homilías pero vida: https://youtu.be/jKP9YUUJ6ak
Las lecturas de la liturgia de estos días, nos hablan sobre el final de los tiempos y la culminación (consumación) de la historia de la salvación. Es importante para el predicador señalar que estos temas relativos a la segunda venida, en estos últimos domingos del año litúrgico, se relacionan (sutilmente) con la primera parte del Adviento, en la que igualmente el elemento principal es la Venida del Señor.
Las lecturas de hoy causan conflictos en diversos ámbitos: consigo mismo, en familias y comunidades, entre Iglesia y Estado, entre las naciones y, en los Cielos. Aunque Dios es Todopoderoso, permite la lucha entre el bien y el mal y, a su pueblo, escoger entre uno y otro.
Una vez que elegimos, tenemos que luchar por lo que hemos elegido y aún cuando hayamos escogido el lado de Dios, no será fácil. Hay siempre un precio qué pagar por hacer lo correcto, porque el mal está siempre luchando contra el bien.
Este es el contexto general en el cual la posición de la Iglesia en la defensa de la vida humana en nuestros días necesita ser entendida y, en la cual nuestro propio entendimiento de la santidad de la vida, también necesita ser entendida. Nunca es suficiente solo satisfacerse con reconocer y presentar ante los demás la dignidad (belleza) de la vida. Algunos, haciendo esto, se consideran a sí mismos exentos de la lucha a gran escala que está siendo lanzada contra la santidad de la vida en nuestros días.
La encíclica de Juan Pablo II, "Evangelium Vitae" (El Evangelio de la Vida) deja claro que nadie está exento de esta lucha. Algunos pagan un precio más alto que otros por su objeción de conciencia contra las fuerzas de la muerte, por ejemplo, profesionales médicos cuando se niegan a tomar parte en acciones que hagan o pongan en peligro las vidas que se comprometieron a proteger.
Nuestra angustia puede ser, por otro lado, creer que hacemos el ridículo o que somos incomprendidos por familiares, amigos o compañeros cristianos cuando tomamos una fuerte posición en contra del aborto.
Tenemos que estar preparados para luchar, tanto individualmente como comunidad eclesial. Tenemos que ser valientes para enfrentar leyes y políticas públicas que contradigan el Evangelio de la Vida y desafiar esas leyes. Al final, “ni un solo cabello de tu cabeza será destruido”.