3º domingo de tiempo ordinario - Ciclo C

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Intercesiones Generales: [Spanish PDF]
 

Celebrante: El Señor Jesús vino a proclamar la libertad a los cautivos y la salvación a todos. Esto nos da confianza para confiar a él todas nuestras necesidades.

Diácono/Lector:

Para los líderes de la Iglesia que siguen proclamando el mensaje que Jesús predicó, oremos al Señor...

Que todos los gobiernos reconozcan que toda ley humana debe corresponder a las leyes de Dios, roguemos al Señor...

Que como Cristo proclama libertad a los pobres y los cautivos, podamos trabajar para eliminar la guerra, el hambre, la pena de muerte y el aborto, oremos al Señor...

Que las personas afectadas por las inclemencias del clima sea protegidas, oremos al Señor...

Para todos los que enseñan educación religiosa, que sus palabras puedan atraer a muchos más cerca a Dios, roguemos al Señor...

Que los enfermos sean consolados y fallecidos compartan la vida eterna, roguemos al Señor...

Celebrante:

Padre,
Acogemos el Evangelio de tu hijo.
Al responder a nuestras súplicas,
Pedimos que las palabras de ese Evangelio resuenen en nuestros corazones
Y den forma a nuestras vidas.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.

Adiciones para el boletín:
 

"El hecho de que sabemos que estamos en lo justo sobre el valor sagrado de la vida humana debe hacernos humildes y más decididos a difundir este mensaje a través del amor que se muestra en nuestras vidas y nuestra disponibilidad de ser servidores de la vida. Como San Juan nos recuerda, «si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no habita en nosotros» (1 Jn 1:8). Las personas Pro-vida están convencidas – poderosamente convencidas – de la infinita misericordia de Dios. Esa es la luz que traemos al mundo: la verdad sobre el amor de Dios, del perdón, de la belleza de la vida humana en todas sus etapas y estados. " J. Michael Miller, CSB, arzobispo de Vancouver, Canadá, homilía en la Misa anual de pro-vida de Santos inocentes, 12 de enero del 2010

Puntos sugeridos para la homilía dominical:
 

NEH 8:2-4a, 5-6, 8-10

1 Corintios 12:12-30 o 12:12-14, 27

LC 1:1-4; 4:14-21

La lectura del Evangelio de hoy encaja perfectamente con el llamado a la protección de los niños que viven en el vientre materno. Esta defensa está en el corazón del Evangelio y de la misión de Jesús: “Me ha ungido para llevar la buena noticia a los pobres, para proclamar la libertad a los cautivos… para liberar a los oprimidos”.
Nadie está más oprimido en nuestro mundo hoy que el niño por nacer. El Espíritu del Señor, quien es nuestro Abogado en el cielo, nos llena y nos convierte en defensores de estas vidas. Y esa defensa se manifiesta de muchas formas a través de la amplia variedad de actividades del movimiento pro-vida. Así como la segunda lectura nos recuerda la diversidad del único Cuerpo de Cristo, esa misma diversidad se manifiesta en el movimiento pro-vida que, impulsado por el mismo Espíritu que es “Padre de los pobres”, busca el mismo objetivo final.

Debemos recordarnos a nosotros mismos la magnitud de esta tragedia y el hecho de que es “nuestra responsabilidad” intervenir por las víctimas del aborto, al igual que lo es ayudar a las víctimas del crimen, la guerra, las drogas, la pobreza, el SIDA y cualquier otro tipo de violencia.

Incluso los partidarios del aborto admiten que se trata de un acto de violencia. Ron Fitzsimmons, por ejemplo, quien se desempeñó como Director Ejecutivo de la Coalición Nacional de Proveedores de Aborto, fue citado hace décadas en el New York Times diciendo: “…Los defensores del derecho al aborto lo saben, los opositores al aborto lo saben y, probablemente, también todos los demás. Uno de los hechos del aborto es que las mujeres entran a las clínicas de aborto para matar a sus fetos. Es una forma de matar… estás acabando con una vida”.

En el nombre y por el poder del Dios que nos ha salvado, esforcémonos por salvar a nuestros hermanos y hermanas necesitados, comenzando por aquellos que están en el vientre materno.