Josué 5:9a, 10-12
2 Corintios 5:17-21
Lucas 15:1-3, 11-32
Ver un video con consejos para la homilía: https://youtu.be/GqINRWIvUjo
Las lecturas de hoy presentan dos aspectos de la reconciliación de igual importancia, que tienen profundas implicaciones para la batalla entre la Cultura de la Muerte y la Cultura de la Vida.
La segunda lectura expresa: “En Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo” y luego “en nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios”. El predicador puede formular esta pregunta a la congregación: “¿Quién está llevando a cabo la reconciliación?”; si es Dios el que la está llevando a cabo, entonces, ¿porqué se nos ruega que nos reconciliemos?
A los israelitas, como dice la primera lectura, los liberó de Egipto y les dio la Tierra Prometida –aun así, tuvieron que luchar por ella una vez allí, y tuvieron que luchar para poder ver el camino de la vida de la Alianza. El Hijo Pródigo, en el pasaje del Evangelio de hoy, fue recibido por su padre, quien ya estaba reconciliándose con él, esperando ansiosamente su regreso. Aun así, él también tuvo que esforzarse por lograr su salvación. Tuvo que luchar. Tuvo que tomar la decisión deliberada de renunciar a su estilo de vida, levantarse y emprender el viaje de regreso a su padre.
La reconciliación nunca se logra pasivamente. Y tanto en el caso de los israelitas como del hijo pródigo, un motivo clave para que hicieran lo que necesitaban hacer de su parte para reconciliarse con Dios fue que debían llegar a un callejón sin salida. La vida en esclavitud no era interesante, y la vida del hijo, alejado de su padre, de la misma manera había perdido lo interesante. Un callejón sin salida tiene un poder tremendamente persuasivo.
Hemos alcanzado un callejón sin salida en este país con la práctica del aborto. Aunque los defensores del aborto prometieron, a fines de 1960, que la legalización del aborto reduciría el abuso infantil y un montón de otras enfermedades sociales, ha ocurrido justamente lo opuesto, y esas enfermedades han empeorado. Los hombres y las mujeres de la “Campaña No Más Silencio” (SilentNoMore.com) le han probado al país que la participación de esa gente en el tema del aborto no ha resuelto nada, sino que ha traído más problemas. Esa es la razón por la cual, a medida que traen a la memoria esos abortos, le exigen al gobierno que retire de circulación este peligroso producto (ver RecallAbortion.com).
Es momento de que la nación se reconcilie con Dios. El arduo trabajo de la reconciliación de nuestra parte incluye el trabajo de estar reconciliados con todos nuestros hermanos. No podemos reconciliarnos con Dios a menos que vayamos hacia nuestros hermanos y nos reconciliemos con ellos, y esto incluye a nuestros hermanos no nacidos. Nos incluye a todos. Estar reconciliados con los no nacidos significa reconocerlos como personas al igual que nosotros, luchar por sus derechos y trabajar por su protección.